Pensaba que existían varios tipos de olvidos: aquel que pasaba inconscientemente, como con los amigos que dejan de verse por mucho tiempo, olvido momentáneo como cuando iba al refrigerador y no recordaba lo que necesitaba; mas el olvido que duele, el que en verdad le molestaba, era el inducido por esas palabras y por la acción que proponía el corazón para deshacerse del recuerdo de aquella persona.
Marchaba por la calle en esa noche solitaria de noviembre. Los faroles estaban apagados y silenciosos como todo lo que le rodeaba, lo único que lograba escuchar era el eco de sus pensamientos y el latido enfurecido de su corazón al correr salvajemente en un afán de callar a su mente impetuosa. No podía, no debía, dejar de recordar esa voz, ese rostro que tantas veces miró y la forma de caminar de aquel ser. Trataba de borrar la imagen con letras, con imágenes, sin embargo nada lograba el efecto deseado.
No se dio cuenta de lo alto del volumen en el reproductor y unas cuantas gotas de lluvia que caían del cielo a sus gélidas mejillas. Era muy tarde como para volver y decir todo lo que deseaba decir y muy temprano como para romper un lazo recién iniciado. Decidió callar por esa vez y continuó a caminar...
Se sentó a descansar y reflexionar un poco, mientras miraba el cielo. No es posible que todo esto sea pasajero- se dijo- así como lo único constante en este universo es el cambio, tal vez esto también para mañana no esté. De repente unos pasos interrumpieron sus pensamientos... Hola, espero que pueda sentarme acá si no te molesta...