Alguna vez alguien dijo que no tenía resiliencia,
como la de aquellas flores que crecen en la mierda.
Espuma de mar que se forma de desecho y es bella,
porque de lo efímero, nace aquello que es eterno.
Etérea como el viento, casi como un silbido fugaz
me escapo, viajo, me reduzco, perfumo y cambio.
Cambio, como las estaciones, la naturaleza y demás,
porque el origen no es destino y se hace camino al andar.
Me cuelo entre los árboles como una sonrisa de verano,
transformada en uno de ellos echo raíces, me elevo y crezco.
Raíces que me recuerdan de dónde vengo y me fortalezco.
Ramas que buscan el infinito donde el esfuerzo no va en vano.
Nidos en mi cabeza, cantos del viento, sólo disfruto cada momento.
A partir de mi madera hacen fuego, del árbol caído hacen leña,
que vibra, que quema, como mi alma que sigue viva y no cesa.
Soy fuego, que me mantiene despierta, día a día me da fuerzas
y lucho, lucho por brillar por más que me quieran extinguir.
Entre soplidos y un ir y venir de las fuerzas, se apaga el fuego.
Me convierto en cenizas y me lanzan de un cañón hacia el abismo.
Caigo, me desplomo y vuelo, libre al fin no esperaré hasta luego.
Caída libre entre el mundo y yo, entre lo que fui y lo que seré.
Cenizas que flotan, que lloran, que caen desde lo alto al suelo,
pero de un pronto a otro me transformo en fénix y alzo el vuelo.
Después de tanta fuerza, de transformación yo alcanzo el cielo.
Me apropio de él, es mío, soy, llego lejos, ya no estoy muerta.
Soy todo y nada a la vez, llena de vida y a la misma vez de muerte.
Con dos pies en la tierra y una mente indecisa que se la pasa divagando,
estoy en el límite, límite eterno, maravilloso, que me mantiene fuerte.
Rayo en un poco de aquí y de allá, liberación que me tiene respirando.
Respiro muerte y exhalo vida, transformo y crezco de las cenizas,
entre el dolor y el frío me doy cuenta que estoy aquí, sigo viva.
Trenzas sucias, manos chicas que toman cadenas y las hacen trizas,
un rostro aún infantil que está decidido a comerse a besos la vida.
Algunos siguen hablando sobre resiliencia, de las flores y la mierda,
pero otros salimos de ahí, nos transformamos en aves, evolucionamos.
Soy humana, fénix, árbol, espuma, fuego y viento, apegada a la tierra,
mas no le temo al cambio, a la brisa o al tiempo, a expresarme y afrontarlo.
Guerrera en la lucha por sobrevivir, a veces olvido cómo se siente vivir,
reservo un lugar tibio para dormir y soñar, para ser mi mejor obra de arte.
Una obra de arte infinita, eterna, que deja huellas y en metamorfosis total.
La resiliencia no es sólo florecer en la mierda, sino ser capaz de salir y luchar.
lunes, 30 de diciembre de 2013
domingo, 22 de diciembre de 2013
Gritos.
Alienada, fuera de este mundo, con miles de voces que hablan dentro de mí, de partes que pelean entre sí y pierdo el control. Chocan y se gritan, se insultan y me destrozan, cada una de esas partes habita en mí y me sofoca, me hace sentir que no merezco estar aquí, que no valgo la pena, siento que no pertenezco a ninguna parte, existo por inercia, pero me duele sonreír, me duele amar. Me siento cansada, ya no sé qué hacer. Límite. Límite es al que he llegado, al punto de no regreso y donde se acaba el poco coraje que me queda al final del día. Mis sueños parecen desvanecerse en telas de araña, en navajas, en gotas de sangre que se cuelan, en esos deseos de perder la batalla y gritarle al mundo por tanta injusticia, por este y miles de abandonos. No entiendo por qué diablos a mí, si yo nunca lo pedí, yo no quiero ser así. Siento que no estoy atada a este mundo, que si me marcho de él, nada pasará. Sombras, sombras y gritos, fantasmas de un pasado, de lágrimas que no salieron de tanto dolor que nunca se habló, de cada vez que no fui lo suficiente y de cada grito de ayuda que pedí pero que no se supo escuchar.
Demonios que se alimentan de mí, de las pocas fuerzas que tengo cada día para sobrevivir, de un ambiente que me asfixia, que lentamente me ha ido matando y esta es la forma que tiene mi mente de huirle a tanto miedo, a tanto dolor. Aterrada y con insomnio, considerando contemplar la luna y las estrellas por última vez. Ya no entiendo, todo es tan intenso cual avalancha poderosa que no se apiada de nada ni de nadie, me deja fría, muerta, impávida ante todo lo que sucede. Desearía que todo esto no explotara como volcán en mi cara, sentir que no soy el problema, que yo simplemente quiero aprender a vivir pero no sé cómo.
Quiero entenderme, quiero dejar de verme a mí misma como mi propio peligro, como mi monstruo. Me gustaría no verme con desdén cada vez que me miro en el espejo, aprender a recibir. Que es algo que tanto me cuesta, tengo miedo a recibir y que luego se me retire porque yo no sé lo que es tener. ¿Tener qué? Tenerme a mí misma creo yo, aprender que merezco más de lo que creo merecer, pero no sé cómo conseguirlo porque ni yo misma sé qué es lo que desató todo esto. Entre violencia y gritos y tantas veces que me dijeron que estaba mal, ya no puedo callar más. Quiero o despertar y gritar y alejarme o simplemente callar, callar para siempre y que nadie me escuche jamás.
Ya fue suficiente. No sé por qué he decidido quedarme callada y destruirme, destruirme cada día más y dejarme llevar. "Ser agradecida", como si mi vida valiera una cantidad miserable de dinero y mi felicidad no fuera suficiente sacrificio para estas personas, estos fantasmas que dicen conocerme pero lo que hacen es robarme lo poco que me queda de energía para vivir. Es que cómo duele, duele tanto no recordar lo que es estar lleno, lo que es sentirse pleno, lo que es sonreír y no tener que pretender estar bien cuando por dentro estás más roto que un jarrón de porcelana luego de ser tirado al piso por un golpe. Cómo se siente el que todos crean que es tu culpa, que no te esfuerzas y que día a día veas como todo tu esfuerzo se desvanece y nadie lo ve, que a pesar de que sentís que te querés morir ponés de tu parte y te enfrentás ante todo y crées que tod puede cambiar, que hay algo allá afuera que se sentirá mejor que tus manos alrededor de tu cuello intentando matarte, que la navaja cuando entra en tu piel y la rasga, la rasga en miles de pedazos y sangra, se siente bien, bastante. El dolor de adentro se va, desaparece por un par de momentos, sin embargo eso es perder el control y no ayudarte cuando has estado pidiendo ayuda por tanto tiempo y nadie ha querido escuchar los llantos a media noche, las quejas de cansancio, de todas las veces que querés desaparecer.
Mala, culpable, insensible, malagradecida, mimada, drama queen, lo que tenés no te hace para nada especial. Sí me hace especial, yo en sí debería ser igual de especial que los demás, no porque tenga estándares diferentes, sino porque yo fui deseada al ser traída a la vida, pero yo no la deseo ni ella a mí o no sé. Simplemente en este momento mis pensamientos me ahogan, ya no tengo un lugar seguro, mi lugar seguro fue violentado, se derrumbó ante mis ojos, mi cuerpo ya no es mío, desde que alguien decidió que insultarlo que ultrajarlo con su maldita violencia yo le pertenecía, que mis pensamientos son errados, que por ver las cosas a través de un cristal diferente yo nunca tendré la razón, porque sé que la vida es más que este maldito infierno en el que estoy y podría llegar a ser maravillosa, lo que no cura por completo este desastre, este dolor, estos gritos que pego en silencio y lágrimas que se ahogan contemplando la idea de desaparecer.
Me muero, siento que desaparezco. Inestable. Exactamente así estoy, inestable ante todo. Humana ante todo pero la ambivalencia entre el amor tan grande que siento ante la posibilidad de vivir y el deseo fuertísimo de morir me hace casi imposible el encontrar esa paz. Ese despreciar de los otros hacia mi inteligencia, que creen que es demasiado peligrosa para mí, esto de ir a mil por hora y no comprender que pasará luego, si vale la pena seguir respirando y no simplemente exhalar por última vez y dejar en este mundo el amor que me queda y reunirme con aquellos que nunca me silenciaron y me escucharon hasta el último momento. Siempre prometo no fallar, mas me he fallado a mí misma, porque no he podido defenderme, no he podido amarme a mí misma como debería, porque me enseñaron que amarme está mal, que mi cuerpo es básicamente la propiedad de otro que tiene control sobre él y que si le hago algo a él, yo soy la loca, la que no se esfuerza por salir del puto hueco en el que estoy pero sí es correcto cuando alguien más lo censura, lo maltrata y lo reprime.
Loca, irrespetuosa, cállese. Qué tonta soy al pensar que estas palabras son las correctas para tratarme. Es tan difícil explicarme o explicarle a los otros sin ser juzgada, que yo no estoy buscando más odio ni que me alejen más o que crean que lo que siento y pienso no valen nada. Estoy ahogada, se siente tan bien el fría en mi piel, siento que estoy viva, aunque sea una pequeña llamita está ahí dentro encendida y me dice que vivir un día más es bueno, que el dolor pasa, pero que una vida no se repone. Me gusta pensar a veces que no existo o que simplemente soy una ilusión, a veces me parto en dos y mi cuerpo se queda en un lugar pero mi mente, mi mente viaja lejos, se esconde y decide no recordar nada al día siguiente. Ya no siento fuerzas suficientes para levantarme cada mañana. Abro los ojos, veo la luz cada mañana y no sé cómo diablos será el día, que amanezco enojada, que amanezco ansiosa, que no entiendo y me irrito, que quiero gritar, encerrarme, alejarme de todos y desaparecer. Es como una maldita montaña rusa a la que no decidí subir, no obstante por alguna razón es maravilloso ser así, se siente especial, se siente como una válvula de escape de cierta manera y una extraña manera de aprehender el mundo que me rodea, que me ha enseñado a estar siempre atenta a la lucha.
Narcotizada, en crisis e ignorada, porque parece que todos los eventos que han ocurrido se olvidan al par de días y se cree que ya estoy mejor. Nada es más lejano a la realidad que eso. Ya no quiero comer, no quiero dormir, le estoy perdiendo el gusto a la vida, me estoy enamorando más de la soledad que de aquel par de ojos marrones y cachetes con pecas o de esos ojos verde musgo y el movimiento de su mano en el cabello que me erotiza tanto. Me he ido apagando, como que soy un cuadro viejo al que le cayó la lluvia y se fue destiñendo. Qué molesta que estoy con todo, cuán ansiosa y atemorizada me siento. Es que mi vida nunca ha sido mía, es que me dicen que tome las riendas de mi vida, pero se imponen ante las decisiones que tomo y si tanto les molesta, pues podría desaparecer. Entre viejos pensamientos, entre la espada y la pared, se encuentra mi vida. ¿Mi vida?
Espero a que pase la tormenta, sólo puedo esperar o escapar. Mi estilo no es escapar, pero siento que me falta el aire, que viajo a más de 200km por hora y que no sé cuando podré detenerme. Sólo quiero llegar a ese lugar donde pueda calmarme, donde pueda hallarme y decirme lo increíble que soy sin sentirme culpable por ello o que no sienta vergüenza sobre mi cuerpo porque en realidad no tiene nada de malo. Quisiera poder amarme, amarme tanto y amar, aprender a amar sin miedo, sin ese maldito miedo al rechazo, a no ser nunca suficiente para nadie y ser más una molestia o un error que una compañía amable y sincera que puede dar muchísimo y que puede recibir sin miedo a que existan segundas intenciones. Nómada, altibajos, tormentas del desierto y un temblor en el alma. Mi cuerpo se sacude y toma con resistencia cada uno de los embates cada vez que me voy a los extremos y no se siente siquiera el dolor y no existe un punto intermedio en este interjuego de situaciones que o me ponen en la cima del mundo o en lo más bajo y vil del infierno en cuestión de segundo.
Entre sueños, recuerdo a aquel que jamás me silenció, quien quizás era el que me mostraba su amor. Cada día está a mi lado y por quien daría todo. Mi temor es abandonar a la persona que me ama, que ha intentado ser mi escudo pero no se dio cuenta de los mismos embates que recibí con los años, que no notó cómo me fui apagando, que me dio un abrazo luego de hacerme llorar, porque el sentimiento era el correcto mas la acción no lo fue. Por su sacrificio, por cada lágrima derramada y cada susto, por ella vale la pena luchar y ayudarla tanto como ella me ayudó a mí, pero necesito ayudarme, necesito alejarme...Hay tanto que necesito para poder darle, retribuirle, mostrarle que las segundas, terceras e infinitas oportunidades existen en la vida y que nunca es tarde para hallar la felicidad (espero conocer esta sensación con prontitud).
En mis sueños, una de las personas que más quiero, me toma de las manos y me pone tinta en ellas y nace de mis venas una enredadera con flores rojas, flores que viven, que llevo grabadas en la piel, tal como siempre la llevaré a ella conmigo, como esa marca indeleble que ha dejado en los últimos cuatro años de mi vida y que por más que no lo desee así, la deseo. No sé si me será correspondido pero en sus brazo también brotó una enredadera a modo de simbolizar nuestro vínculo que como enredadera crece cada día más y es duro deshacerse de lo que se ha cultivado. Por más que para los otros sea incorrecto o que les duela y deba esconderlo lo más que pueda, es un fuego que no puedo apagar y duele, duele tanto a veces, pero se sigue porque ver esos ojos brillar o un abrazo provenir de aquella persona es más que suficiente para vivir un día más. Porque quiero que sepa que la quiero, que la quiero tantísimo y le agradezco cada instante que ha estado conmigo y que siempre la llevaré conmigo.
A mi lado amo las pecas y la sonrisa de aquella mujer que me ilumina la vida, que ha estado en las buenas y en las malas y que ha aprendido tal vez a golpes que el límite a veces no es malo, que a veces estoy dentro y a veces fuera, que yo no vivo, que oscilo y que cada día a su lado es un regalo, por esa sonrisa, por esas lágrimas y por tanto que la amo, decido quedarme para poder seguirle diciendo que la amo aunque me cueste tanto últimamente pues ni siquiera sé si yo sigo siendo yo. Los días no son suficientes a su lado y me dibuja un dragón y un fénix, ambos mis guardianes, mis protectores y mis símbolos en esta lucha que acabo de emprender, una vez más, no obstante no la planeo abandonar. Duele, como duele este momento, como me sofoca, como es de impredecible y odio perder el control. Sé que voy a estar bien, que voy a mejorar, pero nada ni nadie, puede borrar este vacío, esta montaña rusa, esta herida abierta que grita por ser sanada y por el poco de amor que me queda, que me protege y me grita desde adentro: Ya no más.
~Lucho y lucho, porque ya por mucho tiempo dormí y quiero que mi voz se haga escuchar...Porque la máscara que llevo día con día, me pesa, porque ser un fantasma sólo me duele más, porque tengo derecho a sentir.
Demonios que se alimentan de mí, de las pocas fuerzas que tengo cada día para sobrevivir, de un ambiente que me asfixia, que lentamente me ha ido matando y esta es la forma que tiene mi mente de huirle a tanto miedo, a tanto dolor. Aterrada y con insomnio, considerando contemplar la luna y las estrellas por última vez. Ya no entiendo, todo es tan intenso cual avalancha poderosa que no se apiada de nada ni de nadie, me deja fría, muerta, impávida ante todo lo que sucede. Desearía que todo esto no explotara como volcán en mi cara, sentir que no soy el problema, que yo simplemente quiero aprender a vivir pero no sé cómo.
Quiero entenderme, quiero dejar de verme a mí misma como mi propio peligro, como mi monstruo. Me gustaría no verme con desdén cada vez que me miro en el espejo, aprender a recibir. Que es algo que tanto me cuesta, tengo miedo a recibir y que luego se me retire porque yo no sé lo que es tener. ¿Tener qué? Tenerme a mí misma creo yo, aprender que merezco más de lo que creo merecer, pero no sé cómo conseguirlo porque ni yo misma sé qué es lo que desató todo esto. Entre violencia y gritos y tantas veces que me dijeron que estaba mal, ya no puedo callar más. Quiero o despertar y gritar y alejarme o simplemente callar, callar para siempre y que nadie me escuche jamás.
Ya fue suficiente. No sé por qué he decidido quedarme callada y destruirme, destruirme cada día más y dejarme llevar. "Ser agradecida", como si mi vida valiera una cantidad miserable de dinero y mi felicidad no fuera suficiente sacrificio para estas personas, estos fantasmas que dicen conocerme pero lo que hacen es robarme lo poco que me queda de energía para vivir. Es que cómo duele, duele tanto no recordar lo que es estar lleno, lo que es sentirse pleno, lo que es sonreír y no tener que pretender estar bien cuando por dentro estás más roto que un jarrón de porcelana luego de ser tirado al piso por un golpe. Cómo se siente el que todos crean que es tu culpa, que no te esfuerzas y que día a día veas como todo tu esfuerzo se desvanece y nadie lo ve, que a pesar de que sentís que te querés morir ponés de tu parte y te enfrentás ante todo y crées que tod puede cambiar, que hay algo allá afuera que se sentirá mejor que tus manos alrededor de tu cuello intentando matarte, que la navaja cuando entra en tu piel y la rasga, la rasga en miles de pedazos y sangra, se siente bien, bastante. El dolor de adentro se va, desaparece por un par de momentos, sin embargo eso es perder el control y no ayudarte cuando has estado pidiendo ayuda por tanto tiempo y nadie ha querido escuchar los llantos a media noche, las quejas de cansancio, de todas las veces que querés desaparecer.
Mala, culpable, insensible, malagradecida, mimada, drama queen, lo que tenés no te hace para nada especial. Sí me hace especial, yo en sí debería ser igual de especial que los demás, no porque tenga estándares diferentes, sino porque yo fui deseada al ser traída a la vida, pero yo no la deseo ni ella a mí o no sé. Simplemente en este momento mis pensamientos me ahogan, ya no tengo un lugar seguro, mi lugar seguro fue violentado, se derrumbó ante mis ojos, mi cuerpo ya no es mío, desde que alguien decidió que insultarlo que ultrajarlo con su maldita violencia yo le pertenecía, que mis pensamientos son errados, que por ver las cosas a través de un cristal diferente yo nunca tendré la razón, porque sé que la vida es más que este maldito infierno en el que estoy y podría llegar a ser maravillosa, lo que no cura por completo este desastre, este dolor, estos gritos que pego en silencio y lágrimas que se ahogan contemplando la idea de desaparecer.
Me muero, siento que desaparezco. Inestable. Exactamente así estoy, inestable ante todo. Humana ante todo pero la ambivalencia entre el amor tan grande que siento ante la posibilidad de vivir y el deseo fuertísimo de morir me hace casi imposible el encontrar esa paz. Ese despreciar de los otros hacia mi inteligencia, que creen que es demasiado peligrosa para mí, esto de ir a mil por hora y no comprender que pasará luego, si vale la pena seguir respirando y no simplemente exhalar por última vez y dejar en este mundo el amor que me queda y reunirme con aquellos que nunca me silenciaron y me escucharon hasta el último momento. Siempre prometo no fallar, mas me he fallado a mí misma, porque no he podido defenderme, no he podido amarme a mí misma como debería, porque me enseñaron que amarme está mal, que mi cuerpo es básicamente la propiedad de otro que tiene control sobre él y que si le hago algo a él, yo soy la loca, la que no se esfuerza por salir del puto hueco en el que estoy pero sí es correcto cuando alguien más lo censura, lo maltrata y lo reprime.
Loca, irrespetuosa, cállese. Qué tonta soy al pensar que estas palabras son las correctas para tratarme. Es tan difícil explicarme o explicarle a los otros sin ser juzgada, que yo no estoy buscando más odio ni que me alejen más o que crean que lo que siento y pienso no valen nada. Estoy ahogada, se siente tan bien el fría en mi piel, siento que estoy viva, aunque sea una pequeña llamita está ahí dentro encendida y me dice que vivir un día más es bueno, que el dolor pasa, pero que una vida no se repone. Me gusta pensar a veces que no existo o que simplemente soy una ilusión, a veces me parto en dos y mi cuerpo se queda en un lugar pero mi mente, mi mente viaja lejos, se esconde y decide no recordar nada al día siguiente. Ya no siento fuerzas suficientes para levantarme cada mañana. Abro los ojos, veo la luz cada mañana y no sé cómo diablos será el día, que amanezco enojada, que amanezco ansiosa, que no entiendo y me irrito, que quiero gritar, encerrarme, alejarme de todos y desaparecer. Es como una maldita montaña rusa a la que no decidí subir, no obstante por alguna razón es maravilloso ser así, se siente especial, se siente como una válvula de escape de cierta manera y una extraña manera de aprehender el mundo que me rodea, que me ha enseñado a estar siempre atenta a la lucha.
Narcotizada, en crisis e ignorada, porque parece que todos los eventos que han ocurrido se olvidan al par de días y se cree que ya estoy mejor. Nada es más lejano a la realidad que eso. Ya no quiero comer, no quiero dormir, le estoy perdiendo el gusto a la vida, me estoy enamorando más de la soledad que de aquel par de ojos marrones y cachetes con pecas o de esos ojos verde musgo y el movimiento de su mano en el cabello que me erotiza tanto. Me he ido apagando, como que soy un cuadro viejo al que le cayó la lluvia y se fue destiñendo. Qué molesta que estoy con todo, cuán ansiosa y atemorizada me siento. Es que mi vida nunca ha sido mía, es que me dicen que tome las riendas de mi vida, pero se imponen ante las decisiones que tomo y si tanto les molesta, pues podría desaparecer. Entre viejos pensamientos, entre la espada y la pared, se encuentra mi vida. ¿Mi vida?
Espero a que pase la tormenta, sólo puedo esperar o escapar. Mi estilo no es escapar, pero siento que me falta el aire, que viajo a más de 200km por hora y que no sé cuando podré detenerme. Sólo quiero llegar a ese lugar donde pueda calmarme, donde pueda hallarme y decirme lo increíble que soy sin sentirme culpable por ello o que no sienta vergüenza sobre mi cuerpo porque en realidad no tiene nada de malo. Quisiera poder amarme, amarme tanto y amar, aprender a amar sin miedo, sin ese maldito miedo al rechazo, a no ser nunca suficiente para nadie y ser más una molestia o un error que una compañía amable y sincera que puede dar muchísimo y que puede recibir sin miedo a que existan segundas intenciones. Nómada, altibajos, tormentas del desierto y un temblor en el alma. Mi cuerpo se sacude y toma con resistencia cada uno de los embates cada vez que me voy a los extremos y no se siente siquiera el dolor y no existe un punto intermedio en este interjuego de situaciones que o me ponen en la cima del mundo o en lo más bajo y vil del infierno en cuestión de segundo.
Entre sueños, recuerdo a aquel que jamás me silenció, quien quizás era el que me mostraba su amor. Cada día está a mi lado y por quien daría todo. Mi temor es abandonar a la persona que me ama, que ha intentado ser mi escudo pero no se dio cuenta de los mismos embates que recibí con los años, que no notó cómo me fui apagando, que me dio un abrazo luego de hacerme llorar, porque el sentimiento era el correcto mas la acción no lo fue. Por su sacrificio, por cada lágrima derramada y cada susto, por ella vale la pena luchar y ayudarla tanto como ella me ayudó a mí, pero necesito ayudarme, necesito alejarme...Hay tanto que necesito para poder darle, retribuirle, mostrarle que las segundas, terceras e infinitas oportunidades existen en la vida y que nunca es tarde para hallar la felicidad (espero conocer esta sensación con prontitud).
En mis sueños, una de las personas que más quiero, me toma de las manos y me pone tinta en ellas y nace de mis venas una enredadera con flores rojas, flores que viven, que llevo grabadas en la piel, tal como siempre la llevaré a ella conmigo, como esa marca indeleble que ha dejado en los últimos cuatro años de mi vida y que por más que no lo desee así, la deseo. No sé si me será correspondido pero en sus brazo también brotó una enredadera a modo de simbolizar nuestro vínculo que como enredadera crece cada día más y es duro deshacerse de lo que se ha cultivado. Por más que para los otros sea incorrecto o que les duela y deba esconderlo lo más que pueda, es un fuego que no puedo apagar y duele, duele tanto a veces, pero se sigue porque ver esos ojos brillar o un abrazo provenir de aquella persona es más que suficiente para vivir un día más. Porque quiero que sepa que la quiero, que la quiero tantísimo y le agradezco cada instante que ha estado conmigo y que siempre la llevaré conmigo.
A mi lado amo las pecas y la sonrisa de aquella mujer que me ilumina la vida, que ha estado en las buenas y en las malas y que ha aprendido tal vez a golpes que el límite a veces no es malo, que a veces estoy dentro y a veces fuera, que yo no vivo, que oscilo y que cada día a su lado es un regalo, por esa sonrisa, por esas lágrimas y por tanto que la amo, decido quedarme para poder seguirle diciendo que la amo aunque me cueste tanto últimamente pues ni siquiera sé si yo sigo siendo yo. Los días no son suficientes a su lado y me dibuja un dragón y un fénix, ambos mis guardianes, mis protectores y mis símbolos en esta lucha que acabo de emprender, una vez más, no obstante no la planeo abandonar. Duele, como duele este momento, como me sofoca, como es de impredecible y odio perder el control. Sé que voy a estar bien, que voy a mejorar, pero nada ni nadie, puede borrar este vacío, esta montaña rusa, esta herida abierta que grita por ser sanada y por el poco de amor que me queda, que me protege y me grita desde adentro: Ya no más.
~Lucho y lucho, porque ya por mucho tiempo dormí y quiero que mi voz se haga escuchar...Porque la máscara que llevo día con día, me pesa, porque ser un fantasma sólo me duele más, porque tengo derecho a sentir.
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