sábado, 31 de marzo de 2012

Algodón de azúcar de cereza.

Las tardes soleadas tienden a ser hermosas siempre, la manera en la que el sol logra filtrarse entre las hojas y como esos rayitos dorados son capaces de devolverle la magia a todo con un simple toque. Rodearse de arte, de naturaleza, de tomarse un respiro de cada una de las actividades diarias y quedarse en un país de ensueño donde nadie es rey, donde no hay máscaras ni gotas de lluvia que arruinen días, sino que los mejoren.Correr como una niñita o hacer sonidos agudos de emoción en un lugar lleno de estímulos, de colores, olores, sonidos que le hagan el amor a tu cerebro y acaparen tu atención, aparte de un insistente viento que se ponga juguetón con tu cabello y una sonrisa que te acompañe, igual de sorprendida que vos, descubriendo un nuevo lugar y llenándose de él. De nubes de azúcar rosadas que se deshacen en la boca dejándola tibia y de agua tranquila que parece un vasto espejo verde que devuelve un reflejo de ojos, de brazos, de caricias que se dan en el atardecer.

Por más increíble que parezca, muchos de estos días perduran y continúan hasta en los días más oscuros, cuando una de estas memorias calienta el alma en tiempos de una pérdida, cuando llega el momento de estar ahí no sólo para hacer reír, sino para sostener la mano, para hacer saber que se está ahí a pesar de que nada se puede hacer, más que quedarse allí. Secar lagrimitas que aún no han salido detrás de unos ojos fuertes, pero que buscan un refugio y brindar un hogar cuando se siente que no hay lugar donde ir. Segundos donde nada importa más que un leve esbozo de una sonrisa, de tener un lugar donde reclinarse y esperar a que pase la tormenta bajo guerras de tubos de plástico o juegos infantiles que no se tuvieron antes. Instantes donde uno realmente demuestra lo que es, huye o se queda; pero no hay oscilaciones. Segundos o quizás horas donde lo único que importe es que después de todas esas lágrimas, pueda haber una pequeña sonrisa, acompañada de una sensación de afecto, que se sienta que no existe nadie más en el mundo en esos momentos que esas dos personas fundidas en un abrazo en silencio.

Con el pasar de los minutos, se ven más amaneceres que tardes oscuras en esos ojos que antes solían ser tormentas intensas, más frases dulces que momentos amargos. ¿Son cuestiones meramente espaciales o temporales? Sinceramente son cosas que no cambiaría por nada del mundo. El reflejo de mis ojos en otros que esperan ansiosos un movimiento llenos de brillo, de cabellos ondulados que se enmarañan en mis dedos y albergan las hojas que caen de los árboles, de dedos que se entrelazan y se toman con fuerza. Aquella cercanía y calor en medio de tanta gente pero que sin ser así se vuelve el centro y permanece ahí. Esos pequeños instantes donde el dinero y las grietas, los vacíos dejan de existir y lo que está unido no está mediado por ellos, ni por lujuria, sino por algo aún más profundo. Aquel aroma envolvente, piel radiante, curvas que desaparecen y se redescubren bajo mi tacto y otra curva que renace en todo su esplendor en sus labios, en una realización de su esencia.

Y es que con cada día este roble crece con más y más fuerza, sus raíces se extienden en las entrañas de ambas, se anclan y crean. Limpian las viejas heridas con su savia y deciden crecer, llegar cada vez más y más profundo, alimentan y se alimentan de ambos seres, se vuelven macizas, fuertes en su intento de ser indestructibles. Se vuelven impermeables al fuego y más bien llevan dentro de sí un poco de este y arde por dentro. El tronco comienza a desarrollarse a salir, a mostrar pequeños y eventuales brotes. Y no es la cantidad de tiempo, sino la calidad del mismo, de los eventos, de la intensidad con la que transcurren cuando todo lo demás parece detenerse en un latido.

Si por cada pensamiento que tengo, surgiera una flor, mi jardín se extendería a lo largo del universo cada vez que te observo abrir los ojos o quién sabe, por cada vez que cruzas mi mente. Porque una parte de mí ya creó un hogar, un pequeño castillo de luz y suavidad, en el que cabemos, en el que sólo entrará a quienes les permitamos la entrada, pero que al fin y al cabo nos pertenece. Dos almas que crearon un sueño, que esperan alcanzar y construir, que se acomodan en un firme pero cariñoso abrazo que se prolonga al infinito... Es un sitio de descanso, de reparación, de ilusiones que en alguna otra ocasión pudieron haber parecido imposibles. No son vectores, ni mediciones, ni explicaciones racionales lo que está ahí, sino algo en lo que simplemente hay que creer y desear, defender y con cada día que pasa, adorar aún más...

~Porque si tus ojos fueran océano estaría sumergida en ellos todo el día, me perdería en ellos si fueran bosques, los recorrería palmo a palmo, no me alcanzaría la vida entera para conocerlos del todo o para adorar cada rincón de tu ser. Pero para mí, esto es como un algodón de azúcar de cereza, que se deshace en mi boca, que me inunda de ternura, de dulzura, de tibieza y felicidad. De esas sensaciones que relajan mi cuerpo, perduran y dejan huella tanto en mi memoria como en mi alma. Cuyo sabor hará eco hasta el final de mis días, que me acompaña hasta en mis sueños y que espero prolongar su presencia holista, integradora y esta unión hasta que mi respiración cese para siempre y ya mis ojos se hayan cerrado a este mundo junto a los tuyos...

viernes, 2 de marzo de 2012

Fénix.

Creo que no he visto ojos así antes...Dijo en su mente mientras la veía a los ojos y el sol apenas rozaba sus rostros. Un par de ojos marrones brillaban frente a los suyos sobre un mar de pecas, reflejaban un profundo cariño y alegría pura. Una mano cariñosa pasó por el rostro pecoso y le regaló una caricia. El viento sopló y les recordó la hora, asunto que poco importaba, los sweaters hicieron su aparición estelar y se acurrucaron un poco más. Otro par de ojos oscuros desaparecían bajo una cascada de cabellos del mismo color, tras unos lentes. Era un momento digno de ser captado y sin ser así, se había convertido en el mundo de aquellas dos personas, bajo aquel árbol, rodando en el pasto y riendo al unísono. Risas y momentos infantiles, puros y sinceros, sin el más mínimo miedo, alegría embotellada en dos cuerpos que perfumaban el ambiente con sus vibras universales y que de a pocos cambiaban el resto de energías a sus alrededores.

Su risa hacía juego con su cabello ondulado y se veía más bella de lo usual. Natural...El mejor accesorio que se puede pedir. Ondas entre sus dedos que se tornaban en rayos de sol al rozar su rostro, ondas que la hacían dudar de su sanidad, que hacían un marco perfecto a uno de los rostros más hermosos que había conocido. Un rostro sembrado de pecas que le daban un aspecto inocente a todo lo que les rodeaba, con un tono un poco más oscuro que aquella piel tersa con olor a campo primaveral y de tono melocotón...Y una nariz que lejos de ser imperfecta, hacía juego con el resto de su cara en una creación armónica. No podía dejar de verla y captar todos los secretos que la Madre Tierra había encerrado en aquellos ojos almendrados y profundos. Además de todos aquellos minutos, momentos, silencios y sonrisas que se escondían en sus labios que sutilmente se tornaban en la mejor curva de su cuerpo: su sonrisa. ¿En qué piensas pequeña?-la interrumpió. Sacudió su cabeza, la acarició y respondió en un susurro que nada.

Todo aquel tiempo, se reducía a cada instante, cada día construía el siguiente y los que vendrían. Su mano tomó la de ella, sintió cómo el tiempo se detuvo y nada importó más, aquel lugar y aquella persona eran su aquí y ahora. Todo se resolvía en función de aquellas constantes tan variables. Seguridad, armonía, palabras sin decir se acumulaban en aquellas manos blancas y tersas. Tanta historia de pérdidas y victorias,en aquellos brazos, marcas que habían dejado las penas y los silencios y aún así eran los más hermosos del mundo, un hogar tan cálido, un lugar sin máscaras...Tras horas de búsqueda sin éxito y sorpresas no agradables, el día igualmente había valido la pena. Más de cinco horas de felicidad valían tanto la pena, como ganar de nuevo esperanzas en batallas que se creían perdidas tiempo atrás, sujetándose a sueños nuevos que perseguían cual cometas en el cielo de verano.

El miedo al cambio llega hasta cierto punto, una batalla que debe lucharse con luz, no con miedo se avecina. El balance es difícil de lograr cuando hay algo que no se quiere perder. En el frío envolvente de la noche, después de una confirmación de lo bien que se complementan, tiemblan y lloran de miedo; sin embargo saben que vale la pena que aquel mundo que han construido vale cada esfuerzo, cada lágrima, cada segundo y cada respiración. Sus cuerpos fundidos en un abrazo que desde su infancia no habían vuelto a sentir, tan puro que no se distinguía la energía de cada una...Rostros que se esconden en la oscuridad bajo el cabello de la otra, que calzan entre sí...Dos almas que comienzan a arder cual fuego, mostrando su fortaleza, cosechando su amor propio para luego tener el suficiente para compartir con los demás, venas recorridas por energía que cual agua va sanando viejas heridas y devolviendo la fertilidad a las zonas que se pensaban secas.

La luna como testigo de aquel silencioso pacto de valentía y lealtad. Bajo esas dos palabras se cobijaba una aún más importante que era el compromiso, aquello de repartirse partes iguales en la tarea de cultivar aquel jardín que en un principio había sido tierra árida, de ver cómo las semillas se iban desarrollando y creciendo, cambiándolo todo, transformándolo en vida nueva. Aquel regalo que conllevaba respeto, un renacer, el despertar de una vida llena de oscuridad a un amanecer diferente, el paso de invierno a una primavera. De como una sonrisa había sido una tabla de salvación para mantenerse a flote y parar aquel proceso de destrucción para suplantarlo por un regreso a la inocencia.

Bajo la luz de la luna, su rostro resplandecía y reconoció de esta forma por qué las descripciones de los griegos eran tan largas, porque realmente no habían palabras suficientes para describir la belleza de esta mujer, su aura, su perfume y lo mucho que le importaba y valía, los cambios que había hecho, los momentos dignos de ser recordados, las miles de fotografías, risas, momentos y sonrisas. Lágrimas compartidas y días soleados..todo en aquel rostro y todo lo que le hacía sentir... Dos esencias totalmente opuestas y vibrantes, en colores distintos, en envases provenientes de diferentes moldes, irrepetibles. Era como sostener un atardecer entre sus brazos, un milagro más que le mostraba de lo que era capaz el universo y un cambio de visión. Tomadas de la mano, hasta el fin del día, atardecer y amanecer bajo lunas menguantes de plata. Una corta despedida, pues sabían que la promesa se había renovado, más fuerte, más sólida...La palabra de aquel día había salido de sus labios era consolidación, aunque también valía la pena decir certeza de que luego de haber hecho todas las decisiones incorrectas, esta era la correcta, que todo conspiraba a su favor.

~Porque esos ojos me devuelven el reflejo del mundo, del universo y la felicidad que se esconde en cada pequeño detalle...Que renacer es posible y como aves fénix, podemos resurgir de las cenizas y convertirnos en creaturas maravillosas con un poco de amor y de esfuerzo.

viernes, 24 de febrero de 2012

Un pedacito de Paz

Si mal no recuerdo fue en julio cuando supe de su existencia, de la ilusión de una nueva vida en la sonrisa de una madre, de un niño corriendo impacientemente por el piso del establecimiento y de estarlo correteando para entretenerlo y ponerme a pintar con él. MI memoria no falla y aún puedo sentir la sonrisa de ella hablando de su nuevo hijo, de lo feliz que se había sentido al saber que venía en camino. No sé, Paz siempre estuvo ahí, supe que venía en camino y estoy feliz de que me haya elegido a mí como una de las primeras personas en enterarse que venía en camino. Preguntaba por ella, por cómo iba todo el proceso y de pronto...saber que había algo mal con ella y que no sobreviviría fue una noticia bastante fuerte de tomar.

Todas aquellas ilusiones, momentos que se habían planeado parecían desvanecerse ante la duda de qué pasaría luego, del siguiente paso a tomar. Aún así, permaneció ahí dentro. De una u otra forma estaba presente, en momentos, en recuerdos, en ocasiones que pasaban a veces desapercibidas, pero crecía, se manifestaba y traía unión a todo aquello que por mucho tiempo se había separado. Muchas veces devolvió vitalidad o ganas de vivir a muchos otros. Por mientras ella crecía, mi vida se había vuelto quizás un pequeño desastre, un torbellino...No sé si de una u otra forma estoy relacionada con ella o haya algo que me una a Paz, aunque puedo decir que me marcó.

Por coincidencia...o quizás no. Nació dos días antes de mi cumpleaños, el mundo la conoció de manera física. No la vi, no sé cómo era físicamente, pero pude sentirla vibrar por unas veinte horas a lo sumo y no podía faltar el ir a su funeral. Fui, vestida de blanco con flores. Nunca me han gustado las misas fúnebres, mas esta fue una misa diferente. Pude oír la voz quebradiza de la abuela de Paz, los ojos tranquilos pero dolidos de su madre y su llanto contenido. No pude hacer nada más que mantener un par de lágrimas dentro y sonreír un poco para ellos. Una pequeña cajita blanca contenía toda su existencia, sus 9 meses en el vientre y sus 20 horas en la Tierra.

No me importó que extraños me vieran llorar, abrazar a alguien que hace mucho no abrazaba o veía llorar. Abrazar a esa madre herida y sentir su dolor y a la vez su tranquilidad, sabía que su bebé era un ángel y que iría a un lugar hermoso. Finalmente, mi frío sirvió para cobijar la cabeza de la madre de Paz, mi corazón se arrugó cuando esa cajita se perdió en la tierra, lloré, me despedí de ella y sé que me escuchó. Lo último que hice, abracé a esa familia, después de compartir una parcela de su dolor, de escuchar sus lágrimas golpear el piso, el viento que cantaba para Paz y el sol que salía para ella. Un día hermoso para la partida de un ángel, para quien todas las palabras de este mundo no podrían describir lo que fue ni lo que pudo ser. Quizás una vida muy corta, pero que nos impregnó a algunos de luz, de ansias por vivir y ver todo lo que se pierde por enfocarse solamente en los tragos amargos. A vos realmente no te importó qué o a quién quisiera yo, ni mis errores, sino quién era yo para conocer la alegría de tu existencia...

Paz, no te conocí, pero tienes un pedacito de mí...Me alegra el hecho que existieras, que aunque no fueras eterna, cambiaras algunas tonalidades de mi vida. Como una imagen, como un recuerdo permanecerás en mi memoria...Siempre, un recordatorio constante de que el amor puede tomar muchos rostros diferentes y que la belleza de la vida no es lo grande, que lo importante son los pequeños detalles, personas y momentos que pueden cambiar vidas. Valorar lo imperceptible, amar cada respiración. Cada día que pase, estarás aquí, en estas letras que quizás no sean de tinta pero están escritas con la luz que me regalaste. Por vos aprendí a ver todo diferente, a observar como una niña el mundo, a ser pura una vez más. Bien o mal, espero que sepas que existí, que muchas veces no entendía, sin embargo nadie me ha enseñado en tan pequeña cantidad de tiempo lo que realmente vale la pena y las segundas oportunidades de la vida.

~Quizás no hoy, no mañana te pueda sentir, pero sé que siempre llevaré en mí...un pedacito de Paz.


jueves, 9 de febrero de 2012

Voy a pintarte mandalas.

Yo voy a pintarte mil mandalas,
hasta que llegue la madrugada.
De colores vibrantes y bellos
que jueguen con tus cabellos...

Yo voy a pintarte amaneceres,
que te regocijen con sus placeres...
Un sol que te acompañe cada día,
que te cante una alegre melodía.

Yo voy a pintarte un enorme cielo,
para que puedas alzar libre el vuelo.
Para que siempre mires hacia arriba
en aquellos momentos sin salida.

Yo voy a pintarte un lugar seguro,
donde te refugies aún si caes,
que sea cálido si el invierno es duro.

Yo voy a pintarte una bella sonrisa,
de colores, sí, aunque sea con tiza.
A darte alegría y compañía inocente,
para regalarte momentos incoherentes.

Crearé un lugar más allá del arcoiris,
que sea como aquellos parajes de antaño.
Y permanezca con el paso de los años.

Tengo para vos una paleta de colores,
para pintarte lo que desees sin borradores.
Complacerte cada día con mis creaciones.

Hoy voy a pintarte miles de mandalas,
Quizás bajo el sol o bajo la luna llena
Y aún si no llegara un mañana,
voy a regalarte coloridas mandalas...


domingo, 29 de enero de 2012

Ecos

Las zapatillas de una niña golpeteaban el piso de madera, produciendo sonidos rítmicos mientras ella corría sin saber hacia donde o cómo, sólo corría en busca de un refugio o una salida. La casa desolada transmitía los ecos de sus zapatos, amplificaba los sonidos de las viejas tablas crujiendo bajo sus pequeños pies y el polvo había creado una pequeña capa sucia y negra sobre todo aquel lugar. Total silencio rodeaba a la pequeña, su miedo incrementaba de a poco conforme la oscuridad avanzaba y empezaba a cubrirla. No era justo, quería gritar, que alguien la abrazara, dejarse ir...Su pequeño corazón latía cada vez más rápido, su piel se tornaba pálida, sus pensamientos no la dejaban en paz. Esperaba que de un pronto a otro los adagios y sonatas se cambiaran por allegros o vivaces, pero simplemente el momento no llegaba.

Corrió hacia la primera habitación que encontró, estaba atrapada, su compañero de viaje se había perdido y la había dejado completamente sola en aquel lugar que le infringía tanto miedo. Días sin dormir, era imperdonable en su mente que alguien la dejara en un lugar desconocido, sin posibilidad exacta de salida. Voces distantes provenientes de la casa hablaban fuerte, contradiciéndose y afectándola. ¡Cállense por favor!-gritaba la niña, incrementando el volumen con cada segundo que pasaba, su voz aguda resonaba por las paredes, pero nada parecía callarlas ni disminuir los sables que estas disparaban a su corazón, lo arrugaban cual bolsa de papel y lentamente le hacían doler...

En aquella casa encontró un lugar dónde acurrucarse. Sus alitas del disfraz de hada estaban rotas, sentía que ya no podía volar, que ya no había magia cuando perdió su varita en algún momento cuando corría sin saber donde y no era capaz de volver sólo para buscarla, tenía miedo. Ya no podré volar, se decía mientras rompía en llanto. Su trajecito azul se llenaba de polvo, su cabello que antes había estado en un moño, se deslizaba por todas partes como las raíces de un árbol, sus mejillas rosadas tenían caminos cafés por donde las lágrimas se combinaban con el polvo y dejaban su marca.

Ojos oscuros que solían brillar cual estrellas, se presentaban opacos ante el silencio opresor y pequeños sollozos salían de su contraído pecho. Alguien sáqueme de aquí por favor, no podré aguantar más por mucho más tiempo, decía entre lágrimas, no entiendo nada, es difícil...La pequeña falda estaba hecha jirones al igual que las pantimedias y las zapatillas negras cubiertas de polvo. Una pequeña luna colgaba graciosamente de una cadena en su cuello y tenía un brazalete en su muñeca derecha, jugueteó un poco con ambas y luego irrumpió en un llanto más agudo. Lloró hasta que se quedó dormida y se dio cuenta de lo ciega que había estado y de lo poco que le agradaba la soledad, odiaba tener que escuchar sus pensamientos y como si eso fuera poco, las voces de aquel lugar.

Cuando abrió uno de sus ojos, pudo darse cuenta que alguien más estaba ahí junto a ella. Pensé que eras un cachorrito herido, dijo la otra niña que la miraba algo estupefacta, ¿qué haces en este lugar? Creí que estaba sola. La niña en traje de hada se pasaba las manos sobre sus ojos, era real, no estaba sola. Ven aquí, déjame darte un abrazo, no tengas miedo, yo también lo ocupo, también he sentido ese mismo miedo. La otra niña se acercaba despacio a la de disfraz, podemos arreglar tus alas si quieres, dime cómo te llamas. La pequeñuela de disfraz se acercó y dijo me llamo Luna y en realidad no sé si se puedan arreglar. Se sentía un tanto insensible después de traumáticos días sin dormir, hasta que sintió a la otra niñita abrazarla. Una sensación de calidez la embargó y sonrió un poco...Tal vez no saldrían pronto, pero tenía con quien hablar.

La casa dejaba de ser tan aterradora, menos aplastante, menos oscura. Aún en medio de aquel lugar tan tenebroso y de aquellas ansias de salir, podían escucharse un par de risas mientras reparaban alas, curaban raspones o hablaban de cómo habían adquirido sus cicatrices, jugaban y se tomaban de la mano si el miedo se intentaba apoderar de ellas. No sabían cuanto tiempo tardarían en salir de ahí, ni por qué, pero era un consuelo y existía una esperanza de que algún día todo fuera mejor. La otra pequeña de cabello y tez más clara no temía a los sollozos de la más pequeña, ni nunca la dejaba sola, despacito fueron limpiando el lugar y encontraron la varita de nuevo.

Las casas oscuras existen en todos lados, las lágrimas pueden venir, pero en cualquier momento y de la nada cuando pensamos estar solos, alguien puede aparecer y compartir, ayudar en esas situaciones en las que todo es un poco más pesado y se necesita repartir la carga. A veces llegan primero, a veces llegan después, pero son velas en medio de la oscuridad y alivio en medio de las tormentas. Simplemente es cuestión de curar un poco las heridas, remendar algunos harapos y remover algunas capas de polvo, proceso que toma tiempo, pero que vale la pena...Al final son los ecos de las risas y sonrisas, de miradas, de rincones soleados y santuarios que creamos los que en medio de la tormenta pueden salvarnos.

~Jamás olvidaré el eco de la primer sonrisa que te di.



martes, 17 de enero de 2012

Papeles Amarillos

A veces las horas se vuelven días y los días semanas, al final del tiempo ,si es que tiene, se convierten en meses y años que forman parte de un pasado. El reloj seguía con su melódico tic-tac en la sala de la casa y el sol aún penetraba por la ventana. Parecía estar buscando un objeto entre sus muchas pertenencias, sus palabras hacia sí misma se escuchaban por toda la estancia y todo permanecía en silencio. Quédate, recordó. El pez se agitó en la pecera y fue como si no estuviera sola. En medio del desorden y el caos, se suele encontrar por lo general no lo que se busca, sino lo que decide aparecer. Llegó a sus manos un papel amarillo, que casualmente no se había ido con los otros de su especie y se había quedado ahí, haciendo eco entre todos aquellos "tesoros" perdidos.

Respiró y lo abrió, una sonrisa se dibujó en su rostro, el olor le transportó a una tarde soleada del mes de abril, ¿o sería de mayo? Esta vez no importaba, podía sentir el sol sobre su rostro, filtrándose por los agujeros que se hacen entre las hojas y la brisa moviendo su cabello. Pudo volver al mismísimo instante donde su piel hizo contacto con la tierra y aquel olor que parecía calmarla y volver mejores las cosas. Recordó las palabras que había pensado en ese mismo instante: ¿Por qué será que nadie más puede ver lo que yo veo? Sintió su corazón una vez más palpitar de emoción, estallar al abrir los ojos y aquel sentimiento que hacía que todo fuera mejor a pesar de las vicisitudes. Toda aquella tarde volvió a ser suya y a calentar el frío que comenzaba a instalarse en su corazón...Las palabras hicieron eco: ¿Por qué nadie más puede ver lo que yo veo?

Supo que por más que quisiera no podría volver a aquella tarde, pero era suya y nadie podría quitársela. Leyó el papel, siguió sonriendo y decidió que no se desharía de él. Lentamente volvió a su realidad, lo atesoró y lo guardó en un lugar especial. Las cartas o conversaciones en papeles siempre eran capaces de transportarla a lugares que parecía que habían quedado atrás, cuando aún eran capaces de hacerla sonreír. Había cosas que no extrañaba y no se arrepentía de nada y otras que ya empezaban a hacerle falta. Muchas otras cartas lograban ese mismo efecto, pero ese día estaba marcado en la historia de su vida y lo consideraba uno de los más felices. Era algo así como un "checkpoint" de felicidad. Había pertenecido, había sonreído una y mil veces en un mismo día, de fijo había un antes y un después de aquella tarde...

En aquel mismo instante, hubo más de un recuerdo de años pasados y vio que no todo estaba perdido, que todo era simplemente una etapa. Tenía alguien que sostenía su mano, que hacía que las burbujas en la calle fueran más vívidas y que todo fuera mejor de lo que se esperaba. La música seguía sonando, miles de canciones seguían recordándole lo hermoso que había sido y podía ser si sólo había una oportunidad de ser valiente, de por una vez no huir del caos y en vez de ello, encontrar papeles amarillos como ese que le dieran el coraje para seguir luchando por un sueño, por más que sus alas se vieran pequeñas y rotas, todo era capaz de crecer, de limpiarse, de mejorar. Nada era un obstáculo.

Muy poco tiempo era necesario para saber que aquellas personas que arrullaban y a la vez intentaban ayudar, tenían una razón de ser, una razón para hacerla sonreír, aquellos pares de manos que llenaban de colores los días, con quienes no era necesario tener que ponerse un maquillaje. Disfrutaba de cada instante, en cada episodio de su vida había existido un papel amarillo que había hecho que cada día valiera la pena,que cada instante fuera mejor que el anterior. No hay armonía sin caos, dijo al deslizar los dedos por la cubierta del libro que contenía el papelito. Quizás había cambiado un poco aquel día, quizás...sólo un leve tal vez se paseaba por su mente...

Muchos habían entrado y salido, no era cuestión de pertenecer en un sólo lugar, sino la capacidad de oscilar, de adaptarse, de la versatilidad, algo llamado plasticidad. La belleza estaba en pequeños detalles como ese, su mejor rasgo era su sonrisa y su mejor imán era la calidez. Los altibajos eran comunes, la felicidad no tanto, pero era un propósito. No es cuestión de fragmentar, sino de unir, de dar forma, de compartir aquel "sentido" que en realidad es cuestión del camino, no del destino en sí. El tiempo no para, continúa su marcha y no le importa si hay o no una razón para dar el cien por ciento, de no dejar el ensayo. Puede que se pierdan muchos, pero la presentación final es la que cuenta. Despacito el proceso inicia, es gracioso cómo a partir de un sólo papel, se quiera lograr todo, de no abandonar algo que ya se daba por perdido.

Cada momento había valido la pena, ver cada una de esas sonrisas, haber sonreído con ganas y haber entregado sin miedo. Confiar. De vez en cuando o muy a menudo uno que otro error del cual aprender, es ahí donde sin una cosa no se ve la otra. Sin miedo, sin ver los obstáculos, se pueden ver aquellos papeles amarillos o de otros colores que hacen que cada vez que haya que se quiera abandonar, no sea posible. Un sueño no se alcanza por sí mismo, el empeño, la dedicación, el contexto. Todo forma parte. Un nuevo recuerdo se había escrito esa tarde, bajo un ciprés y una promesa, donde el tiempo voló y donde no hubo más que risas y cariño. No era momento para el miedo, era hora de volver. No de un sólo golpe, sino aceptando lo que asustaba aceptar. De a poco todo podría ser mágico.

Esta tarde, posiblemente lo que se buscó, no se encontró, muchos segundos se perdieron, muchas cosas sucedieron, pero una flor ahí dentro, comenzó a abrirse, a recibir los besos del sol. No importaba si aparecía o no, lo que importaba era el impacto. Aquel sentimiento de paz seguía ahí y no se iría, la acompañaría en cumplir su destino, en aceptar. En medio de todo, no estaba como pensaba que estaba. Roces, choques, miedos, obstáculos iban a estar ahí, la cuestión era ver a quien se le daba el foco, si a lo que se deseaba o lo que aterraba. Una vida vacía y obra de teatro o una vida real. El camino no sería fácil, pero valdrá la pena al final. En momentos así, los papeles suelen aparecer, cada uno a su debido tiempo, fluye. complementa, dan fuerza y se quedan en un lugar muy cercano al corazón. Sonrió una vez más y tomó la s riendas, era hora de hacer los sueños realidad

Para aquellos papelitos, que muchas veces se pierden, pero que siempre están ahí, por más que los demás se pierdan o se quemen. Es cuestión de darlo todo, de pensar que no hay nada que perder. Y en la hamaca, cerró los ojos, mañana será otro día y valía la pena empezar bien. N0 importa si siendo inocente fiel como un animal que no fragmenta y reacciona cuando debe o desconfiado como un humano. El fin último es la felicidad y compartirla, no retenerla. Cualquiera no es tan pobre como para dar una de esas curvas que valen más que cualquier otra cosa o un abrazo...

~A mis papelitos que siempre tendrán un lugar aquí, lo más cerca de mi alma.

viernes, 6 de enero de 2012

Comienzo

Comenzar un año de la mejor manera, no sé si exista tal cosa, pero si hay algo que se le acerca mucho podría ser el hecho de ver una sonrisa y brillo en los ojos de alguien más o recibir un grato abrazo de felicidad. Esas pequeñas cosas que hacen que las tormentas valgan la pena, no es tanto lo que se necesita para ser. En realidad no hay mejor sensación que aquella de sentirse bienvenido en el mundo de otro, es no sentir miedo solo, sino saber que alguien va a dar la mano en algún momento. De momento la calidez y cariño, han hecho de estos primeros días del año algo maravilloso, espero que se mantenga así los 360 días que restan y que al mirar atrás todo haya sido ganancia...