martes, 17 de enero de 2012

Papeles Amarillos

A veces las horas se vuelven días y los días semanas, al final del tiempo ,si es que tiene, se convierten en meses y años que forman parte de un pasado. El reloj seguía con su melódico tic-tac en la sala de la casa y el sol aún penetraba por la ventana. Parecía estar buscando un objeto entre sus muchas pertenencias, sus palabras hacia sí misma se escuchaban por toda la estancia y todo permanecía en silencio. Quédate, recordó. El pez se agitó en la pecera y fue como si no estuviera sola. En medio del desorden y el caos, se suele encontrar por lo general no lo que se busca, sino lo que decide aparecer. Llegó a sus manos un papel amarillo, que casualmente no se había ido con los otros de su especie y se había quedado ahí, haciendo eco entre todos aquellos "tesoros" perdidos.

Respiró y lo abrió, una sonrisa se dibujó en su rostro, el olor le transportó a una tarde soleada del mes de abril, ¿o sería de mayo? Esta vez no importaba, podía sentir el sol sobre su rostro, filtrándose por los agujeros que se hacen entre las hojas y la brisa moviendo su cabello. Pudo volver al mismísimo instante donde su piel hizo contacto con la tierra y aquel olor que parecía calmarla y volver mejores las cosas. Recordó las palabras que había pensado en ese mismo instante: ¿Por qué será que nadie más puede ver lo que yo veo? Sintió su corazón una vez más palpitar de emoción, estallar al abrir los ojos y aquel sentimiento que hacía que todo fuera mejor a pesar de las vicisitudes. Toda aquella tarde volvió a ser suya y a calentar el frío que comenzaba a instalarse en su corazón...Las palabras hicieron eco: ¿Por qué nadie más puede ver lo que yo veo?

Supo que por más que quisiera no podría volver a aquella tarde, pero era suya y nadie podría quitársela. Leyó el papel, siguió sonriendo y decidió que no se desharía de él. Lentamente volvió a su realidad, lo atesoró y lo guardó en un lugar especial. Las cartas o conversaciones en papeles siempre eran capaces de transportarla a lugares que parecía que habían quedado atrás, cuando aún eran capaces de hacerla sonreír. Había cosas que no extrañaba y no se arrepentía de nada y otras que ya empezaban a hacerle falta. Muchas otras cartas lograban ese mismo efecto, pero ese día estaba marcado en la historia de su vida y lo consideraba uno de los más felices. Era algo así como un "checkpoint" de felicidad. Había pertenecido, había sonreído una y mil veces en un mismo día, de fijo había un antes y un después de aquella tarde...

En aquel mismo instante, hubo más de un recuerdo de años pasados y vio que no todo estaba perdido, que todo era simplemente una etapa. Tenía alguien que sostenía su mano, que hacía que las burbujas en la calle fueran más vívidas y que todo fuera mejor de lo que se esperaba. La música seguía sonando, miles de canciones seguían recordándole lo hermoso que había sido y podía ser si sólo había una oportunidad de ser valiente, de por una vez no huir del caos y en vez de ello, encontrar papeles amarillos como ese que le dieran el coraje para seguir luchando por un sueño, por más que sus alas se vieran pequeñas y rotas, todo era capaz de crecer, de limpiarse, de mejorar. Nada era un obstáculo.

Muy poco tiempo era necesario para saber que aquellas personas que arrullaban y a la vez intentaban ayudar, tenían una razón de ser, una razón para hacerla sonreír, aquellos pares de manos que llenaban de colores los días, con quienes no era necesario tener que ponerse un maquillaje. Disfrutaba de cada instante, en cada episodio de su vida había existido un papel amarillo que había hecho que cada día valiera la pena,que cada instante fuera mejor que el anterior. No hay armonía sin caos, dijo al deslizar los dedos por la cubierta del libro que contenía el papelito. Quizás había cambiado un poco aquel día, quizás...sólo un leve tal vez se paseaba por su mente...

Muchos habían entrado y salido, no era cuestión de pertenecer en un sólo lugar, sino la capacidad de oscilar, de adaptarse, de la versatilidad, algo llamado plasticidad. La belleza estaba en pequeños detalles como ese, su mejor rasgo era su sonrisa y su mejor imán era la calidez. Los altibajos eran comunes, la felicidad no tanto, pero era un propósito. No es cuestión de fragmentar, sino de unir, de dar forma, de compartir aquel "sentido" que en realidad es cuestión del camino, no del destino en sí. El tiempo no para, continúa su marcha y no le importa si hay o no una razón para dar el cien por ciento, de no dejar el ensayo. Puede que se pierdan muchos, pero la presentación final es la que cuenta. Despacito el proceso inicia, es gracioso cómo a partir de un sólo papel, se quiera lograr todo, de no abandonar algo que ya se daba por perdido.

Cada momento había valido la pena, ver cada una de esas sonrisas, haber sonreído con ganas y haber entregado sin miedo. Confiar. De vez en cuando o muy a menudo uno que otro error del cual aprender, es ahí donde sin una cosa no se ve la otra. Sin miedo, sin ver los obstáculos, se pueden ver aquellos papeles amarillos o de otros colores que hacen que cada vez que haya que se quiera abandonar, no sea posible. Un sueño no se alcanza por sí mismo, el empeño, la dedicación, el contexto. Todo forma parte. Un nuevo recuerdo se había escrito esa tarde, bajo un ciprés y una promesa, donde el tiempo voló y donde no hubo más que risas y cariño. No era momento para el miedo, era hora de volver. No de un sólo golpe, sino aceptando lo que asustaba aceptar. De a poco todo podría ser mágico.

Esta tarde, posiblemente lo que se buscó, no se encontró, muchos segundos se perdieron, muchas cosas sucedieron, pero una flor ahí dentro, comenzó a abrirse, a recibir los besos del sol. No importaba si aparecía o no, lo que importaba era el impacto. Aquel sentimiento de paz seguía ahí y no se iría, la acompañaría en cumplir su destino, en aceptar. En medio de todo, no estaba como pensaba que estaba. Roces, choques, miedos, obstáculos iban a estar ahí, la cuestión era ver a quien se le daba el foco, si a lo que se deseaba o lo que aterraba. Una vida vacía y obra de teatro o una vida real. El camino no sería fácil, pero valdrá la pena al final. En momentos así, los papeles suelen aparecer, cada uno a su debido tiempo, fluye. complementa, dan fuerza y se quedan en un lugar muy cercano al corazón. Sonrió una vez más y tomó la s riendas, era hora de hacer los sueños realidad

Para aquellos papelitos, que muchas veces se pierden, pero que siempre están ahí, por más que los demás se pierdan o se quemen. Es cuestión de darlo todo, de pensar que no hay nada que perder. Y en la hamaca, cerró los ojos, mañana será otro día y valía la pena empezar bien. N0 importa si siendo inocente fiel como un animal que no fragmenta y reacciona cuando debe o desconfiado como un humano. El fin último es la felicidad y compartirla, no retenerla. Cualquiera no es tan pobre como para dar una de esas curvas que valen más que cualquier otra cosa o un abrazo...

~A mis papelitos que siempre tendrán un lugar aquí, lo más cerca de mi alma.

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