jueves, 22 de mayo de 2014

La frase.

Es una frase simple, compuesta por dos palabras. Una de ellas es un adjetivo reflexivo y la otra es un verbo en primera persona singular, conjugado en tiempo presente, una oración afirmativa declarativa, sería. Gramaticalmente sencilla, emocionalmente difícil. ¿Cómo puede ser posible que dos pinches palabras que son tan insignificantes en cuanto a composición, puedan tener ese poder tan grande cuando nacen del alma? Dos palabras que queman por dentro, que son como un torbellino de luz, como un tornado, como una sensación de peces que nadan en el vientre; pero que no quieren salir. Alguna comunicación deficiente debe haber. La frase es la frase porque es tan simple y a la vez tan compleja, es simple de deletrear y difícil decirla con sinceridad, con su verdadero significado. Personalmente creo que cuando más frustra, cuando arde, pica y te hace ampolla, es cuando va en serio, cuando quiere salir, cuando grita por hacerse presente, porque de verdad está ahí dentro y quiere que la pronuncies.

La frase. Sólo ella es una oración entera, una oración que teje lazos, que permite que se den interacciones maravillosas, que denota no sólo un amor pasional o desenfrenado, sino el filial, el de amistad, el que hay con una misma,  con la naturaleza, el universo, las mascotas, la carrera, la vida... Hay tantas cosas con vida y sin vida a quienes se les puede decir la frase, pero de la forma verbal, de la manera semántica, así tal y como se escribe...no es de la manera en la que se entona, ni se pronuncia, ni siquiera es un bosquejo de lo que en realidad puede significar para quien la dice o la recibe. ¡Qué terrible esa frase! Esa frase que nace en la mirada, que nace en las acciones, que se posa en el alma, que es como una mariposa o un ave que revolotea con el fin de ser libre y que no dejará de moverse hasta que le dejes salir. Es una revoltosa que se alista en las comisuras de los labios en el momento oportuno cuando de verdad nace decirla, pero la muy bandida decide coserse y no querer salir, dejando una sequedad y una trancazón que debe ser rota por alguna broma o algún reproche.

Maldita frase. No sé si tengo la dicha o la desdicha de no haberla dicho nunca en persona de la manera que merece ser dicha. Gramaticalmente la conozco palmo a palmo, conozco de dónde se deriva, qué significa, las situaciones en las que se puede usar, cómo se dice en otros idiomas, cómo conjugarla, con qué rimarla, pero no sé cómo entregarla. En la vida real, en el momento presente, nace. Nace en una sonrisa, en una mirada, en alguna acción, pero a veces la traviesa hace destrozos por dentro y pide a gritos que la dejen salir, se cierra el pecho, se cierra la garganta, entra el miedo y la rapta, se la lleva con el fin de que la otra persona no malinterprete esta cochinadilla gramatical y crea que le están dando atribuciones que no le corresponden. Mentira que sólo puede representar un sólo tipo de amor, que sólo se le puede decir a una persona. Mentiras infundadas que se vuelven realidades y que cuando se vuelven palabras sinceras, asustan, envuelven y deciden, controlan, quieren hacerse presentes. No sé qué tan bueno puede ser el hecho que de verdad se sienta por dentro cómo fluye, cómo ilumina e incita a la creación, a dar, a querer crecer e invitar a lo que sea que le quieras decir esta frase a quedarse en tu vida y compartirse.

Ya sé que sos sólo dos palabras insignificantes en una hoja de papel, pero en una vida, marca capítulos, historias completas, se enreda y se anuda en las personas que reciben esta frase, una frase que se sale hasta por los poros, que no deja vivir en paz, porque sabe que no es vida si no se aprende a decirla y recibirla. La cosa es que cuando sale esta tipeja, ya no hay forma de que entre de nuevo. Ella quiere que la reciban con los brazos abiertos, que no la dejen a la deriva, que no quede como un chunche o un par de palabrillas pegadas que pueden ser categorizadas desde diferentes ámbitos. ¿Que si la he dicho? Quizás, pero no sé si de verdad será decirla si no hay entrega y deseo de arriesgar. La juego muy a la segura y a la segura...lo único seguro es no saber qué es lo que pudo haber pasado.

Esta frase es como el que persigue en los libros de cuentos, de aquello que se trata de escapar, pero que aún en los sueños más profundos, una vez que ha decidido que existe, no cesa de hacerse escuchar y que requiere salir, la amordaza el miedo y esta lo muerde, intenta destruirlo, la calla y la ata al corazón con un ancla y no se puede liberar. Si la he querido decir, tal vez la digo con toda la frialdad del mundo, sin la calidez que da mi alma, sin una sonrisa, encerrada en una torre y que sólo se vea su imagen, no el cómo se siente, a qué sabe, a lo que huele, a los recuerdos que se entretejen, a las razones, a los deseos a ser bien recibida y que otra frase similar pueda salir de los labios de la persona a la que se le dice. La frase no nace sola. No nace sola cuando es insoportable como un mosquito en noches de bochorno, tiene que haberla incitado la chispa de este ente al que quiere darse. En el momento que esa frase nace y decide cantar, su contraparte se gesta también en quien la va a recibir, pero nunca se sabe cuando la otra o la de una estará lista.

Ya, frase, frase, frase, dejémonos de juegos. Yo sé cómo te llamás vos y que querés dejar de estar prisionera, pero entendé que cuando salgás, vas a ser real, genuina, que vas a valer la pena. De nada sirve manifestar a ese torbellino sin antes haber aprendido a entregarse y otorgar una parte de sí. Pequeña frase, para mí sos lo más grande del mundo y quiero que toques a ciertas personas nada más, que las beses, les hagas cosquillas, juegues dentro de ellas, que les cantes cuando se sientan solas, que les des recuerdos para que te lleven consigo hasta el día que dejen de respirar, que nos sintamos genuinas y puedan sentirte genuina, sincera, que valga la alegría, el dolor y esta tortura inmunda en la que me ponés porque querés salir y yo no me siento lista. Si alguno de ustedes que lee esto sabe que esa la siente llegar es porque así es, esperen pacientemente al día que yo sienta que la puedo dejar partir con gran entrega y con todo lo que implica, con sus raíces, con sus temores y sonrisas...por ahora se las dejo aunque siga en lo más profundo de mi ser, aunque se agite y que de verdad lo que quiera es cubrirlos...es quizás lo más importante que alguna vez yo les vaya a decir, jamás mentiría con algo tan esencial como lo es ese vínculo emocional que vas más allá de un simple "te quiero".

lunes, 28 de abril de 2014

Eiforya en el santuario.

Me hace falta llenarme las manos de tinta, de escribir historias que reflejen en un tejido casi misterioso el pasado, el presente y el futuro. Últimamente me he desconectado, se dijo a sí misma, no puede ser que haya abandonado algo que amo por falta de tiempo. Pasa el tiempo y sopla el viento, le besa la piel, la envuelve en un manto con olor a romero, a especias, a agua y a noche. La acompaña su fiel amiga negra, de cuatro patas, se sienta a su lado y ambas contemplan el cielo estrellado. Ambas vidas han cambiado y de alguna manera llegaron a encontrarse, a abrazarse en medio de mares infinitos de posibilidades. La cachorra que se parece a su ama, la mira con sus grandes ojos cafés y le recuerda que más allá del pasado o el futuro, hay cosas que siempre valdrán igual y una de esas es el amor. Ningún miedo se colaba en ese instante que podía comerse a mordiscos, a ser disfrutado como si fuera el último, el instante mágico que llena de vida.

Aprender a amar y ser amada no era cuestión fácil, se sienta a mirar el paisaje y a recordar todo lo que había pasado por tanto tiempo, el dolor, las risas, lo bueno dentro de lo malo y se dejó crecer. Crece dentro de sí un árbol, un árbol que poco a poco inserta sus raíces dentro de su corazón y cuyas hojas se convierten en sonrisas, que en algún momento brotarán flores y perfumarán toda su alma. Se siente árbol, se siente viento, fluye como agua y se sana como el fuego que quema sin parar. Le han dicho que es maga, pero no entiende a qué se refieren con eso. Se mira y ve su sonrisa, aquella que hace tanto tiempo había dejado de aparecer, se contempla y recuerda, recuerda cómo se siente ser ella, renacer. El silencio es un arma mortal, se dijo, ya no tengo por qué callar más. Su corazón dio un salto de alivio, como si suspirara en agradecimiento y se quebró en mil pedazos. Lágrimas rodaron, los barrotes de la carcel comenzaban a desgastarse y de a pocos se colaban dentro de sí los rayos del sol del amanecer, sentía como la llenaba, la iluminaba y la calentaba por dentro.

A pesar de que le digan que hay gente que se parece a ella, sabe que nunca hay siquiera dos gotas de agua que sean iguales. En algún lugar del multiverso sabe que habrá otra como ella, en otra época, en otro mundo, en otra galaxia, pero eran del mismo material, no era otra, era su piel, su mente, la unión tan especial que había entre estos dos era una de las conexiones que casi nadie suele tener y que es muy rara de encontrar. ¿Será que yo puedo hacer sanar? ¿Será que yo no pertenezco a este tiempo y espacio? Estas y muchas otras preguntas poblaban su mente. Sentía en ese instante que no tenía ataduras, que tenía alas, que era una guerrera y que sus batallas iban a ir más allá de lo visible, había algo que aún no terminaba de calzar en ella, algo que quería llevar consigo por siempre.

Huellas que quedan plasmadas en su mente y en su piel. El cambio y la transformación llegan todas a su paso, en su caso había algo que no comprendía, no comprendía por qué podía cambiar tan rápido, sanarse, hacerse escuchar a sí misma. Dar amor le daba miedo, miedo a que el primer viento se llevara el árbol que había tardado tanto en crecer, al que le comenzaba a crecer una enredadera suave que lo protegía del frío, que lo arropaba y le mostraba lo bello que podía ser el ver florecer, para que poco a poco se preparara, sintiera más confianza, se sintiera libre de ser. Toma miles de formas, se convierte, se lleva a sí misma dentro y ella es un todo y nada a la vez, es átomos, cuerdas, quarks, existe.

Su alma danza y se transforma, crece, crece y no deja de crecer. Se bebe el atardecer, abraza el presente y se colma de amor. A veces cuesta creerlo, a veces cuesta soñar y ver la paleta de colores, a veces, a veces todo pasa. Sabe que debe dejarse querer, que su independencia no es siempre su mejor aliada y que está bien en algún punto refugiarse y nada más recibir, en el vientre de la Tierra. Quiere renacer, quiere volver a ser un canal entre lo etéreo y lo terrenal, quiere cumplir con su propósito, pero tiene que pasar por la parte más difícil que es saber aprender a recibir, porque ya dar no le cuesta. Sonríe en su santuario, sonríe en la inmensidad, un tsunami la inunda y sabe que hay algo que la mantiene respirando, luchando, transformando, sabe que el mañana empieza hoy. Se deja llevar, se deja flotar, como espora que lleva el viento, cual semilla, cual árbol lleva un propósito escrito en su ser. Mira a su perra, su perra la mira a ella y ambas saben que hoy no es un día cualquiera.

~Nunca es un día cualquiera, cada día tiene su magia y cada uno de sus instantes está lleno de el elemento mágico, no es de extrañarse que adentro se sienta más cómodo esta vez. Un santuario en un pedacito de alma, en un poco de latidos que le recuerdan que está viva y que es parte de un multiverso, que es una de las hijas de Gaia.

lunes, 30 de diciembre de 2013

Resiliencia

Alguna vez alguien dijo que no tenía resiliencia,
como la de aquellas flores que crecen en la mierda.
Espuma de mar que se forma de desecho y es bella,
porque de lo efímero, nace aquello que es eterno.

Etérea como el viento, casi como un silbido fugaz
me escapo, viajo, me reduzco, perfumo y cambio.
Cambio, como las estaciones, la naturaleza y demás,
porque el origen no es destino y se hace camino al andar.

Me cuelo entre los árboles como una sonrisa de verano,
transformada en uno de ellos echo raíces, me elevo y crezco.
Raíces que me recuerdan de dónde vengo y me fortalezco.
Ramas que buscan el infinito donde el esfuerzo no va en vano.
Nidos en mi cabeza, cantos del viento, sólo disfruto cada momento.

A partir de mi madera hacen fuego, del árbol caído hacen leña,
que vibra, que quema, como mi alma que sigue viva y no cesa.
Soy fuego, que me mantiene despierta, día a día me da fuerzas
y lucho, lucho por brillar por más que me quieran extinguir.

Entre soplidos y un ir y venir de las fuerzas, se apaga el fuego.
Me convierto en cenizas y me lanzan de un cañón hacia el abismo.
Caigo, me desplomo y vuelo, libre al fin no esperaré hasta luego.
Caída libre entre el mundo y yo, entre lo que fui y lo que seré.

Cenizas que flotan, que lloran, que caen desde lo alto al suelo,
pero de un pronto a otro me transformo en fénix y alzo el vuelo.
Después de tanta fuerza, de transformación yo alcanzo el cielo.
Me apropio de él, es mío, soy, llego lejos, ya no estoy muerta.

Soy todo y nada a la vez, llena de vida y a la misma vez de muerte.
Con dos pies en la tierra y una mente indecisa que se la pasa divagando,
estoy en el límite, límite eterno, maravilloso, que me mantiene fuerte.
Rayo en un poco de aquí y de allá, liberación que me tiene respirando.

Respiro muerte y exhalo vida, transformo y crezco de las cenizas,
entre el dolor y el frío me doy cuenta que estoy aquí, sigo viva.
Trenzas sucias, manos chicas que toman cadenas y las hacen trizas,
un rostro aún infantil que está decidido a comerse a besos la vida.

Algunos siguen hablando sobre resiliencia, de las flores y la mierda,
pero otros salimos de ahí, nos transformamos en aves, evolucionamos.
Soy humana, fénix, árbol, espuma, fuego y viento, apegada a la tierra,
mas no le temo al cambio, a la brisa o al tiempo, a expresarme y afrontarlo.

Guerrera en la lucha por sobrevivir, a veces olvido cómo se siente vivir,
reservo un lugar tibio para dormir y soñar, para ser mi mejor obra de arte.
Una obra de arte infinita, eterna, que deja huellas y en metamorfosis total.
La resiliencia no es sólo florecer en la mierda, sino ser capaz de salir y luchar.



domingo, 22 de diciembre de 2013

Gritos.

Alienada, fuera de este mundo, con miles de voces que hablan dentro de mí, de partes que pelean entre sí y pierdo el control. Chocan y se gritan, se insultan y me destrozan, cada una de esas partes habita en mí y me sofoca, me hace sentir que no merezco estar aquí, que no valgo la pena, siento que no pertenezco a ninguna parte, existo por inercia, pero me duele sonreír, me duele amar. Me siento cansada, ya no sé qué hacer. Límite. Límite es al que he llegado, al punto de no regreso y donde se acaba el poco coraje que me queda al final del día. Mis sueños parecen desvanecerse en telas de araña, en navajas, en gotas de sangre que se cuelan, en esos deseos de perder la batalla y gritarle al mundo por tanta injusticia, por este y miles de abandonos. No entiendo por qué diablos a mí, si yo nunca lo pedí, yo no quiero ser así. Siento que no estoy atada a este mundo, que si me marcho de él, nada pasará. Sombras, sombras y gritos, fantasmas de un pasado, de lágrimas que no salieron de tanto dolor que nunca se habló, de cada vez que no fui lo suficiente y de cada grito de ayuda que pedí pero que no se supo escuchar.

Demonios que se alimentan de mí, de las pocas fuerzas que tengo cada día para sobrevivir, de un ambiente que me asfixia, que lentamente me ha ido matando y esta es la forma que tiene mi mente de huirle a tanto miedo, a tanto dolor. Aterrada y con insomnio, considerando contemplar la luna y las estrellas por última vez. Ya no entiendo, todo es tan intenso cual avalancha poderosa que no se apiada de nada ni de nadie, me deja fría, muerta, impávida ante todo lo que sucede. Desearía que todo esto no explotara como volcán en mi cara, sentir que no soy el problema, que yo simplemente quiero aprender a vivir pero no sé cómo.

Quiero entenderme, quiero dejar de verme a mí misma como mi propio peligro, como mi monstruo. Me gustaría no verme con desdén cada vez que me miro en el espejo, aprender a recibir. Que es algo que tanto me cuesta, tengo miedo a recibir y que luego se me retire porque yo no sé lo que es tener. ¿Tener qué? Tenerme a mí misma creo yo, aprender que merezco más de lo que creo merecer, pero no sé cómo conseguirlo porque ni yo misma sé qué es lo que desató todo esto. Entre violencia y gritos y tantas veces que me dijeron que estaba mal, ya no puedo callar más. Quiero o despertar y gritar y alejarme o simplemente callar, callar para siempre y que nadie me escuche jamás.

Ya fue suficiente. No sé por qué he decidido quedarme callada y destruirme, destruirme cada día más y dejarme llevar. "Ser agradecida", como si mi vida valiera una cantidad miserable de dinero y mi felicidad no fuera suficiente sacrificio para estas personas, estos fantasmas que dicen conocerme pero lo que hacen es robarme lo poco que me queda de energía para vivir. Es que cómo duele, duele tanto no recordar lo que es estar lleno, lo que es sentirse pleno, lo que es sonreír y no tener que pretender estar bien cuando por dentro estás más roto que un jarrón de porcelana luego de ser tirado al piso por un golpe.  Cómo se siente el que todos crean que es tu culpa, que no te esfuerzas y que día a día veas como todo tu esfuerzo se desvanece y nadie lo ve, que a pesar de que sentís que te querés morir ponés de tu parte y te enfrentás ante todo y crées que tod puede cambiar, que hay algo allá afuera que se sentirá mejor que tus manos alrededor de tu cuello intentando matarte, que la navaja cuando entra en tu piel y la rasga, la rasga en miles de pedazos y sangra, se siente bien, bastante. El dolor de adentro se va, desaparece por un par de momentos, sin embargo eso es perder el control y no ayudarte cuando has estado pidiendo ayuda por tanto tiempo y nadie ha querido escuchar los llantos a media noche, las quejas de cansancio, de todas las veces que querés desaparecer.

Mala, culpable, insensible, malagradecida, mimada, drama queen, lo que tenés no te hace para nada especial. Sí me hace especial, yo en sí debería ser igual de especial que los demás, no porque tenga estándares diferentes, sino porque yo fui deseada al ser traída a la vida, pero yo no la deseo ni ella a mí o no sé. Simplemente en este momento mis pensamientos me ahogan, ya no tengo un lugar seguro, mi lugar seguro fue violentado, se derrumbó ante mis ojos, mi cuerpo ya no es mío, desde que alguien decidió que insultarlo que ultrajarlo con su maldita violencia yo le pertenecía, que mis pensamientos son errados, que por ver las cosas a través de un cristal diferente yo nunca tendré la razón, porque sé que la vida es más que este maldito infierno en el que estoy y podría llegar a ser maravillosa, lo que no cura por completo este desastre, este dolor, estos gritos que pego en silencio y lágrimas que se ahogan contemplando la idea de desaparecer.

Me muero, siento que desaparezco. Inestable. Exactamente así estoy, inestable ante todo. Humana ante todo pero la ambivalencia entre el amor tan grande que siento ante la posibilidad de vivir y el deseo fuertísimo de morir me hace casi imposible el encontrar esa paz. Ese despreciar de los otros hacia mi inteligencia, que creen que es demasiado peligrosa para mí, esto de ir a mil por hora y no comprender que pasará luego, si vale la pena seguir respirando y no simplemente exhalar por última vez y dejar en este mundo el amor que me queda y reunirme con aquellos que nunca me silenciaron y me escucharon hasta el último momento. Siempre prometo no fallar, mas me he fallado a mí misma, porque no he podido defenderme, no he podido amarme a mí misma como debería, porque me enseñaron que amarme está mal, que mi cuerpo es básicamente la propiedad de otro que tiene control sobre él y que si le hago algo a él, yo soy la loca, la que no se esfuerza por salir del puto hueco en el que estoy pero sí es correcto cuando alguien más lo censura, lo maltrata y lo reprime.

Loca, irrespetuosa, cállese. Qué tonta soy al pensar que estas palabras son las correctas para tratarme. Es tan difícil explicarme o explicarle a los otros sin ser juzgada, que yo no estoy buscando más odio ni que me alejen más o que crean que lo que siento y pienso no valen nada. Estoy ahogada, se siente tan bien el fría en mi piel, siento que estoy viva, aunque sea una pequeña llamita está ahí dentro encendida y me dice que vivir un día más es bueno, que el dolor pasa, pero que una vida no se repone. Me gusta pensar a veces que no existo o que simplemente soy una ilusión, a veces me parto en dos y mi cuerpo se queda en un lugar pero mi mente, mi mente viaja lejos, se esconde y decide no recordar nada al día siguiente. Ya no siento fuerzas suficientes para levantarme cada mañana. Abro los ojos, veo la luz cada mañana y no sé cómo diablos será el día, que amanezco enojada, que amanezco ansiosa, que no entiendo y me irrito, que quiero gritar, encerrarme, alejarme de todos y desaparecer. Es como una maldita montaña rusa a la que no decidí subir, no obstante por alguna razón es maravilloso ser así, se siente especial, se siente como una válvula de escape de cierta manera y una extraña manera de aprehender el mundo que me rodea, que me ha enseñado a estar siempre atenta a la lucha.

Narcotizada, en crisis e ignorada, porque parece que todos los eventos que han ocurrido se olvidan al par de días y se cree que ya estoy mejor. Nada es más lejano a la realidad que eso. Ya no quiero comer, no quiero dormir, le estoy perdiendo el gusto a la vida, me estoy enamorando más de la soledad que de aquel par de ojos marrones y cachetes con pecas o de esos ojos verde musgo y el movimiento de su mano en el cabello que me erotiza tanto. Me he ido apagando, como que soy un cuadro viejo al que le cayó la lluvia y se fue destiñendo. Qué molesta que estoy con todo, cuán ansiosa y atemorizada me siento. Es que mi vida nunca ha sido mía, es que me dicen que tome las riendas de mi vida, pero se imponen ante las decisiones que tomo y si tanto les molesta, pues podría desaparecer. Entre viejos pensamientos, entre la espada y la pared, se encuentra mi vida. ¿Mi vida?

Espero a que pase la tormenta, sólo puedo esperar o escapar. Mi estilo no es escapar, pero siento que me falta el aire, que viajo a más de 200km por hora y que no sé cuando podré detenerme. Sólo quiero llegar a ese lugar donde pueda calmarme, donde pueda hallarme y decirme lo increíble que soy sin sentirme culpable por ello o que no sienta vergüenza sobre mi cuerpo porque en realidad no tiene nada de malo. Quisiera poder amarme, amarme tanto y amar, aprender a amar sin miedo, sin ese maldito miedo al rechazo, a no ser nunca suficiente para nadie y ser más una molestia o un error que una compañía amable y sincera que puede dar muchísimo y que puede recibir sin miedo a que existan segundas intenciones. Nómada, altibajos, tormentas del desierto y un temblor en el alma. Mi cuerpo se sacude y toma con resistencia cada uno de los embates cada vez que me voy a los extremos y no se siente siquiera el dolor y no existe un punto intermedio en este interjuego de situaciones que o me ponen en la cima del mundo o en lo más bajo y vil del infierno en cuestión de segundo.

Entre sueños, recuerdo a aquel que jamás me silenció, quien quizás era el que me mostraba su amor. Cada día está a mi lado y por quien daría todo. Mi temor es abandonar a la persona que me ama, que ha intentado ser mi escudo pero no se dio cuenta de los mismos embates que recibí con los años, que no notó cómo me fui apagando, que me dio un abrazo luego de hacerme llorar, porque el sentimiento era el correcto mas la acción no lo fue.  Por su sacrificio, por cada lágrima derramada y cada susto, por ella vale la pena luchar y ayudarla tanto como ella me ayudó a mí, pero necesito ayudarme, necesito alejarme...Hay tanto que necesito para poder darle, retribuirle, mostrarle que las segundas, terceras e infinitas oportunidades existen en la vida y que nunca es tarde para hallar la felicidad (espero conocer esta sensación con prontitud).

En mis sueños, una de las personas que más quiero, me toma de las manos y me pone tinta en ellas y nace de mis venas una enredadera con flores rojas, flores que viven, que llevo grabadas en la piel, tal como siempre la llevaré a ella conmigo, como esa marca indeleble que ha dejado en los últimos cuatro años de mi vida y que por más que no lo desee así, la deseo. No sé si me será correspondido pero en sus brazo también brotó una enredadera a modo de simbolizar nuestro vínculo que como enredadera crece cada día más y es duro deshacerse de lo que se ha cultivado. Por más que para los otros sea incorrecto o que les duela y deba esconderlo lo más que pueda, es un fuego que no puedo apagar y duele, duele tanto a veces, pero se sigue porque ver esos ojos brillar o un abrazo provenir de aquella persona es más que suficiente para vivir un día más. Porque quiero que sepa que la quiero, que la quiero tantísimo y le agradezco cada instante que ha estado conmigo y que siempre la llevaré conmigo.

A mi lado amo las pecas y la sonrisa de aquella mujer que me ilumina la vida, que ha estado en las buenas y en las malas y que ha aprendido tal vez a golpes que el límite a veces no es malo, que a veces estoy dentro y a veces fuera, que yo no vivo, que oscilo y que cada día a su lado es un regalo, por esa sonrisa, por esas lágrimas y por tanto que la amo, decido quedarme para poder seguirle diciendo que la amo aunque me cueste tanto últimamente pues ni siquiera sé si yo sigo siendo yo. Los días no son suficientes a su lado y me dibuja un dragón y un fénix, ambos mis guardianes, mis protectores y mis símbolos en esta lucha que acabo de emprender, una vez más, no obstante no la planeo abandonar. Duele, como duele este momento, como me sofoca, como es de impredecible y odio perder el control. Sé que voy a estar bien, que voy a mejorar, pero nada ni nadie, puede borrar este vacío, esta montaña rusa, esta herida abierta que grita por ser sanada y por el poco de amor que me queda, que me protege y me grita desde adentro: Ya no más.

~Lucho y lucho, porque ya por mucho tiempo dormí y quiero que mi voz se haga escuchar...Porque la máscara que llevo día con día, me pesa, porque ser un fantasma sólo me duele más,  porque tengo derecho a sentir.

martes, 29 de octubre de 2013

Printemps: un esbozo en otro idioma

Printemps je te prends, je ne sais pas si tu me connais comme je te connais, mais je veux me perdre en toi. Printemps tu me manques beaucoup, et je ne pense qu'a toi. Je veux courir et tout te dire, chérie, printemps de ma vie. Je regarde tes arbres dehors, dehors de ma fenêtre, et je me questionne si tu seras toujours encore là. Printemps, je parts bientôt, et pense très fort a toi, a ton visage, et je ne sais pas où aller pour m'enfuir de toi. Printemps je t'attends comme un enfant attend sa mère, tu me manques, ta sourire dans le vent et l'amour que tu donnes dans ta voix. Printemps, t'es un jardin pour me cacher, pour cacher mon corps, mon âme et les petites rires que je laisse sortir quelques fois. Printemps, attend moi, pour chanter un chanson avec toi, je veux être une avec la nature, le renaissance de la vie, toi...

Senta.

Tiene los ojos pequeños y grandes bigotes,
púas por doquier y dientes enormes.
Tiene las patas enanas y las uñas bien largas,
y un olfato increíble que todo capta.

Se llama Senta y habita su igloo,
sale de noche y alborota su frenesí,
se agita en su jaula y revuelca su papel azul.

Senta no habla, pero ella conforta,
ella canta a su manera al unísono conmigo
y una a una las penas confronta.

Ella durmiendo el día pasa,
de noche es cuando ella se levanta.
Me busca a la espera de verme llegar,
la tomo en mis manos para jugar.

Senta no me dice una sola palabra,
con sus sonidos de erizo ella canta.
Se mete en mi ropa, se mete en mis sueños,
¿Quién podría no amar a ese ser pequeño?

Ella me punza cuando anda de malas,
mas no se esconde nunca de mi mirada.
Se duerme en mi regazo, se regocija en sueño,
yo no le daría un mejor dueño.

Parece que Senta no tiene razón,
pero en sus ojos refleja amor.
Se mueve alocada en su frenesí,
Ella es de allá, de acá y de aquí.

lunes, 28 de octubre de 2013

Crónica de un diagnóstico: Día 2, lluvia

Llueve, llueve dentro de mi alma, llueve dolor, llueve oscuridad, llueven las ganas de desistir. Ya no quiero amanecer ni quiero seguir llorando. Quiero que este huracán se calme y se vaya lejos, lejos. Yo sé que yo puedo, que yo puedo salir de aquí, pero hoy la nube es muy pasada, esperaré a que pase el aguacero sólo por hoy...