martes, 12 de junio de 2012

Noches

Suena Vivaldi, suena en mi cabeza, suena en mi alma, mueve con tus violines cada cuerda de mi ser, desata en él una marea de ondas sanadoras que reparen lágrimas y sueños perdidos. Acompáñame en esta noche de estudio donde me siento desfallecer. En cuatro estaciones de gozo y tristeza divídete, déjame ser seducida por cada agudo de cada violín y con cuidado agrego música al film en blanco y negro que pasa frente a mis ojos. Mi cuerpo comienza a moverse y el exterior deja de existir. Se ha vuelto un mundo hermoso de repente en cada crescendo, en cada instante de música. Quiero extasiarme y en este mundo de fascinación quedarme yo.

~Son noches como estas en las que comprendo a los poetas muertos, que realmente nunca mueren pues en nuestras mentes siempre escuchamos su voz. No es sólo poesía la que se hace con palabras, sino aquella que toca el alma.

martes, 5 de junio de 2012

...

En marañas de rizos dorados observo cómo entra la luz del sol y se filtra, llega a mi rostro escondido en un mar de cabellos, de aromas, de respiraciones lentas. Olas de manos en mi cabellera, movimientos entre reconfortantes y amorosos, olor a nostalgia y a vida, a sol y a campos eternos de flores que no se resignan a morir. Un par de ojos, ojos vivaces que cual estrellas determinan mi camino cada mañana y que se mueven de un lado a otro tratando de captar una idea que se pierde entre las sinapsis de mis neuronas. En un suspiro y en palabras ahogadas se le va un poco de ánimo, un poco de vida. De sus labios surgen melodías, armonías, silencios, instantes, danzas de las que formo parte y a las que me uno. Pequeños adagios que suelen calmarme, que suelen arrullar un poco mis temores y mis dudas...

Seductores y dulces, recogen a la persona que raya entre inocente niñez y pasión adulta, invitan a recorrerles, a admirarles a sentir. Armónica y envolvente, me cobija como un manto cálido en noches de frío, en un hogar que nunca antes había conocido. Pronuncio su nombre y siento un gusto dulce y a la vez algo amargo, entre lo angelical y lo prohibido, un balance que a veces me desbalancea, que me hace querer gritar, que me hace querer llorar, reír y quién sabe qué más...Ha vuelto de mí su locura y yo le he vuelto la mía y cada día tejo a su lado un poco más, entramados de diversos matices, a veces azules, a veces amarillos, a veces grises o a veces rojos. Atisba mi fuego, me hace vibrar, me llena de vida con sólo  oírle hablar.

Su seriedad es su máscara ante el dolor, hacia la pérdida, pero con o sin ella no hay palabras para describir su belleza o la grandeza de su corazón. Sus puertas muchas veces cerradas muestran la fachada de un bello edificio, pero por dentro es una estructura por remodelar, paredes blancas a la espera de un atisbo de color, de un poco de luz que entre por sus ventanas y caliente la estancia. Quizás no una casa abandonada, sino desocupada. Cada vez que ríe es como si un trozo de papel tapiz viejo se desprendiera y logra mostrar cada uno de los tonos bajo su piel.

Curvas que sin duda se mueven al andar, cada paso un cantar de su cuerpo y un juego secreto que lentamente comienzo a entender. Caderas que se mueven de un lado a otro, pintándola como el ser más maravilloso bajo los rayos del atardecer. Es hija del sol, de rayos brillantes y ligeros, portadora de luz, de magia, de belleza. Se deshace en el paisaje, forma parte del mundo, parte de cada maravilla existente. Y cuando sonríe puedo jurar que algo se ilumina en algún lugar de mi alma. Sus ojos curiosos, ávidos por conocimiento buscan los míos, mientras la pinto con palabras y capturo su imagen con mi mente por enésima vez.

Todo un estuche de monerías, de besos, de abrazos, de momentos en los que parece que pierde el miedo e instantes en los que parece que tiene demasiado miedo como para ser. Ven, arrecuéstate en mis brazos, déjame conocerte y sentir como la piel se estremece y bajo esta el alma que espera una caricia y un poco de amor. Sé que su fuego quema, que es como un hechizo del que no se puede escapar. Entre silencios, sonrisas, lágrimas y días que vendrán, no sé si le comienzo a adorar o es que ya le adoro y es más grande de lo que creo. No lo sé y no pretendo saberlo aún, con sus reacciones de adulta, sus risas y expresiones de niña, de mujer que redescubro en cada amanecer y su imagen se queda conmigo cada vez que cae la noche.

~Tal vez esa forma de andar no la olvide jamás, no por lo que es sino lo que es para mí, tanta fuerza, miedo y fuerzas contradictorias que me dominan al verte. Me regocijo en el hecho de apreciarte, del honor de formar parte y ser aparte. De construir en sus ojos un mañana y dejar en su piel las huellas del hoy...