Alguna vez alguien dijo que no tenía resiliencia,
como la de aquellas flores que crecen en la mierda.
Espuma de mar que se forma de desecho y es bella,
porque de lo efímero, nace aquello que es eterno.
Etérea como el viento, casi como un silbido fugaz
me escapo, viajo, me reduzco, perfumo y cambio.
Cambio, como las estaciones, la naturaleza y demás,
porque el origen no es destino y se hace camino al andar.
Me cuelo entre los árboles como una sonrisa de verano,
transformada en uno de ellos echo raíces, me elevo y crezco.
Raíces que me recuerdan de dónde vengo y me fortalezco.
Ramas que buscan el infinito donde el esfuerzo no va en vano.
Nidos en mi cabeza, cantos del viento, sólo disfruto cada momento.
A partir de mi madera hacen fuego, del árbol caído hacen leña,
que vibra, que quema, como mi alma que sigue viva y no cesa.
Soy fuego, que me mantiene despierta, día a día me da fuerzas
y lucho, lucho por brillar por más que me quieran extinguir.
Entre soplidos y un ir y venir de las fuerzas, se apaga el fuego.
Me convierto en cenizas y me lanzan de un cañón hacia el abismo.
Caigo, me desplomo y vuelo, libre al fin no esperaré hasta luego.
Caída libre entre el mundo y yo, entre lo que fui y lo que seré.
Cenizas que flotan, que lloran, que caen desde lo alto al suelo,
pero de un pronto a otro me transformo en fénix y alzo el vuelo.
Después de tanta fuerza, de transformación yo alcanzo el cielo.
Me apropio de él, es mío, soy, llego lejos, ya no estoy muerta.
Soy todo y nada a la vez, llena de vida y a la misma vez de muerte.
Con dos pies en la tierra y una mente indecisa que se la pasa divagando,
estoy en el límite, límite eterno, maravilloso, que me mantiene fuerte.
Rayo en un poco de aquí y de allá, liberación que me tiene respirando.
Respiro muerte y exhalo vida, transformo y crezco de las cenizas,
entre el dolor y el frío me doy cuenta que estoy aquí, sigo viva.
Trenzas sucias, manos chicas que toman cadenas y las hacen trizas,
un rostro aún infantil que está decidido a comerse a besos la vida.
Algunos siguen hablando sobre resiliencia, de las flores y la mierda,
pero otros salimos de ahí, nos transformamos en aves, evolucionamos.
Soy humana, fénix, árbol, espuma, fuego y viento, apegada a la tierra,
mas no le temo al cambio, a la brisa o al tiempo, a expresarme y afrontarlo.
Guerrera en la lucha por sobrevivir, a veces olvido cómo se siente vivir,
reservo un lugar tibio para dormir y soñar, para ser mi mejor obra de arte.
Una obra de arte infinita, eterna, que deja huellas y en metamorfosis total.
La resiliencia no es sólo florecer en la mierda, sino ser capaz de salir y luchar.
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