domingo, 8 de septiembre de 2013

Movimiento.

No sé de dónde vienes ni a dónde vas,
te persigo a ti como un sueño fugaz.
Espero al otoño no para morir y envejecer,
sino para que el árbol en mí pueda renacer.

Miles de hojas de colores de su tronco emanan,
del árbol dormido y olvidado en el centro del alma.
No te conozco, no sé quién eres, ni de dónde eres.

No te vi venir, ni te sentí pasar,
sólo conozco de ti el nombre y nada más.
Lentamente nace en mí un amanecer soleado,
se cuela entre mis dedos como un abrazo.

Vienes y vas, vas y vienes
te pasas la vida en vaivenes.

Te escucho pasar, te oigo reír, no sé quién eres.
Sólo sé que este ir y venir es uno de mis placeres.
Se ha ido la oscuridad y los rayos de sol iluminan.
Como dos extraños que lado a lado caminan.

Crece la bondad, crece el cariño
por un sueño desconocido.
Te espero y también te olvido,

No sé dónde vas, ni sé de donde vienes.
Sólo sé que es constante donde te hospedas.
Aquí, en mi alma tú también sueñas,
esperando que los caminos se crucen de nuevo.

No sé quién eres, ni sé qué me despiertas,
pero retoño en tu pensar y seré eterna.
Incorpórea, sutil, una brisa otoñal.
Te espero y te dejo, me despierto en un sueño.

Vas y vienes, me dejan perdida tus vaivenes,
pero es esta la locura de nuestras vidas.
Yo empaco y tú me olvidas, empacas y regresas,
preparamos maletas unidas y volvemos al inicio.

Esta vez no tomemos distintos trenes, dime de dónde vienes.
Estoy dispuesta a respirar contigo, a compartir camino.
Dos árboles que crecen o dos libres golondrinas,
Saber quiénes somos más allá de un nombre,
un palpitar que debajo del pecho se esconde.

Quédate un rato más esta vez,
quédate para siempre si querés.
Vamos lejos, viaja conmigo.






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