Por más increíble que parezca, muchos de estos días perduran y continúan hasta en los días más oscuros, cuando una de estas memorias calienta el alma en tiempos de una pérdida, cuando llega el momento de estar ahí no sólo para hacer reír, sino para sostener la mano, para hacer saber que se está ahí a pesar de que nada se puede hacer, más que quedarse allí. Secar lagrimitas que aún no han salido detrás de unos ojos fuertes, pero que buscan un refugio y brindar un hogar cuando se siente que no hay lugar donde ir. Segundos donde nada importa más que un leve esbozo de una sonrisa, de tener un lugar donde reclinarse y esperar a que pase la tormenta bajo guerras de tubos de plástico o juegos infantiles que no se tuvieron antes. Instantes donde uno realmente demuestra lo que es, huye o se queda; pero no hay oscilaciones. Segundos o quizás horas donde lo único que importe es que después de todas esas lágrimas, pueda haber una pequeña sonrisa, acompañada de una sensación de afecto, que se sienta que no existe nadie más en el mundo en esos momentos que esas dos personas fundidas en un abrazo en silencio.
Con el pasar de los minutos, se ven más amaneceres que tardes oscuras en esos ojos que antes solían ser tormentas intensas, más frases dulces que momentos amargos. ¿Son cuestiones meramente espaciales o temporales? Sinceramente son cosas que no cambiaría por nada del mundo. El reflejo de mis ojos en otros que esperan ansiosos un movimiento llenos de brillo, de cabellos ondulados que se enmarañan en mis dedos y albergan las hojas que caen de los árboles, de dedos que se entrelazan y se toman con fuerza. Aquella cercanía y calor en medio de tanta gente pero que sin ser así se vuelve el centro y permanece ahí. Esos pequeños instantes donde el dinero y las grietas, los vacíos dejan de existir y lo que está unido no está mediado por ellos, ni por lujuria, sino por algo aún más profundo. Aquel aroma envolvente, piel radiante, curvas que desaparecen y se redescubren bajo mi tacto y otra curva que renace en todo su esplendor en sus labios, en una realización de su esencia.
Y es que con cada día este roble crece con más y más fuerza, sus raíces se extienden en las entrañas de ambas, se anclan y crean. Limpian las viejas heridas con su savia y deciden crecer, llegar cada vez más y más profundo, alimentan y se alimentan de ambos seres, se vuelven macizas, fuertes en su intento de ser indestructibles. Se vuelven impermeables al fuego y más bien llevan dentro de sí un poco de este y arde por dentro. El tronco comienza a desarrollarse a salir, a mostrar pequeños y eventuales brotes. Y no es la cantidad de tiempo, sino la calidad del mismo, de los eventos, de la intensidad con la que transcurren cuando todo lo demás parece detenerse en un latido.
Si por cada pensamiento que tengo, surgiera una flor, mi jardín se extendería a lo largo del universo cada vez que te observo abrir los ojos o quién sabe, por cada vez que cruzas mi mente. Porque una parte de mí ya creó un hogar, un pequeño castillo de luz y suavidad, en el que cabemos, en el que sólo entrará a quienes les permitamos la entrada, pero que al fin y al cabo nos pertenece. Dos almas que crearon un sueño, que esperan alcanzar y construir, que se acomodan en un firme pero cariñoso abrazo que se prolonga al infinito... Es un sitio de descanso, de reparación, de ilusiones que en alguna otra ocasión pudieron haber parecido imposibles. No son vectores, ni mediciones, ni explicaciones racionales lo que está ahí, sino algo en lo que simplemente hay que creer y desear, defender y con cada día que pasa, adorar aún más...
~Porque si tus ojos fueran océano estaría sumergida en ellos todo el día, me perdería en ellos si fueran bosques, los recorrería palmo a palmo, no me alcanzaría la vida entera para conocerlos del todo o para adorar cada rincón de tu ser. Pero para mí, esto es como un algodón de azúcar de cereza, que se deshace en mi boca, que me inunda de ternura, de dulzura, de tibieza y felicidad. De esas sensaciones que relajan mi cuerpo, perduran y dejan huella tanto en mi memoria como en mi alma. Cuyo sabor hará eco hasta el final de mis días, que me acompaña hasta en mis sueños y que espero prolongar su presencia holista, integradora y esta unión hasta que mi respiración cese para siempre y ya mis ojos se hayan cerrado a este mundo junto a los tuyos...
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