domingo, 29 de enero de 2012

Ecos

Las zapatillas de una niña golpeteaban el piso de madera, produciendo sonidos rítmicos mientras ella corría sin saber hacia donde o cómo, sólo corría en busca de un refugio o una salida. La casa desolada transmitía los ecos de sus zapatos, amplificaba los sonidos de las viejas tablas crujiendo bajo sus pequeños pies y el polvo había creado una pequeña capa sucia y negra sobre todo aquel lugar. Total silencio rodeaba a la pequeña, su miedo incrementaba de a poco conforme la oscuridad avanzaba y empezaba a cubrirla. No era justo, quería gritar, que alguien la abrazara, dejarse ir...Su pequeño corazón latía cada vez más rápido, su piel se tornaba pálida, sus pensamientos no la dejaban en paz. Esperaba que de un pronto a otro los adagios y sonatas se cambiaran por allegros o vivaces, pero simplemente el momento no llegaba.

Corrió hacia la primera habitación que encontró, estaba atrapada, su compañero de viaje se había perdido y la había dejado completamente sola en aquel lugar que le infringía tanto miedo. Días sin dormir, era imperdonable en su mente que alguien la dejara en un lugar desconocido, sin posibilidad exacta de salida. Voces distantes provenientes de la casa hablaban fuerte, contradiciéndose y afectándola. ¡Cállense por favor!-gritaba la niña, incrementando el volumen con cada segundo que pasaba, su voz aguda resonaba por las paredes, pero nada parecía callarlas ni disminuir los sables que estas disparaban a su corazón, lo arrugaban cual bolsa de papel y lentamente le hacían doler...

En aquella casa encontró un lugar dónde acurrucarse. Sus alitas del disfraz de hada estaban rotas, sentía que ya no podía volar, que ya no había magia cuando perdió su varita en algún momento cuando corría sin saber donde y no era capaz de volver sólo para buscarla, tenía miedo. Ya no podré volar, se decía mientras rompía en llanto. Su trajecito azul se llenaba de polvo, su cabello que antes había estado en un moño, se deslizaba por todas partes como las raíces de un árbol, sus mejillas rosadas tenían caminos cafés por donde las lágrimas se combinaban con el polvo y dejaban su marca.

Ojos oscuros que solían brillar cual estrellas, se presentaban opacos ante el silencio opresor y pequeños sollozos salían de su contraído pecho. Alguien sáqueme de aquí por favor, no podré aguantar más por mucho más tiempo, decía entre lágrimas, no entiendo nada, es difícil...La pequeña falda estaba hecha jirones al igual que las pantimedias y las zapatillas negras cubiertas de polvo. Una pequeña luna colgaba graciosamente de una cadena en su cuello y tenía un brazalete en su muñeca derecha, jugueteó un poco con ambas y luego irrumpió en un llanto más agudo. Lloró hasta que se quedó dormida y se dio cuenta de lo ciega que había estado y de lo poco que le agradaba la soledad, odiaba tener que escuchar sus pensamientos y como si eso fuera poco, las voces de aquel lugar.

Cuando abrió uno de sus ojos, pudo darse cuenta que alguien más estaba ahí junto a ella. Pensé que eras un cachorrito herido, dijo la otra niña que la miraba algo estupefacta, ¿qué haces en este lugar? Creí que estaba sola. La niña en traje de hada se pasaba las manos sobre sus ojos, era real, no estaba sola. Ven aquí, déjame darte un abrazo, no tengas miedo, yo también lo ocupo, también he sentido ese mismo miedo. La otra niña se acercaba despacio a la de disfraz, podemos arreglar tus alas si quieres, dime cómo te llamas. La pequeñuela de disfraz se acercó y dijo me llamo Luna y en realidad no sé si se puedan arreglar. Se sentía un tanto insensible después de traumáticos días sin dormir, hasta que sintió a la otra niñita abrazarla. Una sensación de calidez la embargó y sonrió un poco...Tal vez no saldrían pronto, pero tenía con quien hablar.

La casa dejaba de ser tan aterradora, menos aplastante, menos oscura. Aún en medio de aquel lugar tan tenebroso y de aquellas ansias de salir, podían escucharse un par de risas mientras reparaban alas, curaban raspones o hablaban de cómo habían adquirido sus cicatrices, jugaban y se tomaban de la mano si el miedo se intentaba apoderar de ellas. No sabían cuanto tiempo tardarían en salir de ahí, ni por qué, pero era un consuelo y existía una esperanza de que algún día todo fuera mejor. La otra pequeña de cabello y tez más clara no temía a los sollozos de la más pequeña, ni nunca la dejaba sola, despacito fueron limpiando el lugar y encontraron la varita de nuevo.

Las casas oscuras existen en todos lados, las lágrimas pueden venir, pero en cualquier momento y de la nada cuando pensamos estar solos, alguien puede aparecer y compartir, ayudar en esas situaciones en las que todo es un poco más pesado y se necesita repartir la carga. A veces llegan primero, a veces llegan después, pero son velas en medio de la oscuridad y alivio en medio de las tormentas. Simplemente es cuestión de curar un poco las heridas, remendar algunos harapos y remover algunas capas de polvo, proceso que toma tiempo, pero que vale la pena...Al final son los ecos de las risas y sonrisas, de miradas, de rincones soleados y santuarios que creamos los que en medio de la tormenta pueden salvarnos.

~Jamás olvidaré el eco de la primer sonrisa que te di.



martes, 17 de enero de 2012

Papeles Amarillos

A veces las horas se vuelven días y los días semanas, al final del tiempo ,si es que tiene, se convierten en meses y años que forman parte de un pasado. El reloj seguía con su melódico tic-tac en la sala de la casa y el sol aún penetraba por la ventana. Parecía estar buscando un objeto entre sus muchas pertenencias, sus palabras hacia sí misma se escuchaban por toda la estancia y todo permanecía en silencio. Quédate, recordó. El pez se agitó en la pecera y fue como si no estuviera sola. En medio del desorden y el caos, se suele encontrar por lo general no lo que se busca, sino lo que decide aparecer. Llegó a sus manos un papel amarillo, que casualmente no se había ido con los otros de su especie y se había quedado ahí, haciendo eco entre todos aquellos "tesoros" perdidos.

Respiró y lo abrió, una sonrisa se dibujó en su rostro, el olor le transportó a una tarde soleada del mes de abril, ¿o sería de mayo? Esta vez no importaba, podía sentir el sol sobre su rostro, filtrándose por los agujeros que se hacen entre las hojas y la brisa moviendo su cabello. Pudo volver al mismísimo instante donde su piel hizo contacto con la tierra y aquel olor que parecía calmarla y volver mejores las cosas. Recordó las palabras que había pensado en ese mismo instante: ¿Por qué será que nadie más puede ver lo que yo veo? Sintió su corazón una vez más palpitar de emoción, estallar al abrir los ojos y aquel sentimiento que hacía que todo fuera mejor a pesar de las vicisitudes. Toda aquella tarde volvió a ser suya y a calentar el frío que comenzaba a instalarse en su corazón...Las palabras hicieron eco: ¿Por qué nadie más puede ver lo que yo veo?

Supo que por más que quisiera no podría volver a aquella tarde, pero era suya y nadie podría quitársela. Leyó el papel, siguió sonriendo y decidió que no se desharía de él. Lentamente volvió a su realidad, lo atesoró y lo guardó en un lugar especial. Las cartas o conversaciones en papeles siempre eran capaces de transportarla a lugares que parecía que habían quedado atrás, cuando aún eran capaces de hacerla sonreír. Había cosas que no extrañaba y no se arrepentía de nada y otras que ya empezaban a hacerle falta. Muchas otras cartas lograban ese mismo efecto, pero ese día estaba marcado en la historia de su vida y lo consideraba uno de los más felices. Era algo así como un "checkpoint" de felicidad. Había pertenecido, había sonreído una y mil veces en un mismo día, de fijo había un antes y un después de aquella tarde...

En aquel mismo instante, hubo más de un recuerdo de años pasados y vio que no todo estaba perdido, que todo era simplemente una etapa. Tenía alguien que sostenía su mano, que hacía que las burbujas en la calle fueran más vívidas y que todo fuera mejor de lo que se esperaba. La música seguía sonando, miles de canciones seguían recordándole lo hermoso que había sido y podía ser si sólo había una oportunidad de ser valiente, de por una vez no huir del caos y en vez de ello, encontrar papeles amarillos como ese que le dieran el coraje para seguir luchando por un sueño, por más que sus alas se vieran pequeñas y rotas, todo era capaz de crecer, de limpiarse, de mejorar. Nada era un obstáculo.

Muy poco tiempo era necesario para saber que aquellas personas que arrullaban y a la vez intentaban ayudar, tenían una razón de ser, una razón para hacerla sonreír, aquellos pares de manos que llenaban de colores los días, con quienes no era necesario tener que ponerse un maquillaje. Disfrutaba de cada instante, en cada episodio de su vida había existido un papel amarillo que había hecho que cada día valiera la pena,que cada instante fuera mejor que el anterior. No hay armonía sin caos, dijo al deslizar los dedos por la cubierta del libro que contenía el papelito. Quizás había cambiado un poco aquel día, quizás...sólo un leve tal vez se paseaba por su mente...

Muchos habían entrado y salido, no era cuestión de pertenecer en un sólo lugar, sino la capacidad de oscilar, de adaptarse, de la versatilidad, algo llamado plasticidad. La belleza estaba en pequeños detalles como ese, su mejor rasgo era su sonrisa y su mejor imán era la calidez. Los altibajos eran comunes, la felicidad no tanto, pero era un propósito. No es cuestión de fragmentar, sino de unir, de dar forma, de compartir aquel "sentido" que en realidad es cuestión del camino, no del destino en sí. El tiempo no para, continúa su marcha y no le importa si hay o no una razón para dar el cien por ciento, de no dejar el ensayo. Puede que se pierdan muchos, pero la presentación final es la que cuenta. Despacito el proceso inicia, es gracioso cómo a partir de un sólo papel, se quiera lograr todo, de no abandonar algo que ya se daba por perdido.

Cada momento había valido la pena, ver cada una de esas sonrisas, haber sonreído con ganas y haber entregado sin miedo. Confiar. De vez en cuando o muy a menudo uno que otro error del cual aprender, es ahí donde sin una cosa no se ve la otra. Sin miedo, sin ver los obstáculos, se pueden ver aquellos papeles amarillos o de otros colores que hacen que cada vez que haya que se quiera abandonar, no sea posible. Un sueño no se alcanza por sí mismo, el empeño, la dedicación, el contexto. Todo forma parte. Un nuevo recuerdo se había escrito esa tarde, bajo un ciprés y una promesa, donde el tiempo voló y donde no hubo más que risas y cariño. No era momento para el miedo, era hora de volver. No de un sólo golpe, sino aceptando lo que asustaba aceptar. De a poco todo podría ser mágico.

Esta tarde, posiblemente lo que se buscó, no se encontró, muchos segundos se perdieron, muchas cosas sucedieron, pero una flor ahí dentro, comenzó a abrirse, a recibir los besos del sol. No importaba si aparecía o no, lo que importaba era el impacto. Aquel sentimiento de paz seguía ahí y no se iría, la acompañaría en cumplir su destino, en aceptar. En medio de todo, no estaba como pensaba que estaba. Roces, choques, miedos, obstáculos iban a estar ahí, la cuestión era ver a quien se le daba el foco, si a lo que se deseaba o lo que aterraba. Una vida vacía y obra de teatro o una vida real. El camino no sería fácil, pero valdrá la pena al final. En momentos así, los papeles suelen aparecer, cada uno a su debido tiempo, fluye. complementa, dan fuerza y se quedan en un lugar muy cercano al corazón. Sonrió una vez más y tomó la s riendas, era hora de hacer los sueños realidad

Para aquellos papelitos, que muchas veces se pierden, pero que siempre están ahí, por más que los demás se pierdan o se quemen. Es cuestión de darlo todo, de pensar que no hay nada que perder. Y en la hamaca, cerró los ojos, mañana será otro día y valía la pena empezar bien. N0 importa si siendo inocente fiel como un animal que no fragmenta y reacciona cuando debe o desconfiado como un humano. El fin último es la felicidad y compartirla, no retenerla. Cualquiera no es tan pobre como para dar una de esas curvas que valen más que cualquier otra cosa o un abrazo...

~A mis papelitos que siempre tendrán un lugar aquí, lo más cerca de mi alma.

viernes, 6 de enero de 2012

Comienzo

Comenzar un año de la mejor manera, no sé si exista tal cosa, pero si hay algo que se le acerca mucho podría ser el hecho de ver una sonrisa y brillo en los ojos de alguien más o recibir un grato abrazo de felicidad. Esas pequeñas cosas que hacen que las tormentas valgan la pena, no es tanto lo que se necesita para ser. En realidad no hay mejor sensación que aquella de sentirse bienvenido en el mundo de otro, es no sentir miedo solo, sino saber que alguien va a dar la mano en algún momento. De momento la calidez y cariño, han hecho de estos primeros días del año algo maravilloso, espero que se mantenga así los 360 días que restan y que al mirar atrás todo haya sido ganancia...

viernes, 30 de diciembre de 2011

Alarde y agonía en noviembre


La idea no es la misma, la esencia ha decidido que no quiere ser usada más, que no quiere ser un trazo más donde debería ser apreciada también. Al parecer nunca nada está bien y lo único que quiere es estar en la rama más alta del árbol donde nadie la pueda alcanzar, donde pueda descansar del brío, donde el dolor no exista más. Cerca del sol, cerca de las estrellas, de quienes siempre estuvieron ahí para escucharla y no la dejaron de lado hiciera lo que hiciera, estaban ahí...era lo único que permanecía a través del tiempo.

Me aferro al árbol, mis lagrimas caen en su raíz y se vuelve parte de mí. Siempre olvidada, siempre dejada de lado. La naturaleza nunca parecía abandonarme, estaba cuando no tenia a quien correr, cuando no había nadie que me diera fuerza o que escuchara mis penas. Diré que extraño el viejo árbol de limón y al de níspero también que me vio crecer, que me sostuvo en sus ramas y me dio lo mejor de sí.

Amor era lo que sentía por aquellos seres llenos de ramas y hojas que me sonreían a pesar de todo, pero aun así se secaron y están muertos aunque su alma vive en mi memoria y me consuela al recordar cómo jugábamos juntos o las largas conversaciones que solíamos tener. Mi lugar seguro, mi refugio, mi santuario.

Estoy hecha de lodo, una mezcla de tierra y agua, de verdad y mentira, de soledad y melancolía. Aquí estoy una vez más entre nunca y jamás. Entre el hoy y el ayer en una invariable gris, el tiempo se detiene y yo también. Dejo de respirar y me voy, dejo que todo mi ser desaparezca en un suspiro.

Ve, busca quien llene tus expectativas con flores blancas. Ahora cierro mis ojos y me convierto en uno de ellos, en un árbol que apunta al infinito, un árbol con historia, esperando que llegue el día en que alguien me ame, como yo los amé a ellos, que me sepa escuchar y no sea un árbol más, descuidado en el jardín...

lunes, 19 de diciembre de 2011

Días como hoy

En días como hoy...daría lo que fuera por un segundo más en todo aquello que creí que era mi mundo, por sentir el sol de la misma manera, por voltear a ver hacia arriba y ver un par de ojos brillantes como los míos en otro color y ver felicidad. Sé que no está bien mirar hacia atrás ni preguntarse qué pudo ser, pero a veces simplemente sueles extrañar ciertas cosas que quedaron atrás. Es incorrecto, está mal, mas pasa, más a menudo de lo que uno cree. Dejar ir, fluir; decirlo es fácil, sin embargo llevarlo a la práctica es lo complicado. En los días fríos no desear un abrazo o recibir una llamada con una voz cálida que te haga sentir especial y te recuerde lo maravillosa que eres...

Se escucha una y otra vez la misma canción, los mismos recuerdos salen a relucir, perder nunca es hermoso, a menos que sean un par de kilos. El mismo olor recorre la habitación, los mismos colores y lastima, lastima saber que la puerta se cerró y que por al menos un segundo, quisieras volver ahí y atesorarlo lo más que puedas, sostenerlo en tus manos, admirarlo, sentirlo... No sé dónde van las cosas una vez que se han ido, ya no quiero seguir huyendo de ellas, quisiera no estar sumergida en algunas de ellas, quisiera...

Tal vez dejar todo a un lado y volver a ser una princesita y creer en cuentos de hadas, volver al lugar que llamaba hogar, que casualmente se muda con cada persona de turno. No sé hace cuánto emigré o cuando el príncipe azul se convirtió en bestia, simplemente las cosas suceden y no paran de suceder...se dan, cambian y llegan otras. Por más que se desee no recordar, no desearlas de vuelta, son minutos que se han ido, días que no vuelven y que en el momento debiste apreciar, porque no se sabe en qué instante ya no van a estar más. Todo es tan impredecible, tan loco, tan...incomprensible.

Las lágrimas no son más que las ganas, más que sueños, la rabia de la impotencia. Casualmente vivo corriendo tras mis sueños, algunos que ya quedaron atrás, pero como cometas, corro, corro tras ellos. Una nómada con muchos recuerdos al hombro, inestable, tratando de sonreír a pesar de las tormentas, viviendo a veces rápido, a veces lento, buscando algunos días un refugio y otros libertad. En días como hoy, quisiera tener dónde volver, en días como hoy quisiera escuchar una vez más esa voz, sentir esos brazos...las palabras de "jamás te dejaré ir", hoy no son más que ecos en las paredes de este cuarto, más que vacíos entre las grietas de las horas que pasan...

En días como hoy miro hacia atrás y deseo sentirme así una vez más, miro lo que hay hoy, un lugar desolado y listo para reconstruirse tras una guerra nuclear e intento mirar hacia el futuro, donde tal vez para entonces haya alcanzado mis sueños y mi mundo esté reconstruido, quizás más moderno y más colorido, posiblemente hermoso, como un oasis en medio del desierto y también puede que me sienta mejor que ayer...Aunque no lo negaré, en días como hoy, tiendo a extrañar tu risa y tu olor, a desear que unos brazos rodeen mi cintura o que unos ojos le aseguren a los míos que no se caerán al vacío...

~Y hay días de días, en los que a veces las partidas duelen más...

martes, 6 de diciembre de 2011

Nueva palabra

En una de las tantas noches en la cocina, escuché una nueva palabra que me causó mucha gracia. Orgullosa de mis orígenes Catrachos me animé a preguntar qué significaba tan singular palabrilla que se me pegaba al cielo de la boca. "Chambrosa". Mamá, ¿qué es chambrosa? En palabras simples: una vieja metice y chismosa, soplona pues. Es en este momento que suelto una carcajada burlona y decido aplicarla de una vez a mi vocabulario común. Estoy feliz de tener dos culturas mezcladas en mí, además de un par de excentricidades.

Chambrosa: Dícese de la persona metiche, que se mete en lo que no le importa y lo cuenta a todo el mundo, por lo general acompañado de algún otro tipo de improperio.

Cada día aprendo cosas nuevas y la cultura que vive en mí, se amplía un poco más conforme crezco. Ahora podré decir: Puchica! Esa mae sí es chambrosa!

lunes, 5 de diciembre de 2011

Sonrisas en el cielo

Todo comenzó como un día normal, el viento frío de la mañana y la voz fuerte diciendo no llegarás a tiempo. Se levantó y puso el agua a hervir, esperó a que la otra persona saliera de la ducha y desayunó. Al tiempo tomó una ducha, sin pensar mucho en lo que haría más tarde o dónde iría. Nada parecía ser diferente, solamente parecía un día más de diciembre, un día más del año que se escurría entre los dedos, pensaba esto mientras lavaba su cabello largo. Cerró la ducha y comenzó a secarse, luego se vistió y cuando estuvo lista se despidió de todos. Tomó el bolso y con una sonrisa se despidió. La puerta de la calle se cerró, tras ella se escuchaban canturreos de felicidad y había sol, era un día hermoso sin lugar a dudas.

El autobús tardó un tiempo en llegar y estaba repleto de diversas personas, cada una en su mundo, en la presa, en la hora que llegarían tarde a su trabajo. Parecía que nadie ponía atención completamente a los demás en el autobús, pero los ojos de la muchacha se movían de un lado a otro, observaba, miraba fuera de la ventana y sonreía porque había sol, un día cálido y despejado, valía la pena haberse levantado tan temprano. Agradeció al chófer del bus con una amplia sonrisa y un "que pase un buen día". Caminó como flotando, a pesar de que iba tarde, no tenía la menor prisa, pretendía disfrutar cada segundo del día, sonreía al ver todo el colorido en las avenidas, sentir el viento fresco en su rostro, era feliz.

El segundo autobús tomó su rumbo, llegó a su destino y descendió de él. Caminó hasta donde le correspondía y supo, que no había otro lugar donde desearía estar, que se sentía cómoda en aquel mundo de locos, de personas que eran ellas mismas, sin importar lo que otros pudiesen pensar. Era afortunada, había tomado quizás uno de los caminos correctos, tal vez no el más fácil, ni el más aceptado, sino aquel que había indicado su corazón en un momento deliberado. Las decisiones son lo que marca la vida de una persona, no su origen. Su origen está ahí, pero el curso de la vida puede cambiar, según la perspectiva con la que lo tome...

Poco a poco, fue notando que cada vez la apasionaba más, que le encantaba ver cómo el campo biomagnético del corazón era mayor que el del cerebro, las almas eternas y activas, todo tal y como lo había pensado y sentido antes. Por lo pronto se limitaba a escribirlo y sonreír, comprender que había una razón detrás de todo, que ella misma, podía cambiar al menos a sí misma y a unos cuantos otros con su sonrisa. La otra muchachita a su lado hacía lo mismo, pero con menor entusiasmo. Abrazó a una de las conferencistas y le dijo que agradecía que la hubiese ayudado a entender, a mejorar.

Ambas chicas tomaron el autobús, una hacia lo desconocido, otra hacia su paz. Hablaron todo el viaje, hasta que fue momento de descender y caminar hacia el camposanto. Apenas entraron en él, la joven de cabello negro sintió la ventisca fría y tuvo miedo, mientras que la otra chica de cabello castaño, buscaba la tumba que necesitaba visitar bajo el sol. Ahí es, señaló una pequeña lápida, acompáñame. Se sentó en el piso y comenzó a hablarle, a contarle en silencio todo lo que había vivido ese año, la gente que conocía y cómo la extrañaba, le dijo cuánto la quería. Nana...no sabés cómo me cuesta cumplir mi promesa, pero lo intento...espero que estés orgullosa de mí. Le habló por largo rato y luego miró a su amiga y le dijo: ya estoy lista...ahora busquemos a mi mamá.

Caminaron de vuelta y buscaron la tumba, la chica de cabello castaño parecía no encontrar la tumba, tenía años de no ir y le hacía falta hablar con ella, hacerle saber que había ido a verla. Buscaron sin éxito y se encaminaron hacia la oficina donde le indicaron lo que temía, no podían encontrar la tumba por más datos que diera. Acabó llamando a su casa y pidiendo al menos una pista. Cuando le dieron las señales, empezó la búsqueda de nuevo. A pesar de todo, no pudo hallarla, no la recordaba. No la encuentro, Silvia, dijo la muchacha de pelo castaño. Hablale Luna, no importa si no es la tumba o si lo es, dile algo.

Estaban frente a una tumba gris, sin lápida y Luna comenzó a hablarle en su pensamiento. Luna, ya no siento miedo, dijo Silvia, el viento sopla más fuerte aquí...pero no siento miedo. En ese momento Luna intentaba hablar con su madre, decirle cuanto le agradecía la vida que le había dado, los dones que tenía, que esperaba estar haciendo las decisiones correctas, lo mucho que la amaba... De pronto, Silvia la hizo mirar hacia arriba, un enorme arcoiris se encontraba sobre ellas y sonrió. Siguió hablando con su madre y como punto final dijo que quería hacerla sentir orgullosa de haberla traído al mundo y que si había llegado era porque tenía un propósito. Tu mamá te ama Luna, dijo Silvia. La abrazó y se quedaron así por un tiempo. Al poco rato, Silvia la hizo mirar de nuevo al cielo...Esta vez una media luna se encontraba sobre ellas. Sonrieron y el cielo se había despejado.

No había una razón aparente para el arcoiris en un día en el que no había llovido del todo y el calor era sofocante. Un arcoiris tan intenso y la luna sobre ellas en pleno día. No habían motivos, no era algo controlable, sólo en ese sitio se sentía el viento tan fuerte, pero a la vez tan cómodo. Salieron de ahí, una sintiéndose más completa y feliz de entender los mensajes que se le daban y la otra, segura de haber vivido uno de los mejores días de su vida. No porque alguien se haya ido, signifique que no pueda escuchar. El alma es inmortal, se manifiesta en energía, en brisa, en lo que nos rodea. Sonrisas en el cielo, aquellas que sin hacer mucho te hacen entender que están ahí y que te aman. Por lo pronto es mejor darlas cada día en persona cuando se pueda, para en algún instante cuando hayamos partido, escribirlas en el firmamento.

~Con amor para ustedes dos...Gracias por decirme que aún están ahí. (: