miércoles, 11 de julio de 2012

Lugar

Hay un lugar quizás en el que las palabras no deban esconderse, ni los gestos, ni aquello que va bajo la piel. Tal vez en un apartado lugar de este universo yo sea la persona correcta para estar, se decía mientras se miraba las manos en el jardín. Quería pensar que estaba viva y que no había nada que ocultar, en aquel trozo pequeño de tierra, de paz, donde podía descansar. Por mucho tiempo no pudo sentirse así, era esa cierta época del año en la cual todo parecía desaparecer y poner en tela de duda todo aquello que pensaba. Un lugar para el alma tal vez, donde al fin pudiera ser sin miedo, un lugar bajo el sol, donde los sueños se hicieran realidad. Todos tenemos nuestros secretos y por más pequeños que sean, puede que lleguen a corroer por partes, aunque no hayan sido nuestra culpa pero de la misma manera decidimos ocultarlos...


Los obstáculos llegaban como hojas de otoño que caían de los árboles marchitos por el viento, cubrían el piso, pero a su vez tenían en ellos cierta belleza que los hacía un poco mejores y hasta melancólicamente bellos. Mucho había perdido pero a la vez mucho había ganado. Amigos que como aves al vuelo habían anidado en su corazón y se había marchado por culpa de la gélida correntada de egoísmo o de odio que un tercero había ejercido sobre ellos. Lamentaba ver las bajas que había tenido y recordar los momentos amables que había tenido con esas personas, el cariño que dio y recibió, pero que como una flor, se secó y quedó como un recuerdo de lo que fue. Posteriormente creyó haber encontrado una nueva familia, sin embargo al parecer un trabajo parecía ser más importante que aquella pequeña red de ayuda que funcionaba de apoyo.


No tenía sentido preocuparse por los problemas o injusticias de la vida, si ya de por sí la vida era injusta. Siempre iba a haber gente que riera cuando ella llorara bajo la lluvia o se sintiera encerrada en una jaula de oro que aunque tuviera todas las posibles condiciones de vida no era suficiente para sentirse libre, las alitas cortadas, puesta ahí sólo para cantar sus sueños sin poder alcanzarlos. Lejos de la brisa salada que tanto bien le hacía, de tantas cosas que podía sostener en sus brazos y sentir que merecía ese lugar que realmente significaba algo para el universo tan pequeño y a la vez tan pequeño en el que se encontraba.


Lentamente una leve sonrisa volvió a sus labios, había tenido cosas buenas también, algo invisibles para otros, pero al fin y al cabo eran suyas. No las más grandes, ni las más duraderas, pero había aprendido que todo en esta vida pende de un hilo y hay que disfrutarlo mientras el hilo se mantenga en pie. En un lugar de un jardín ella era un rey, no una reina, un rey. El rey con poder, fuerte, valeroso y a la vez un cachorro, asustado por el juego de pólvora. Quería crecer pero a la vez mantenerse así. No sería un vacío más en este mundo, no deseaba ocultarse más, no era mala, era como flores resplandecientes y aromáticas en primavera aunque la pusieran detrás del muro de un baño público.


Esperaba lentamente en algún lugar de su mente que su libertad llegara, poder al fin respirar, disfrutar sin tener que pensar en el después ni por quien era ni sus errores. Desaparecía, desaparecía en medio de sus tupidos bosques en su mente donde ella era dueña, ama del lugar, donde nadie podía amenazarla ni prohibirle nada, el único lugar que era suyo, sólo suyo. Sí, su mente y su alma, porque al parecer sobre su cuerpo decidían los demás y sobre su corazón también. Nada parecía pertenecerle, pero ahí, en ese lugar todo era suyo, nadie la interrumpía, era SU lugar, su hogar, al que nunca renunciaría, aún en dolor o en soledad, era su único consuelo ante la inminente realidad.


Decidió no ser una esclava más, decidió dejar su imaginación volar. Sí, había cometido errores, no sería la persona más perfecta del mundo, pero sabía que merecía más que las migajas de afecto o los vestigios de poder de alguien más. Lo quería todo, quería que por lo menos algo fuera de su mente pudiera darle fuerzas para no desfallecer en esa jaula de oro y mantener la esperanza de hallar esa llave y que sus alas crecieran de nuevo y pudiera volver a cantar. De a pocos le comenzaba a faltar la respiración, ya no quería cantar, sólo huir. Una idea en su mente, una fuerza extraña en su alma y una atmósfera distinta, no moría, no. Ardería más fuerte en su interior, para mantenerse cuerda, para no odiar a quien la lastimó, para no extrañar su felicidad, para mantener como suyo aquel hermoso Edén dentro de sí.


~Entregarse a la infinidad, la memoria se adueña de sí...Momentos pasados y presentes que siempre estarán allí, cada tono cada intensidad tiene un lugar bajo el sol donde se convierte en ave y vuela lejos o vuelan en cielos sin fin donde son libres y quizás, sólo quizás cuando las nubes blancas se vuelvan algodón...los sueños de una niña se harán realidad...

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