El autobús tardó un tiempo en llegar y estaba repleto de diversas personas, cada una en su mundo, en la presa, en la hora que llegarían tarde a su trabajo. Parecía que nadie ponía atención completamente a los demás en el autobús, pero los ojos de la muchacha se movían de un lado a otro, observaba, miraba fuera de la ventana y sonreía porque había sol, un día cálido y despejado, valía la pena haberse levantado tan temprano. Agradeció al chófer del bus con una amplia sonrisa y un "que pase un buen día". Caminó como flotando, a pesar de que iba tarde, no tenía la menor prisa, pretendía disfrutar cada segundo del día, sonreía al ver todo el colorido en las avenidas, sentir el viento fresco en su rostro, era feliz.
El segundo autobús tomó su rumbo, llegó a su destino y descendió de él. Caminó hasta donde le correspondía y supo, que no había otro lugar donde desearía estar, que se sentía cómoda en aquel mundo de locos, de personas que eran ellas mismas, sin importar lo que otros pudiesen pensar. Era afortunada, había tomado quizás uno de los caminos correctos, tal vez no el más fácil, ni el más aceptado, sino aquel que había indicado su corazón en un momento deliberado. Las decisiones son lo que marca la vida de una persona, no su origen. Su origen está ahí, pero el curso de la vida puede cambiar, según la perspectiva con la que lo tome...
Poco a poco, fue notando que cada vez la apasionaba más, que le encantaba ver cómo el campo biomagnético del corazón era mayor que el del cerebro, las almas eternas y activas, todo tal y como lo había pensado y sentido antes. Por lo pronto se limitaba a escribirlo y sonreír, comprender que había una razón detrás de todo, que ella misma, podía cambiar al menos a sí misma y a unos cuantos otros con su sonrisa. La otra muchachita a su lado hacía lo mismo, pero con menor entusiasmo. Abrazó a una de las conferencistas y le dijo que agradecía que la hubiese ayudado a entender, a mejorar.
Ambas chicas tomaron el autobús, una hacia lo desconocido, otra hacia su paz. Hablaron todo el viaje, hasta que fue momento de descender y caminar hacia el camposanto. Apenas entraron en él, la joven de cabello negro sintió la ventisca fría y tuvo miedo, mientras que la otra chica de cabello castaño, buscaba la tumba que necesitaba visitar bajo el sol. Ahí es, señaló una pequeña lápida, acompáñame. Se sentó en el piso y comenzó a hablarle, a contarle en silencio todo lo que había vivido ese año, la gente que conocía y cómo la extrañaba, le dijo cuánto la quería. Nana...no sabés cómo me cuesta cumplir mi promesa, pero lo intento...espero que estés orgullosa de mí. Le habló por largo rato y luego miró a su amiga y le dijo: ya estoy lista...ahora busquemos a mi mamá.
Caminaron de vuelta y buscaron la tumba, la chica de cabello castaño parecía no encontrar la tumba, tenía años de no ir y le hacía falta hablar con ella, hacerle saber que había ido a verla. Buscaron sin éxito y se encaminaron hacia la oficina donde le indicaron lo que temía, no podían encontrar la tumba por más datos que diera. Acabó llamando a su casa y pidiendo al menos una pista. Cuando le dieron las señales, empezó la búsqueda de nuevo. A pesar de todo, no pudo hallarla, no la recordaba. No la encuentro, Silvia, dijo la muchacha de pelo castaño. Hablale Luna, no importa si no es la tumba o si lo es, dile algo.
Estaban frente a una tumba gris, sin lápida y Luna comenzó a hablarle en su pensamiento. Luna, ya no siento miedo, dijo Silvia, el viento sopla más fuerte aquí...pero no siento miedo. En ese momento Luna intentaba hablar con su madre, decirle cuanto le agradecía la vida que le había dado, los dones que tenía, que esperaba estar haciendo las decisiones correctas, lo mucho que la amaba... De pronto, Silvia la hizo mirar hacia arriba, un enorme arcoiris se encontraba sobre ellas y sonrió. Siguió hablando con su madre y como punto final dijo que quería hacerla sentir orgullosa de haberla traído al mundo y que si había llegado era porque tenía un propósito. Tu mamá te ama Luna, dijo Silvia. La abrazó y se quedaron así por un tiempo. Al poco rato, Silvia la hizo mirar de nuevo al cielo...Esta vez una media luna se encontraba sobre ellas. Sonrieron y el cielo se había despejado.
No había una razón aparente para el arcoiris en un día en el que no había llovido del todo y el calor era sofocante. Un arcoiris tan intenso y la luna sobre ellas en pleno día. No habían motivos, no era algo controlable, sólo en ese sitio se sentía el viento tan fuerte, pero a la vez tan cómodo. Salieron de ahí, una sintiéndose más completa y feliz de entender los mensajes que se le daban y la otra, segura de haber vivido uno de los mejores días de su vida. No porque alguien se haya ido, signifique que no pueda escuchar. El alma es inmortal, se manifiesta en energía, en brisa, en lo que nos rodea. Sonrisas en el cielo, aquellas que sin hacer mucho te hacen entender que están ahí y que te aman. Por lo pronto es mejor darlas cada día en persona cuando se pueda, para en algún instante cuando hayamos partido, escribirlas en el firmamento.
~Con amor para ustedes dos...Gracias por decirme que aún están ahí. (:
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