domingo, 20 de febrero de 2011

Burbujas, burbujas...

Una taza de té de tilo reposando al lado del bolígrafo, la hoja vacía de letras y el viento soplando lentamente cual susurros...El té de tilo es un calmante natural, solían decir las personas mayores del lugar donde trabajaba, quería probar esta vez si algo de lo que decían era cierto y tomó el primer sorbo... No sabía ni bien ni mal, todo mientras no tuviera que tomar somníferos para el sueño ni otras píldoras fútiles, escribió un poco sobre el papel...Soledad, palabra que definía la ausencia de compañía, Soledad era su nombre...

Poco a poco la taza de tilo se disminuyó por la mitad, su efecto comenzaba a sentirse y la hoja seguía allí, esperando un poco de creatividad el empuje de los sentimientos reprimidos tras una sonrisa a lo largo del día: Ven escribe en mí, has que no sea un simple papel y lléname de ti. Pasó una mano por su cabello ondulado y escribió: Érase una vez un cuento de hadas... Luego de escribir esta frase su cuerpo se desplomó de cansancio sobre la mesa... Las horas pasaron y se hizo de noche...

De noche se sienten dos cosas, solía recordar, la soledad y el frío. Recogió sus instrumentos del gazebo y entró a su casa. Abrió el ordenador, revisó los correos y fue a su estudio de dibujo... Necesitas calmantes, recordó las palabras del doctor. No son necesarios, pensó, puedo dibujar y llenar con un poco de color esta noche tan oscura. El dibujo lentamente tomó forma y se fue transformando en un bello cuadro que luego colgaría en su habitación... Miró el reloj y fue a la cama.

Sueños, nuestros deseos y miedos más profundos...Se manifiestan cuando no podemos bloquearlos, luchar contra ellos o reprimirlos. Un aeropuerto, una sala de espera vacía y esa expectación del reencuentro añorado, hasta que por la puerta entró un hombre alto, el cabello ya pintaba algunas canas, pero su sonrisa amable seguía ahí... Sigues siendo mi niña pequeña. Se miró al espejo y ella también se veía avejentada, sin embargo abrazó al hombre y le dijo: Nada ha cambiado, sigo siendo yo...

El despertador poco amable la despertó y abrió sus ojos lentamente, su piel seguía suave, seguía joven. El teléfono sonó, la plática larga y tendida, hasta que dijo: creo que cuento con vos... Cuando la otra voz al teléfono dijo: ¿Por qué "crees"? Si sabes que siempre será así... Una sonrisa brotó en sus labios, los recuerdos de épocas pasadas y risas extrañas volvieron a su mente... ¿Quisieras acompañarme a caminar?- pensó. La voz del otro lado dijo: Esta tarde estoy libre, podemos tomar un paseo...

Reencuentros, paseos por la tarde... Un cuerpo que olía a pintura, a grafito y a especias, se fundía en un abrazo con otro oloroso a madera e incienso... Recordó una frase sobre recuerdos (vana ironía) y se dijo a sí misma, los recuerdos son testigos de momentos que tuvimos y de situaciones que vivimos que valen la pena almacenar... Aquel día, aquella canción, todo quedaría almacenado junto a la promesa de no abandonar al otro jamás...

Al volver tomó la hoja que había dejado abandonada y continuó su relato: Érase una vez un cuento de hadas, en una burbuja... Al finalizarlo se dio cuenta que la burbuja no era una cárcel, ni mucho menos, era una manera distinta de ver las cosas pero dependiendo del material que deseara hacerla podía aislarse o mirar con mayor claridad lo que sucedía en otras burbujas... En la dedicatoria puso: "Para vos, que supiste mostrar que no es necesario ser perfecto o tener mucha gente al lado para no estar solo..." Ciertamente no siempre estando rodeado por personas se sentía a gusto, mientras que posiblemente con una sola persona podía sentirse infinitamente acompañado y a gusto...

jueves, 17 de febrero de 2011

Risa

Regálame la risa de esta tarde...Embotéllala por favor. Es tarde, y juego contigo, jugueteo con tu cabello y me pregunto: ¿Puedo congelar este momento para siempre? Me agrada tu risa, he escuchado que la risa de los niños puede sanar corazones,; creo que es cierto, estando contigo vuelvo a ser pequeña y aprendo a jugar de nuevo... Dame tu manita, no, no quiero llevarte al mundo de los grandes quedémonos aquí, donde los sueños son simples y la luna puede ser de queso...

lunes, 14 de febrero de 2011

Sonrisas de papel

¿Te agrada escribir,verdad? La misma pregunta estúpida de siempre, con el mismo tono sarcástico y en el mismo lugar...Las piernas recogidas, el lápiz en la mano y la mirada perdida. Bajó sus lentes y le dirigió una fría mirada al otro. Quería estar en paz. El papel blanco, lentamente se volvía gris con todas aquellas palabras, con todas aquellas emociones... La música barroca se escuchaba al fondo y escribía: regálame una sonrisa de papel, una palabra que demuestre que me entiendes...

Posiblemente guardara el libro por ese día, soñaba con algún día hacer feliz a alguien con sus palabras, con hacerle saber que había mundos maravillosos por conocer en la mente de cada quien y eran hermosos por descubrir... No es obligación conocer a nadie, no es obligación creer en las palabras, mas sabía cómo distinguir una sonrisa falsa de una verdadera. Una vez le habían preguntado de niño, ¿qué deseas tú? Deseo hacer felices a las personas. Ese no es un deseo ambicioso, niño. No conforme con esa respuesta el adulto se marchó, sin embargo nada cambiaba la idea loca del niño, hacer felices a las personas, ¿cómo?

Todos los días escribía un poco más, pensaba que con lo que observaba y convertía en historias podía mostrar que las cosas no eran blancas o negras, sino que tenían colores. Descubrió que las personas siempre iban a esperar algo de él, quizás algo que no podía dar o algo que no era. También al crecer supo que toda acción era egoísta y que detrás de cada "gran" logro venía una serie de esfuerzos y logros que en su momento parecían grandiosos, majestuosos. Poco a poco el libro se llenó y ya no tuvo más espacio para más historias, entonces un día debió marcharse y dejó el libro olvidado.

La desesperación vino cuando se dio cuenta que lo había perdido, mas se calmó al darse cuenta que podía escribir más. Cuando volvió a casa, su vecino quien era un niño pequeño llegó a su encuentro, nada más que convertido en un joven mozo. Gracias, le dijo, aquí tiene, lo dejó perdido el día aquel en que se marchó. El hombre lo miró con una sonrisa en los ojos y el joven continuó: en las noches que me sentía solo, leía el libro, leía sobre los mundos inventados, sobre sonrisas de papel. De niño me entretenía con ellas, pero en cuanto pude comprenderlas supe que eran algo más que palabras.

El hombre acercó dos sillas y se dedicó a escuchar al muchacho. No sabía lo que significaba una sonrisa de papel hasta que leí la historia y me hizo sonreír, como si el libro me sonriera a mí, como si en realidad el autor sabía que sentía en aquel momento... Entonces el escritor recordó aquellas palabras: "regálame una sonrisa de papel, una palabra que demuestre que me entiendes..." El muchacho seguía hablando, pero el escritor lo paró en seco y dijo: He cumplido mi sueño. El joven lo miró anonadado. Siempre dije que quería hacer sonreír a las personas, hacerles saber que son comprendidas y que no están solas, al parecer he podido cambiar al mundo.

El jovenzuelo le miró: ¿Cambiado el mundo, cómo? A lo que el hombre respondió: Te he hecho feliz, ahora tú puedes hacer feliz a alguien más contándole historias. Tal vez en su momento escribir fue una acción egoísta que jamás creí que pudiera cambiar a alguien, pero lo acabo de comprender. Todas nuestras acciones son egoístas, pero si pueden beneficiar a alguien más entonces valen la pena. Podría ser cierto, el mundo no podría ser cambiado por un ser humano, pero si podría ser cambiado un ser humano a la vez con sonrisas aunque fueran de papel, con amor... Por primera vez notaba que las palabras que algún día parecieron sin sentido, ahora le daban sentido a la fantasía de un otro...

Entonces hoy decido regalarte una sonrisa a lo lejos, tal vez no la más blanca, tal vez no la más cálida pero una sonrisa de papel, una muy especial que puedas compartir...


Muñeca de porcelana

Catorce de febrero en el calendario...En la cama era otra historia, todavía era hora del sueño; el cuerpo es sabio y sabía que no debía levantarse en aquel frío día, ni siquiera pensar en lo que más miedo le daba. ¿Existirían las pastillas para olvidar? Olvido, sublime manjar de los dioses ante aquello que hace daño, aquello que marchita, aquello que simplemente no vale la pena seguir luchando. El cuerpo inerte se movía lentamente de arriba a abajo con su respiración y de pronto el sol comenzó a descubrirle el rostro de la oscuridad, sonó la alarma y ya en ese momento no podía hacer nada...El reto acababa de iniciar.

Sacó una mano de bajo las cobijas, y apagó el despertador. Gruñó un poco, se quejó del frío pero aún así se levantó y miró la ciudad adormecida, aunque ya muchos vendedores se aproximaban a vender su mercancía fútil... Muy en el fondo deseaba que una de aquellas rosas fuera suya, que un pensamiento de alguien le perteneciera, sin embargo sabía que no sería así. Se alistó, como cualquier día normal, se propuso hacer feliz a los demás y bajó a la cocina. Supo que sería un día ocupado, así que ató su cabello y comenzó la ardua labor de cocinar y picar la verdura, canturreó un poco mientras lo hacía y cuando todo estuvo hecho, descansó.

Las horas pasaban, pero seguía sabiendo que ese día se suponía debía ser especial pero no lo era, pensó en él por dos segundos y alejó su mente de él. Cada vez que la imagen volvía, la alejaba como quien aleja a un perro faldero. No quería recordar por qué había comenzado a odiar esa fecha en especial, no quería pensar en nada...

Se quedó haciendo cosas todo el día. Coloreando, leyendo, ayudando en el hogar, hasta que aquel maldito mensaje llegó. Mensaje tan esperado y a la vez tan repudiado, con todo el odio que se puede sentir hacia el amor, con todo el amor que puede ser llegado a sentir por el odio. Lo miró y sonrió, pero se sintió culpable... Continuó haciendo sus cosas en cuanto recibió una llamada de su mejor amigo. Aló,¿sí? Ya voy. Él tenía a quien, ella a nadie. Él lloró por la que tenía, ella lloró por quien no tenía en silencio...

De pronto, una melodía le recordó a aquel ser que la hacía temblar, cerró los ojos y su amigo le dijo: estás sonriendo... En realidad sólo sonreía por fuera. Déjame ir...por favor. La miró extrañado y abrió la puerta: hoy te marchas más temprano de lo usual... Lo lamento es un mal día, mañana será diferente, te lo prometo. De pronto se miró en la calle, sola y con frío, temblando...Su piel se heló, tal como la de una muñeca de porcelana y las lágrimas comenzaron a correr....

Sigue siendo catorce de febrero y la muñeca está seca. Quiere saber si hay algo para parar el amor, si Cupido se ha vengado de ella por alguna razón...Simplemente seguirá odiando los lunes y los catorces de febrero otra vez...Es imposible parar al mundo por desamor, todo sigue, nada se detiene. Mañana no será catorce, será otro día como cualquier otro, donde habría batallas entre el bien y el mal...Un baño relajante y un poco de música podrían cambiar aquel día... No siempre el método era el mejor, pero había aprendido que la vida era algo así como la cocina: puedes sustituir algo, pero las cosas no saldrán igual... El tiempo, el tiempo sería capaz de reparar la grieta en aquella muñeca de porcelana que dormía plácidamente en su lecho de algodón...