domingo, 20 de noviembre de 2011

Luz invisible

Creo que me aburrí de vivir en un imperio, me aburrí de esperar aprobación para ser quien soy o de tener que llenar el vacío emocional de alguien más brindándole atención, la misma que deben darle todos sus súbditos para pertenecer a su reino, para sentir que tiene algo de poder sobre alguien más. Me cansé de ver cómo alguien se crea su propio foco de atención e intenta ser omnipresente. Por lo tanto decidí crear mi propio imperio, en el que no hay súbditos, no hay reyes ni reinas, no hay nada más que lo que quiera existir. Me esforcé por romper la burbuja entre tener que pertenecer y crear sin importar lo que esto traiga como consecuencia.

Soy un cachorro vivaz y valiente, quizás tenga que errar más, tal vez tenga que meter más la pata, pero no tengo por qué seguir a un grupo que tiene como líder a una supuesta alfa, que se comporta como una cachorra. No puedo tolerar el hecho que las conductas que a mí me reprimen, se las celebren a otro que se supone ya no debería emitirlas. Me confunde, no tengo donde huir, no tenía una voz, no podía decir. En mi nuevo mundo, no hay diferencias, en este sólo hay paz. Lejos de todo, en la última rama del árbol en donde hago comunión conmigo misma, me redescubro, me hablo, me escucho.

He vuelto a escuchar el viento, la voz de los árboles, mi creatividad ha vuelto. El proceso no es fácil, salir de un imperio, creer firmemente que no es el único que existe y que no es el único dominio que hay. El problema de todo esto es que muchas veces eso se puede interpretar de muchas maneras distintas, pues simplemente sólo ando buscando un poco de paz, un terruño donde tenga libertad. Me refugio en mi arte, en mis colores, en mis palabras, en los movimientos de mi cuerpo y en cada paso que doy que me acerca a una meta.

No soy una más, no fui creada en la producción en serie, tengo una voz, tengo un camino y sé que debo seguir en él. La voz dentro de mí, me hace confiar, se manifiesta en mis manos, en mis caderas. Posiblemente por ahora no sea tan cómodo o placentero retomar mi verdadera vestidura, limpiar los rincones que están olvidados, cerrar los ojos y sentir cómo crece el árbol en mi interior, cómo comienzan a salirle las primeras hojas y busca el calor del sol, renacer, dar toda su energía y su amor, hacer notar que está ahí.

Tengo una luz invisible que me guía, me baña en sí, me convierte en lo que soy. No puedo hacer más que sostenerme, seguirla y confiar, no entiendo lo que hago muchas veces, no sé qué sucede; sólo sé que estoy ahí y que cada paso hacia la luz, es un paso más lejos de la oscuridad, más cerca de la cima y más lejos del barranco. Sé que habrán más barrancos, sé que habrán más tormentas, pero todo tiene más sentido, todo tiene otro color. Soy mi propia luz y debo cuidar muy bien de que no sucumba, una luz que podría algún día, llegar a cambiar muchas vidas además de la suya.

sábado, 29 de octubre de 2011

Fallas

Nunca he sabido cómo pedir perdón, ha sido una labor de titanes que este par de sílabas salgan de mi mente y se conviertan en conducta. Lo que pasa es que creo que las palabras no tienen tanto peso como las acciones. Me he encargado de hacer que mis acciones concuerden con mis emociones o que mis gestos corporales se encarguen de decir lo que mis palabras no pueden.

Tal vez he cometido el error de dejar que mi cuerpo hable demasiado, ya hasta actúa por sí mismo y produce reacciones inesperadas. Odio las palabras, pueden ser tan malinterpretadas, en cambio el silencio responde todas aquellas preguntas que sólo lograrían enredar las palabras... No tengo idea de cómo hablar sin huir, de expresarme... Es increíble, sé como hacerlo ante un público desconocido de 500 personas, mas ante alguien que me importa no puedo.

Los errores no pueden cubrirse y cada vez que miro hacia atrás, siento que no debería hablarte o acercarme a vos. Tal vez no di el cien por ciento, no estaba lista y aún así acepté. Ahora todo esta cabeza abajo y como todo lo construí poco a poco con bases firmes, sigue ahí y sigue creyendo. No entiendo qué sucedía, no tengo idea de qué hacer...

Y la habitación se inunda de olor a vos...Bajo las sábanas, es más intenso, como si el calor de mi cuerpo intensificara tu aroma. Cierro los ojos y pienso; no deseo pensar, no deseo recordar...Ya no me quiero equivocar.

Evoco todo lo que nunca te dije por miedo y lo dejo ir, de nada vale intentar decirlo ahora. Entre más tiempo pasa, más fuerte se vuelve este tsunami de confusión entre alarde y agonía, que pasa de la alegría a la tristeza.

Se me cierran los ojos e intento sonreír...¿Me querés regalar una sonrisa y un abrazo? Tus ojos vendados, tus manos atadas y tu boca amordazada...¿Será que el miedo te secuestra a vos esta vez? Aunque jures que siempre tienes la razón, no sé si esta vez sea así porque todos, tendemos a fallar alguna vez.

domingo, 23 de octubre de 2011

Más tiempo que vida

Hoy deseo sentarme contigo a ver las estrellas. Sin abrigo, sin máscara ni nada. Emigremos a la luna con una sonrisa y escondámonos tras los árboles. Hagamos de caso que aquí nada ha pasado, que nunca hubieron lágrimas derramadas ni daños a terceros. Ven...toma mi mano y pretendamos que es la primera vez en la vida que nos vemos, que reconocemos nuestro olor, que escuchamos el corazón del otro latir. Acompáñame en mi viaje, sonríeme hasta que me duerma esta vez y acaricia mi cabello, que al despertar quiero sentir tu respiración y verte abrir los ojos una vez más. No me digas nada...sólo prometamos sin hablar que esto nunca tendrá final...Calla y apoya tu cabeza sobre la mía, para charlar, mi vida, tendremos la eternidad...

Quiero ver que tu cabello se torne gris junto al mío, que nos aparezcan arrugas y aún así sigamos tomados de la mano como esta noche. Estar ahí en los peores y mejores momentos, no dejarte ir por más que todo parezca derrumbarse. Y al final de todo quiero sonreirte y verte sonreír, que tus brazos me arropen en las noches frías y que tu latir sea mi melodía... Ven, acompáñame, dame un abrazo y quedémonos aquí...No nos hagamos más heridas, sino eterna compañía, aquí en este lugar donde hay más tiempo que vida.

martes, 4 de octubre de 2011

Octubre

La bruma vino para quedarse y el vientecillo frío hace que no queramos salir de nuestras camas. Se lleva la viveza de los colores y la lluvia se encarga de limpiar el entorno con sus lágrimas bailarinas... De música de fondo en un café suena Octobre de Francis Cabrel, todo tan típico de esta época, de meses que se van, de momentos que se desearía recuperar o más bien los que quisiéramos que se fueran de una vez. Octubre, el momento que nos damos cuenta de todo lo que hemos dejado atrás y de lo que quisiéramos traer de vuelta, lo que quisiéramos cambiar, lo que pudimos haber hecho. El tiempo pasa y la pereza se adueña del cuerpo, no querer hacer nada más que observar, sentir, escribir...

El bohemio toma su lápiz y esboza la callejuela que tiene en frente, mientras una joven pareja se pasea al frente de la fuente y se sonríen. Él toma fotos y ella posa para él. ¿Por cuanto tiempo ese amor se mantendrá como en las fotografías? ¿Cuánto tiempo dura el amor en sí? Se escriben miles de canciones en días como este, se reviven heridas, mientras se intenta conseguir lo que se anhela. Entre las sábanas se entrelazan historias y en los corazones se cantan alegrías y penas.

Al otro lado del café se encuentra un hombre de contextura gruesa, con los ojos fijos en un punto. Piensa que está solo y que es por culpa de alguien que decidió salir de su vida, no porque quisiera, sino por que forzó la salida de aquella persona y ahora le reclamaba por algo en lo que no tuvo nada que ver. Bebe despacio el café caliente que se encuentra en su taza, sorbo por sorbo y recuerda cada uno de sus errores y sonríe con las viejas memorias. Lo que no podía ni imaginar era que toda aquella culpa que le había echado a aquella persona, no era más que su propia culpa, pero la carga era tan pesada que tenía que dejarla ir con alguien más. El dolor no es tan evidente cuando se oculta a través de la ira, a través de malacrianzas o de indiferencia, no es que deje de doler o que duela menos, sólo se enmascara con orgullo.

En ese mismo instante, otro hombre recordaba con una sonrisa su suerte, había pedido un ángel que le hiciera olvidar sus heridas tan antiguas y tan profundas. Probablemente no era lo que esperaba, pero un torbellino había entrado en su vida y había causado todo un caos en su mente, había reestructurado todo y con una sola palabra supo que la respuesta a sus súplicas había llegado. Los días de octubre ya no tenían la misma connotación, ahora los envolvía un poco de calor, un poco más hermosos que los días ordinarios.

Por otro lado en algún recodo de un estudio, para una joven, todo cambiaba de manera veloz, como siempre había sido todo en su vida. Octubre era el típico mes de cambio o de resistencia, pero esta vez todo simplemente no tenía ni pies ni cabeza. Vos no planeás nada, ¿verdad?. Ciertamente, se había cansado de esperar, de planear, para que nada saliera como lo deseaba. Había descubierto una nueva belleza en dejarse fluir y disfrutaba de esto con una taza de té, mirando hacia el jardín, cantando Octobre, como el hombre en el café, como el hombre que iba por la calle con una sonrisa. Todos con una historia en común, con una relación indirecta.

Y es que no todo tiene que cambiar para mal, no todas las palabras te las tiene que dictar la mente. Una sonrisa me dictó esta historia, una melodía, una guitarra y una bebida caliente... Octubre ya no es el mismo para nadie. Una vieja frase dice: "Octubre, cuando todo se descubre". Esta vez todo se descubre, todo se renueva y tras este invierno, todo lo que cambie en este mes, se transformará en primavera...

domingo, 2 de octubre de 2011

Pintando con palabras

A veces la voz no da para decir todo aquello que se piensa y tampoco para expresar los mundos de la imaginación, cada quien con su visión, con su forma común de expresarse, con su libertad de elegir a quién adentrar en su mundo, en su memoria y formar parte de la imagen. No hay manera de aceptar a quien no lo merece, ni soportar a quien no se desea soportar, en nuestro mundo tenemos libertad de elegir con quién vamos a compartir y a quien vamos a excluir. Ciertamente no es justo sobrepasar los límites e invadir el territorio ajeno con palabras irritantes o hirientes si existen rencores, pero el día en que decidimos hacer maletas del mundo de otro, no hay manera de volver si no es por voluntad propia.

Tomó sus maletas, las llenó con sus recuerdos y dejó el mundo de esa persona vacío de su existencia. Había pintado cada muro con palabras distintas, con colores en voces extrañas, secretos multicolor que a la luz del día se hacían agradables a la vista. Con sus maletas partió, rasgó el papel que cubría el interior de aquella memoria y dejó grabada en la pared el recuerdo de un hasta pronto que se convertía tácitamente en un adiós. Se iba para nunca volver y de repente, había olvidado algo, decidió no volver por aquello y se fue. Recogió una pequeña lágrima por el dolor de aquello que fue y sonrió por su recién conquistada libertad, siguió adelante y lo dejó atrás.

Al regresar a su mundo, a su sitio seguro, decidió repintar aquellas paredes abandonadas, limpió la estancia, limpió su alma y comenzó a aplicar incipientes capas de palabras de colores, creó nuevos mundos con ellas y destruyó antiguas sombras y telas de araña que no le dejaban respirar. El aire se sentía más puro y las nuevas letras en su orden daban a entender que había sanado, que los colores eran más vivos, que se había desligado de lo cruel e infame. Había tomado la decisión correcta de vivir, de dejar el miedo a su soledad atrás, pues más bien su mundo se repoblaba con nuevas sonrisas, nuevas voces creando melodías en el viento.

Ya no existían las cargas pesadas, ni tan siquiera el temor. Cada día pintaba un nuevo muro, un cielo diferente, se reinventaba y de vez en cuando recordaba alguna buena memoria y la dejaba ir. Pertenecer a aquel mundo descolorido había tenido su belleza al principio, hasta que la música amainó y todo quedó en silencio y estaba en soledad por más que ese mundo fuera compartido, gritó por ser salvada y nadie respondió, fue ahí donde donde comenzó a llevarse de a pocos sus pinturas, su voz, su tibieza. Lo que no esperaba, era que mientras había dejado su imaginación atrás, ya habían más rostros esperándola en su estancia, en su lecho y con los brazos abiertos.

Su chispa de naturalidad volvió a encenderse y su belleza volvió a la normalidad. Tendría que seguir viendo esos muros oscuros a lo lejos por algunos años más, pero no debía acercarse o adentrarse en ellos, las murallas no caen, pequeña, sólo se llenan de artilugios para causar más daño. Momentos de colores, estrellas que no dejan de brillar, estaciones que cambian según su antojo y su estado de ánimo. Predominantemente el verano de fresca brisa, a menos que atacara su demonio interno y tirara todo al suelo; sin embargo todo se reconstruía con palabras que a su vez son conducta.

Observaba aquellos muros distantes y se decía: Pensar que nuestra línea base es tan similar, que las partículas de creación son las mismas, nada más que edifiqué diferente, utilicé diferentes tonos, cambié los matices, reacomodé todo a mi manera que no es mejor ni peor, sólo distinta. Había sido diseñada para redecorar muros, minimizar el dolor con paredes acolchadas, disminuir la ira con otros colores y regalar días de sol, pintados con la pintura resbalosa y agradable de una palabra de aliento, de quitar las nubes de lluvia con las tonalidades sutiles de un "te quiero". Una artista completa, en cada gesto en cada respiración era capaz de devolver la vida.

Cada noche se va a la cama después de haber mezclado imaginación con realidad, de haber llenado algunos mundos de color, de haber abierto las puertas de su hogar a alguien más, con una sonrisa en el rostro y un pincel en las manos, dispuesto a crear nuevas ilusiones al amanecer, nuevos tonos, nuevos campos semánticos de flores en donde jugar, donde el tiempo no existe y es en sí la eternidad. Bienvenido a mi mente, un lugar donde no todo es gris y no hay a qué temerle.

Ven y déjame empaparte con pintura, déjame crear, que estoy aquí para pintar con palabras...Para darte un mundo nuevo, cualquiera es bien recibido, pero no todos permanecen aquí. Como la artista que soy, no me quedó en el mismo lugar, siempre hay un mundo nuevo para recrear...

sábado, 1 de octubre de 2011

Un nuevo sol

Hace mucho tiempo no veía el sol brillar tan intensamente sobre sí, hace tanto no sentía su calor intenso ni la belleza que provocan sus rayos cuando rozan lo que tienen debajo. Había dejado de sentirse como una artista, había dejado de sentir tantas cosas...Las defensas se habían ido reforzando y estaba encarcelada como nunca, hasta que un día tomó la decisión de dejar la muralla que la separaba del aire puro y dejar caer el lastre que la ahogaba...Era momento de volver a ser, de dejar atrás todo aquello que le había hacho daño y revivir a su niña interna.

¿Dónde has estado todo este tiempo?- se preguntó. No había pasado mucho tiempo desde la época negra, pero la cura era inminente, ya no quería estar enferma. La ropa negra ya no le gustaba, al igual que empezó a odiar el maquillaje y sustituyó todo aquello por una sonrisa natural y desenfadada y ropa de colores, llena de vida, como se sentía en ese momento...La ira en su interior se había desvanecido, su enojo, todo su odio se había calmado inexplicablemente. Todo en su mundo empezaba a tener otras tonalidades que no estaban en la escala de grises, cada momento era más intenso, ya no tenía miedo de vivir.

Una niñita caprichosa y espontánea, que en vez de pelear deseaba jugar y devolver alegría y paz. Hacía tantos años la había dejado escondida en las sombras, no la dejaba hablar, no la dejaba salir. Quizás era débil, quizás no era perfecta, pero al fin y al cabo era ella. Tuvo que decir adiós a muchos momentos, a muchas personas, pero era una cuestión de tiempo para que todo estallara y el mundo creado por mentiras se derrumbara en un dos por tres. La puerta del cielo se abrió, cuando admitió sus errores, cuando se dejó fluir y el infierno quedó atrás, muchos de quienes amaba quedaron ahí y posiblemente nunca saldrían.

Realmente era un nuevo sol, era una nueva misión...Ella no tenía por qué estar en el infierno, ese no era su lugar, no pertenecía ahí, simplemente era un estado transitorio como muchos otros. Su camino no era la soledad, no era la apatía, sino recibir a aquellos que traían heridas recientes pero con las ganas necesarias de cambiar, de volver a sentir... Una bendición y una maldición a la vez esto de curar, esto de atraer a los demás, esto de dar la bienvenida a la luz, esto de siempre dar lo mejor de sí.

Afuera llueve, pero dentro de sí, ya no había humedad, no había tormenta, ya había cesado y todo se tornaba cálido de nuevo...Retornaba a su estado natural, aquel que se había ido y se proyectaba hacia el exterior. Finalmente después de una lucha interna, después de huracanes, tornados y tsunamis, la voz volvió, la luz vino para quedarse y la paz para darse. Cada día regalaba una sonrisa y con esa sonrisa...quizás más días de verano aún en invierno.

lunes, 15 de agosto de 2011

Tristeza

"And yet no one can save me, because I only disappear here...I'll blow away if I breath out, save me from sleeping now, save me from flying out and disappear here"

Hay de toda clase de días, pero últimamente un día es simplemente igual a otro y estoy seca. Seca como el árbol que ya no puede dar frutos, hiriente como un cuchillo filoso que hace daño y maltrata. Fría, vacía, inmóvil. Así se siente desde hace un mes, desde que el tiempo comenzó a ir lento de nuevo, desde que no quiero salir de mi cama, desde que dejé de sentir. Como un animal que se sabe dañino, me escondo, me recluyo y me alejo y dejo que mi corazón se detenga.

Monstruosa creación, días amargos y grises, ni la lluvia puede ya purificarlo. No estoy de lleno, ya no existo más. En el fondo de un mar convulso me encuentro, descontrolada y dormida. Todo me es pesado, ya no puedo pensar, no puedo hablar, no hay más lágrimas por sacar... La tenue sonrisa que tenía, ahora será sólo una máscara, la misma que solía tener, la misma que se encargaba de esconder todo aquello que me hacía daño.

Ya no soy, ya no creo, ya no tengo alas para volar. No sé si estoy muerta en verdad pero es como si lo estuviera; sin la capacidad de dar energía, sin la capacidad de amor, me disolví. Lo vimos venir, con cada palabra, con cada acción que me hacía desaparecer, tres pilares rotos a la misma vez y posiblemente ya nada vuelva a ser como antes, ni vuelva a funcionar, lo que fue, pasó. Ya no queda nada y lo que existe se olvidará. Sólo quedará la herida, la cicatriz de donde estuvo, el vacío de un adiós, el eco de un latido, el golpe de la última lágrima en el piso...

Entre un soplo de vida y un ahogo total. El aire cambió para mí y es como inhalar plomo, pesado. Todo lo hago mecánicamente, ni el dolor puedo sentir ya. Destruida, deshecha, sin donde apoyarme, con una máscara en mi rostro, ojos apagados, murió la muñeca que alguna vez estuvo aquí, murió su risa y su ardor...Sólo queda una pequeña voz que la quiere salvar, tan tenue que no se sabe si lo logrará...

Y sobrevivir otro día es decepcionarse una vez más. Serán las mismas horas, las mismas responsabilidades, la misma soledad a la hora de dormir. Sin brazos que sostengan la caída, sin esperanzas, cerraré los ojos de una vez al lanzarme al abismo...Tocaré el fondo y me hundiré una vez más y tal vez algún día como el ave fénix, renazca.

"...broken, torn, insincere...Can I watch as you disappear?"