viernes, 18 de mayo de 2012

Aire.

Dame un poco de aire, necesito un respiro, salir de aquí. Estas cuatro paredes comienzan a estrujarme a dañarme la memoria. Ábreme la escotilla que me muero, que me falta el aliento, que las piernas ya no me dan para caminar y la voz ya no me alcanza para gritar. Quiero volver a ese mundo donde las hojas flotan sobre mi cabello, donde hay risa, donde hay vida. El cuarto sombrío es pequeño y mi mente pide a gritos un mejor lugar, mi cuerpo se desvanece en la habitación y mi alma clama por su premio, por lo que ha buscado la vida entera. Busca los sueños que le fueron arrebatados, los instantes que quiso estar presente. Como un niño que llora solo, así llora mi alma cuando no puede salir, cuando se le calla tantas veces, cuando nadie quiere entender. Está herida, cansada de tanto golpe, de tanta lucha sin ganancia, de tanto esfuerzo que al final no se transforma en nada, sino en pajarillos de origami que tienen alas pero no vuelan y se caen al piso y cual si fueran de cristal se rompen en mil pedazos.

Envuélveme en un océano por favor que me arrulle, en el que ya no haya más gritos, donde ya mis lágrimas no caigan sobre los libros de texto en noches interminables, donde haya vida. Vida que me dé fuerzas, que me arrulle, que me haga una creación maravillosa más. Una tarde lluviosa que oculte mis tonos lavados por tanta fricción, por tanto tanto que he debido callar, por cada mañana que el sol no salió en mi cama. Un hogar de agua, un vientre donde poder reposar cada carga que llevo en mi espalda, porque hay que pensar en todo, porque las salidas se cierran y sólo quedan preguntas como nudos atados fuertemente sin posibilidad de desatarse. Porque nada parece avanzar ya, que todo se estancó, que nada continúa o que el esfuerzo no se ve... Como un animal enjaulado, no quiero ponerme violenta, pero es frustración abominable que no cesa de pedir que la saquen, que ya no quiere estar en un cajoncito olvidado del mueble de mi humanidad.

Régalame sueños que se puedan cumplir, entretéjeme una red de luz, de sol, de risas que he dejado de escuchar. Que las palabras no me alcanzan, que la soledad es muda y asesina, que es hija de la tristeza. Ya no quiero ser la que tenga que cambiar y que los otros sean fantasmas que se nutran de mí, quiero bosques de colores en conjunto, donde todos pongan de su parte y no me lo releguen todo. Córtame las cadenas que mis alas sufren y no puedo volar, que una vez blancas ahora son grises, pálidas y se comienzan a caer sus plumas, que ya no quieren volar. Estoy débil, no sé cuanto pueda soportar este aire oscuro, nostálgico y pesado, envasado en barriles con sabor amargo que embriaga y que a ratos sabe bien, pero su resaca afecta más que miles de noches sin sueño.

Píntame un arcoiris porque esto se está poniendo oscuro, que ya no sale el sol, tuvo ganas de irse a dormir y no le aviso a la luna. Que mil tormentas y ríos fluyen a través de mí y los diques se han roto y nadie sabe del estado maltrecho de mi ser. Si vida es pasar pensando qué pasó hoy o qué será la nueva restricción, esto no es vida y no la quiero. Han encadenado cada partícula y mi sensibilidad se ha ido. Parezco estar ausente y ya no quiero luchar... Mete en una pequeña caja todo el amor que existe, embotellado mejor, para tomar un sorbo que cual analgésico me haga olvidar las heridas, el ardor de las mismas y su dolor, que me cure de a pocos y me ayude a reconstruir la escalinata que me lleva al mundo fuera de esa escotilla tan alta...

~No me ilusiones con cosas a millones de años luz, cuando toneladas de historias y de momentos se me vienen encima y ya nada lo puede sostener. Rayando en el borde de la locura se me va el aliento, la voluntad, las ganas de intentar una vez más. Silencio, ¿escuchas? Es el amor que pasa con sus llaves de amatista, que aún no encuentra la llave de mi prisión.

miércoles, 16 de mayo de 2012

La marcha

Tengo días de no escribir nada, pero el universo ha dado muchos giros. Entre noches sin dormir y días de sueño, los cerros de papeles habían disminuido el nivel de las sonrisas que solía ver. En este momento extraño las conversaciones a mitad de la noche que no fueran sobre "trabajo". El reloj suena en el fondo y me divido entre mil tareas, busco en mi memoria un poco de paz y me pierdo. La escalinata hacia mi válvula de escape se encuentra erguida, buscando aquel puñado de luz entre miles de colores, donde las aves se pierden en el firmamento y en las estrellas. 


Tengo miles de historias que contar, siglos de entramados y matices desesperados por salir y lo único que busco es tiempo, tiempo que se me va entre los dedos como arena delicada, como mariposas que se escapan de mis manos... Necesito cordura o ¿locura? Porque para seguir aquí hay que estar loco, loco por la vida, loco por amar, loco por aprender y entonces la noche se detiene en la imagen de una sonrisa que me determina a seguir. Pongo la pluma abajo, pues el deber llama...


~Sé que pronto volveré, que el agua se calmará y el reflejo será tranquilo. Habrá tiempo para crecer, para entregar y aquí día a día se logra sobrevivir. Rayando en el límite de la locura y la cordura que luchan entre sí para seguir en la marcha....