Es una frase simple, compuesta por dos palabras. Una de ellas es un adjetivo reflexivo y la otra es un verbo en primera persona singular, conjugado en tiempo presente, una oración afirmativa declarativa, sería. Gramaticalmente sencilla, emocionalmente difícil. ¿Cómo puede ser posible que dos pinches palabras que son tan insignificantes en cuanto a composición, puedan tener ese poder tan grande cuando nacen del alma? Dos palabras que queman por dentro, que son como un torbellino de luz, como un tornado, como una sensación de peces que nadan en el vientre; pero que no quieren salir. Alguna comunicación deficiente debe haber. La frase es la frase porque es tan simple y a la vez tan compleja, es simple de deletrear y difícil decirla con sinceridad, con su verdadero significado. Personalmente creo que cuando más frustra, cuando arde, pica y te hace ampolla, es cuando va en serio, cuando quiere salir, cuando grita por hacerse presente, porque de verdad está ahí dentro y quiere que la pronuncies.
La frase. Sólo ella es una oración entera, una oración que teje lazos, que permite que se den interacciones maravillosas, que denota no sólo un amor pasional o desenfrenado, sino el filial, el de amistad, el que hay con una misma, con la naturaleza, el universo, las mascotas, la carrera, la vida... Hay tantas cosas con vida y sin vida a quienes se les puede decir la frase, pero de la forma verbal, de la manera semántica, así tal y como se escribe...no es de la manera en la que se entona, ni se pronuncia, ni siquiera es un bosquejo de lo que en realidad puede significar para quien la dice o la recibe. ¡Qué terrible esa frase! Esa frase que nace en la mirada, que nace en las acciones, que se posa en el alma, que es como una mariposa o un ave que revolotea con el fin de ser libre y que no dejará de moverse hasta que le dejes salir. Es una revoltosa que se alista en las comisuras de los labios en el momento oportuno cuando de verdad nace decirla, pero la muy bandida decide coserse y no querer salir, dejando una sequedad y una trancazón que debe ser rota por alguna broma o algún reproche.
Maldita frase. No sé si tengo la dicha o la desdicha de no haberla dicho nunca en persona de la manera que merece ser dicha. Gramaticalmente la conozco palmo a palmo, conozco de dónde se deriva, qué significa, las situaciones en las que se puede usar, cómo se dice en otros idiomas, cómo conjugarla, con qué rimarla, pero no sé cómo entregarla. En la vida real, en el momento presente, nace. Nace en una sonrisa, en una mirada, en alguna acción, pero a veces la traviesa hace destrozos por dentro y pide a gritos que la dejen salir, se cierra el pecho, se cierra la garganta, entra el miedo y la rapta, se la lleva con el fin de que la otra persona no malinterprete esta cochinadilla gramatical y crea que le están dando atribuciones que no le corresponden. Mentira que sólo puede representar un sólo tipo de amor, que sólo se le puede decir a una persona. Mentiras infundadas que se vuelven realidades y que cuando se vuelven palabras sinceras, asustan, envuelven y deciden, controlan, quieren hacerse presentes. No sé qué tan bueno puede ser el hecho que de verdad se sienta por dentro cómo fluye, cómo ilumina e incita a la creación, a dar, a querer crecer e invitar a lo que sea que le quieras decir esta frase a quedarse en tu vida y compartirse.
Ya sé que sos sólo dos palabras insignificantes en una hoja de papel, pero en una vida, marca capítulos, historias completas, se enreda y se anuda en las personas que reciben esta frase, una frase que se sale hasta por los poros, que no deja vivir en paz, porque sabe que no es vida si no se aprende a decirla y recibirla. La cosa es que cuando sale esta tipeja, ya no hay forma de que entre de nuevo. Ella quiere que la reciban con los brazos abiertos, que no la dejen a la deriva, que no quede como un chunche o un par de palabrillas pegadas que pueden ser categorizadas desde diferentes ámbitos. ¿Que si la he dicho? Quizás, pero no sé si de verdad será decirla si no hay entrega y deseo de arriesgar. La juego muy a la segura y a la segura...lo único seguro es no saber qué es lo que pudo haber pasado.
Esta frase es como el que persigue en los libros de cuentos, de aquello que se trata de escapar, pero que aún en los sueños más profundos, una vez que ha decidido que existe, no cesa de hacerse escuchar y que requiere salir, la amordaza el miedo y esta lo muerde, intenta destruirlo, la calla y la ata al corazón con un ancla y no se puede liberar. Si la he querido decir, tal vez la digo con toda la frialdad del mundo, sin la calidez que da mi alma, sin una sonrisa, encerrada en una torre y que sólo se vea su imagen, no el cómo se siente, a qué sabe, a lo que huele, a los recuerdos que se entretejen, a las razones, a los deseos a ser bien recibida y que otra frase similar pueda salir de los labios de la persona a la que se le dice. La frase no nace sola. No nace sola cuando es insoportable como un mosquito en noches de bochorno, tiene que haberla incitado la chispa de este ente al que quiere darse. En el momento que esa frase nace y decide cantar, su contraparte se gesta también en quien la va a recibir, pero nunca se sabe cuando la otra o la de una estará lista.
Ya, frase, frase, frase, dejémonos de juegos. Yo sé cómo te llamás vos y que querés dejar de estar prisionera, pero entendé que cuando salgás, vas a ser real, genuina, que vas a valer la pena. De nada sirve manifestar a ese torbellino sin antes haber aprendido a entregarse y otorgar una parte de sí. Pequeña frase, para mí sos lo más grande del mundo y quiero que toques a ciertas personas nada más, que las beses, les hagas cosquillas, juegues dentro de ellas, que les cantes cuando se sientan solas, que les des recuerdos para que te lleven consigo hasta el día que dejen de respirar, que nos sintamos genuinas y puedan sentirte genuina, sincera, que valga la alegría, el dolor y esta tortura inmunda en la que me ponés porque querés salir y yo no me siento lista. Si alguno de ustedes que lee esto sabe que esa la siente llegar es porque así es, esperen pacientemente al día que yo sienta que la puedo dejar partir con gran entrega y con todo lo que implica, con sus raíces, con sus temores y sonrisas...por ahora se las dejo aunque siga en lo más profundo de mi ser, aunque se agite y que de verdad lo que quiera es cubrirlos...es quizás lo más importante que alguna vez yo les vaya a decir, jamás mentiría con algo tan esencial como lo es ese vínculo emocional que vas más allá de un simple "te quiero".