lunes, 28 de octubre de 2013

Crónica de un diagnóstico: Día 2, lluvia

Llueve, llueve dentro de mi alma, llueve dolor, llueve oscuridad, llueven las ganas de desistir. Ya no quiero amanecer ni quiero seguir llorando. Quiero que este huracán se calme y se vaya lejos, lejos. Yo sé que yo puedo, que yo puedo salir de aquí, pero hoy la nube es muy pasada, esperaré a que pase el aguacero sólo por hoy...

domingo, 27 de octubre de 2013

Crónica de un diagnóstico: día 1.

A veces me pregunto si sólo yo me he enamorado así alguna vez. Si alguna vez sentí que se detenía el tiempo en su mirada o que se perfumaba el viento en su soledad. No sé si alguien más habrá tenido la dicha de sentirse desnudo frente a la presencia de su ser amado a pesar de estar cubierto de ropa, de zapatos, de viejas corazas que se derrumban ante esos ojos que envician, que aman, que crean. Esa gracia infinita de sentirse amado, de tocar el cielo aún con los pies puestos sobre la tierra, de estar boca abajo o debajo del agua y poder respirar con facilidad porque esa persona despierta cada día. No sabría decirte si conocés el sonido de un corazón latiendo de emoción, de sentirse como un conejo asustado pero de la felicidad entre los brazos de quien se ama. No amar porque no queda de otra, sino ese amor arrebatador, prohibido, eterno y fugaz a la misma vez, maravilloso, que arrasa con todo a su paso y se convierte en llama. Me pregunto si verdaderamente es amor o si es flor de un día, si esa vibración dentro de mi alma que hace eco y llega a la tuya es nada más vibración o si es cosmicidad vuelta pasión, amor o cómo se le quiera llamar.

Quisiera saber si hay gente que corre bajo la lluvia y se echa bajo ella cuando cae torrencialmente. Gente que como yo no se fija en el reloj y continua sin importar lo que pase. Gente que se emocione por cosas que nadie más ve de la misma forma, como las flores cuando nacen, el brillo del rocío, la belleza de la poesía y las imperfecciones en el cuerpo propio o del otro. Cuerpos llenos de bolsas bajo los ojos, de penas que se convierten en cicatrices, en arrugas, en pocas canas que se llevan sin miedo en la cabellera. No sé si hay gente que tiene la necesidad de querer tocar la luna, de llenarse de vida, de gritar y liberarse. No entiendo cómo alguien podría vivir sin dejarse llevar alguna vez por una sonrisa o hablar por horas con la misma persona y sentir que fueron sólo segundos. Me encantaría averiguar por qué muchas veces se deja de luchar sin siquiera haber vuelto a sentir la delicia del verse triste, porque estar triste puede disfrutarse, puede ser un tiempo para re-encontrarse, para resurgir, para demostrarse una vez más que se es más valiente de lo que se creyó en un inicio.

No sé si existe más gente que ve un diagnóstico y ve una oportunidad de crecimiento, de aprendizaje, de pasar la hoja y re-enamorarse de la vida para latir con más fuerza. Quiero saber si alguien más se detiene a imaginar mundos que nacen, explotan y llenan espacios que nadie más conoce. Hay días que quiero bailar de la nada y cantar con todas mis fuerzas y sentir que nada me detiene, que soy dueña de mí misma, que me estorban los zapatos, que me vale un pepino la edad, que el té ya no sabe a lo mismo, pero que al fin y al cabo reconforta el alma. Que hay días en los que me veo al espejo y me amo infinitamente por más que no sea un buen momento, pero cada momento es mío y puedo abrazarlo. No sé en qué momento se me fueron las riendas y algo se apoderó de mi vida, pero sé que puede ser mía de nuevo como lo fue siempre.

Quiero que los abrazos que dé salgan desde el fondo de mi alma, donde se posan en forma de remolino en mi panza y se dibujan en mis brazos como prueba de mi vida. Darlos a quienes yo desee, no porque sean una obligación, sino porque con ellos quiero llegar al alma de la otra persona, hacerle saber que estoy aquí, que podemos huir de todo y de nada en ese instante, que podemos gritar en silencio. No quiero pensar en nombres ni edades, ni mucho menos en las nimiedades que hemos vuelto enormes. No sé si alguna vez vos te has quitado los zapatos y has corrido en el zacate mojado o si has metido los pies en el mar y has sentido que vibrás por dentro, que la vida te desborda y sólo querés amar, amar para siempre, a vos, a la vida, a todo lo que te rodea. Quiero abrazarme a la vida aunque sepa que hay una ambivalencia entre la muerte y ella, pero aunque le coquetee de pronto a la muerte, estoy profundamente enamorada de la vida. Me abrazo, me abrazo me abrazo y se lo demuestro a la vida cuando me manda su instrumento que me despierta de porrazo y me manda de vuelta al ruedo, yo a ella le di un abrazo, fuerte duradero, por devolverme la esperanza.

Me gusta pensar en mis momentos de ocio que hay miles de cosas más allá que no se pueden explicar, que no tienen una base, que simplemente existe. Me encantaría enredar mis dedos en miles de cabellos y contar historias hasta quedarme dormida. Quisiera reír y reír con ganas, que se me vea la campanilla, quedarme sin aire y rodar en el suelo hasta parecer una morsa y que de mi garganta sólo salgan chillidos. Quiero hundirme, hundirme en una tarde soleada, en una bandada de pájaros que pasa, en una copa de vino tinto o en el aroma de un pastel o en un par de labios que parezca que me van a tragar pero que solamente van a pintar en mis labios una historia más, que puede que dure o que no pase jamás.

No quiero esperar a que las cosas pasen y dejarme morir, culpar al resto por lo que pasa o dejarme una estampilla en la frente con quien soy a partir de un papel. Son momentos, son situaciones que se pueden ir, pero este néctar cósmico que soy se desprende del dolor, soy dolor y felicidad. No me importa si estoy sola o hay alguien más, quiero ser la persona de mi felicidad, quiero ser aquella que aprenda a recoger los pedazos para reacomodar el mosaico en mi piel, quiero ser aquella que con palabras entreteje historias y sueños, que se enamora de atardeceres y amaneceres, pero que también disfruta la noche como un gato furtivo. Quiero sentir como nos cae la lluvia a vos y a mí, a pesar de que no tengo un nombre en mente para vos, ni un destino, sólo un viaje libre de maletas hacia donde la vida nos lleve.

Entre mis planes no está echarme a marchitar, a esperar que todo cambie de un día a otro. No quiero que el universo se abstenga de amarme, ni que las naves espaciales de mi pensamiento se empolven bajo el techo de una tristeza sin par, duele. Y sí que duele, pero el dolor no es tanto como para seguir cavando la propia tumba. La tumba es algo a lo que se llega o no se llega jamás, pero que de todas formas no vale la pena empezar a cavar, porque aún hay tantos lugares que conocer, gente a quien amar, sonrisas y lágrimas por dar. No vale la pena dejarse ir, soltar la mano de la vida, cuando hay un propósito para seguir aquí, par seguir diciendo aquí estoy, para seguir dando el grito de guerra desde el alma y usar colores, lápices y formas para darle gozo a esta montaña rusa que llamamos vida.

Abrir un nuevo camino puede ser siempre difícil, puede ser complejo salir de las cenizas convertido en fénix o cortar las espinas de ese jardín que impiden el ingreso a una nueva cosecha. No quiero pasar mi vida como un ingeniero o un constructor que hace su creación y queda atrapado en ella, quiero ser como el jardinero que aunque cuenta con el factor de lo impredecible, puede cambiar el curso de las cosas y actúa con lo que tiene, quiero mantenerme humilde y aceptar que no soy invencible, sino que también tengo errores y debilidades, que está bien perderse de vez en cuando, pero saber encontrar el camino, que está bien bajar la guardia y reencontrar trozos de uno mismo en otras personas, que la carga no debe ser sólo mía. No sé si hay alguien más en este momento que se le despierte la llama y sólo quiera luchar por la vida, porque aunque no sea la gran cosa muchas veces, es la maravilla más grande para ser diseñada.

Quiero tirarme en el piso, en ese zacate, a ver las estrellas a pensar que soy una de ellas o que lo fui alguna vez y decidir que si ellas siguen, si se extinguen, si renacen yo también puedo. Que aunque existan hoyos negros, no sabemos qué hay dentro de ellos, si hay mundos desconocidos, dimensiones en las que todo esté de cabeza. Sólo quiero sentir que bajo todo todo este talud que ha caído, ahí, bajo esas capas de tierra, sigo viva, que esa tierra puede ser utilizada para sembrar flores, árboles y darle forma a una nueva alternativa. No sé si existe alguien más en el mundo que se considere lo suficiente para saber cuando tirarse al piso y decir que se da por vencido, para luego tomar a su oponente con la guardia baja, sorprenderlo y luego de hacerlo trizas, demostrarle de qué está hecho, se reconcilia con ello y lo vuelve su amigo.

No quiero que un par de palabras me definan, pueden definir los momentos que pasan, la época que atravieso, pero jamás, podrán decir quién soy ni de qué estoy hecha, ni a quien amo, ni lo que me apasiona. Me apasiona el olor a lápices que me queda en las manos, el escuchar una voz conocida, el despertar corazones, regocijarme con nuevas especias cada día, el dar nuevas oportunidades a mí misma y a otros que pensaban que no podían. Quiero dejar algún tipo de huella y que antes de partir, sepa que he vivido de forma intensa y he marcado vidas enteras. Quiero volver a sentir esa maravilla de la vida creciendo en mí, ese impulso frenético que se convierte en sonrisa, en chispa, en esa gana de vivir, en ese aire tan sensual que parece hipnotizar. Por hoy no digo adiós, ni pasado, ni en ningún momento cercano. Déjame abrazarte y llenarte de palabras sin letras, ven vida para hacerte mía.

~La fuerza se encuentra siempre en los lugares más oscuros y extraños, toma un poco de valentía ir a buscarla, pero ayuda a empezar viajes para crear nuevos mañanas.

domingo, 29 de septiembre de 2013

Camino.

El tiempo voló, jamás se detuvo a esperar.
Con ojos cansados de tanto mirar o llorar,
Vuelan los minutos y se convierten en años,
en años que se lleva el viento que ya no vuelven más.

Años en los que todo cambia, todo crece.
Años en los que se gana y también se pierde.
Se pierden cosas valiosas, pero el recuerdo,
el recuerdo jamás se olvida.

Se ganan experiencias más allá de asperezas.
Anillos nuevos de esperanza crecen en el tronco,
alrededor de aquellos viejos sueños usados.
De sueños de tiempo que se van con el viento.

Entre pilas de hojas marchitas, el pasado
es como un guerrero de batalla deshojado.
Un guerrero que luchó por sueños,
por renaceres muchas veces inciertos.

A las puertas de un camino, te recuerdo.
Pero el tiempo no espera y la marcha empieza,
Esta batalla entre tiempo y espacio,
Maldita lucha que entre ellos no cesa.

Al ver atrás, hay heridas, camino recorrido,
Entre sus luces gozo, entre sus penas sollozos,
Pero esos recuerdos viajan conmigo.

El ver atrás no hace daño de vez en cuando,
es bueno saber de dónde vengo y detenerme,
para esbozar en mi mente algún destino.
Sonrío, el tiempo no se detiene,
Aún hay camino.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Movimiento.

No sé de dónde vienes ni a dónde vas,
te persigo a ti como un sueño fugaz.
Espero al otoño no para morir y envejecer,
sino para que el árbol en mí pueda renacer.

Miles de hojas de colores de su tronco emanan,
del árbol dormido y olvidado en el centro del alma.
No te conozco, no sé quién eres, ni de dónde eres.

No te vi venir, ni te sentí pasar,
sólo conozco de ti el nombre y nada más.
Lentamente nace en mí un amanecer soleado,
se cuela entre mis dedos como un abrazo.

Vienes y vas, vas y vienes
te pasas la vida en vaivenes.

Te escucho pasar, te oigo reír, no sé quién eres.
Sólo sé que este ir y venir es uno de mis placeres.
Se ha ido la oscuridad y los rayos de sol iluminan.
Como dos extraños que lado a lado caminan.

Crece la bondad, crece el cariño
por un sueño desconocido.
Te espero y también te olvido,

No sé dónde vas, ni sé de donde vienes.
Sólo sé que es constante donde te hospedas.
Aquí, en mi alma tú también sueñas,
esperando que los caminos se crucen de nuevo.

No sé quién eres, ni sé qué me despiertas,
pero retoño en tu pensar y seré eterna.
Incorpórea, sutil, una brisa otoñal.
Te espero y te dejo, me despierto en un sueño.

Vas y vienes, me dejan perdida tus vaivenes,
pero es esta la locura de nuestras vidas.
Yo empaco y tú me olvidas, empacas y regresas,
preparamos maletas unidas y volvemos al inicio.

Esta vez no tomemos distintos trenes, dime de dónde vienes.
Estoy dispuesta a respirar contigo, a compartir camino.
Dos árboles que crecen o dos libres golondrinas,
Saber quiénes somos más allá de un nombre,
un palpitar que debajo del pecho se esconde.

Quédate un rato más esta vez,
quédate para siempre si querés.
Vamos lejos, viaja conmigo.






viernes, 30 de agosto de 2013

bsjkkkak

Hoy no quiero seguir viéndote como lo hago siempre, quiero tenderte mis brazos y que correspondas a ellos, no quiero impresionarte ni usarte de trampolín. Eso es para gente que no me importa tanto como tú. Intrigante como siempre, me asustas, me paralizas, pero aquí dentro de mí, hay un lugar esperando por ti. Un lugar que no quiere ser seguro, quiere ser de aquello que es tan hermoso tan hermoso que dura la vida entera.

Quiero que seas persona junto a mí, que llores conmigo si tienes que llorar, que rías si tienes que reír, para las máscaras está el resto del tiempo, no tener miedo de ser. Tiéndeme la mano, dame una sonrisa, que me hace falta tener dónde más mirar, algo que calme un poco este tsunami que ha ido creciendo y los dique ya no pueden contener. Quédate conmigo un día más, no tengas miedo de mí. No quiero ser la niña perfecta que siempre aparenta estar, quiero que conozcas mi alma desnuda, porque mucha gente podrá verme día a día y no concibo darles el regalo que quisiera darte a ti, de mostrarme tal como soy de dejar caer mi caparazón y me encantaría saber que estás ahí. 

No sé cuántas veces he deseado huir y esconderme, sin embargo te llevo conmigo, no sé quién eres ni de donde vienes, sólo quiero que te quedes conmigo, que cuentes estrellas así como contamos penas, que cantemos risas y comamos sueños. Yo te quiero hacer persona, verte en tu esplendor humano, tenerte cerca, no quiero que seas una extraña para mí...Me apena me apena, me quema, me carcome, mas el alma cual estatua de hielo busca algo de calor para que se derrita. 

Quiero que me digas tonterías, que nos miremos a los ojos y no en planes turbulentos, sino en planes de amistad, de un lazo indestructible que compartamos sólo vos y yo. Quiero que el día que deje de respirar suene el eco de nuestras risas en nuestra memoria, que una parte tuya viaje la eternidad conmigo, no preguntes por qué te elegí hoy, no preguntes qué me apena de decirte todo esto...Sólo aguardo y espero que esperes al próximo tren conmigo, que lo abordemos ligeras de equipaje y que de a pocos se construya lo que se tenga que construir. Quiero que seas algo más de lo que eres.

domingo, 5 de mayo de 2013

Intensidad.

Intensidad en meses que parecen siglos sin un respiro ni un segundo para escapar. Bajo el mar se mecen olas subterráneas, producto de un maremoto que no puedo evitar. El fluir de cada una de las emociones y el sueño de cada día que se desvela en la oscuridad de la noche, me hace volver a aquel lugar idílico donde nos solíamos encontrar. Instantes intensos y prohibidos que resucitan aquella sensación del secreto que solíamos compartir. Encarcelada en instantes, detenida en palabras y miradas de extraños que pasan a mi alrededor, espero, sin esperar nada. Ya no sé a quién ni qué espero. Esperando se me va la vida, tal vez no espero simplemente trato de apreciar algo que esté más allá de lo que hay acá. ¿Realmente busco un lugar? Una fracción de espacio dónde encajar, a la que me resigné a no encontrar, ¿llegué antes o después del tiempo adecuado?

Sigo caminando por calles llenas y vacías a la misma vez, me pierdo. Acorralada a un mínimo espacio entre el mar de gente de todo tipo. Intento huir, huir de las miradas o no miradas, de las tendencias del momento. Me pierdo el tiempo, me pierdo de estar en alguna parte, me pierdo de las responsabilidades que no dejan la mente en paz o creo que más bien es un intento de huida, de esconderme y cubrirme de todo. En un intento de redescubrirme, cierro los ojos y espero que alguna idea me llegue bajo este cielo grisáceo de la ciudad, en medio de un océano de smog, una brisa suave, un torbellino de soledad que me invita danzante a seguirle en medio de autos, de personas, de hojas que caen lentamente y luego son furiosamente llevadas por el vendaval. Corro y corro detrás de esta brisa maravillosa que me envuelve y me llama por mi nombre. Llego a un lugar que me enamora, me canta y me recibe con los brazos abiertos, un hogar.

Un cielo abierto, azul. Un sitio dónde siento que estoy sólo yo. Yo con ojos abiertos y un corazón palpitante a la energía que me invade. Simplemente un portal que es mío, que no tengo que compartir, detenida en el tiempo, ahí estoy. Quisiera no tener que irme jamás de ahí. A lo lejos un violín llora, llora de olvido. Me transformo. Soy luz, luz que viaja rápido y a la vez despacio. Atravieso el mundo, el universo y abro los ojos. Muero y renazco en un mismo ocaso, muero como el sol que se oculta y renazco en vibración, en energía y en soledad. Me siento más cerca del centro de un todo, de un todo olvidado, de una voz acallada, de un canto animal. Soy hembra, animal, instintiva e intuitiva. Me niego a ser clasificada como humana, a ser despojada de mi hábitat, a extinguirme sin siquiera haber existido.

Existir lejos de aquí, existir donde la vida sea más que ropa, más que responsabilidades, más que el celular y las llamadas. Quisiera ir a algún lugar donde las palabras no sean necesarias para decir cosas que no sentimos, donde no haya que trabajar por cosas que no queremos pero que no podemos pagar por las que necesitamos, porque no se compran. Rujo como un tigre. Tal vez esté sola en este vaivén de ideas, en este intento de escape, pero no lo soporto más. No quiero que se me vaya la vida en noches de bar, en penas ahogadas en alcohol, en años consumidos en cigarros, ni en estigmas convertidos en dogmas, en cosas que no reemplazan un abrazo sincero o una conversación simple y sin palabras. Quiero que mi vida, mi vida se vaya en la imaginación, en la creación, en la transformación de mi ser y en el descubrimiento de un otro que no me canse de conocer, abrazar y recorrer. Ya no soporto la idea de cómo se debe vivir, quiero el divorcio de esta vida de esclavitud y abrir mis ojos a un estilo nuevo, lejano, mío.PROPIO.

~Ya no quiero volver al lugar donde las cosas tienen precio pero no valor, irme lejos aunque sea dentro de mí misma. Si alguien más quiere unirse y puede escucharme, vamos juntos. Que ya no quiero volver a esa falsa unión en la que todos somos extraños, desconectados, solitarios. Intensidad en los colores y en la vida misma, sazón; ya no quiero volver al gris ni al smog, quiero respirar al fin.


viernes, 19 de abril de 2013

De olfato y otras cosas...

Entre todos los olores del mundo, se me quedan grabados olores que serían irreconocibles para otras personas. Olores con nombres que no son capaces de ser descritos  por nadie más que por mí y mi extraña nariz. Esos aromas que se quedan colgando, perfumes exclusivos de cada quien, que me ayudan a identificar un poco más su personalidad. En un abrazo efusivo, se funde en mi mente el olor personal de alguien con la imagen de un campo de flores con azúcar, huele a primavera. ¿A qué huele la primavera? Huele a ese cuerpo, huele a flores con azúcar y pajaritos cantando, a hojas frescas, a cielo azul y nubes blancas y a cariño, sí a cariño. La calidez de una piel que toca otra piel y produce una reacción, no de soltar, sino de sostener, de apreciar el momento de ensueño mientras se puede.

En los corredores se entremezclan cosas extrañas, como olor a plantas, olor a "pacuso" de varias personas, a comida y a todo lo que se puedan imaginar. Me siento como un animal, buscando un olor particular, que huele a sol. A día soleado combinado con algo de brisa y de tierra. No el sol de cualquier hora, sino el sol de la mañanita que huele fresquito, a recién despierto, a café recién chorreado y a un "¡buenos días!" alegre. Ese olor que reconforta, que calma, que cuida y hace dormir, de refugios en cuerpos que se quedan ahí hasta que alcance la vida. Sonrío, me siento como un perro, pero al fin y al cabo me hace feliz que pueda recordarme tantas cosas un sólo olor. Recuerdos maravillosos de días de campo, de salidas, de momentos de risa interminable con ese olor a sol y unas pecas radiantes.

Un olor a especias como de comida picosa y como de bebé a la vez. Así huele la piel que me ha cuidado la vida entera. Olor que se queda, que vigila, que perdura en mi memoria. Que rehuye a desaparecer de mi mente. Mamá. Cuestiones de lugares, de crecimiento, de historias que quedarán grabadas en mi memoria. Quisiera que ese olor y los otros dos perduren a mi lado hasta que mi olor haya muerto conmigo y alguien más cargue un olor distinto que les pueda unir. No sé cómo explicar cómo relaciono ese olor, pero también huele a jabón y a humildad, a amor puro, a felicidad simple y a no sé que más.

A veces en ausencia, me llega un olor a hospital. A corredores que huelen a muerte y enfermedad, a días de sopa en un cuarto, a cuidados, a palabras que no quedan en el olvido, a lágrimas que no salieron y se encerraron en una burbuja de cristal. A lo que huelen las tardes en un hospital, frío, vacío, desterrado y comida mal hecha. Este olor a veces me persigue y me hace recordar a aquella persona que hoy ya no está. ¡Cuántas horas oliendo ese lugar! Miles y miles de segundos en cinta de video en mi cerebro deben estar y cuando ese olor aparece, comienzo a recordar. Me hace falta el olor de este humano que partió a un "sitio mejor" y el olor de brazos finos que se sienten como bosque donde esconderme y saciar una sed de tiempo, de reconciliar.

Olores de todo tipo, que nadie más puede entender, son los olores que quiero yo atesorar. Olores de vida, que huelen a individualidad, que me hacen volar en el tiempo y espacio hasta que ya no pueda más. Crean más neuronas para abrirse paso en mi cerebro y por lo tanto ahí quedarán. En moléculas de ADN a mi descendencia pasarán, tal vez no con el mismo significado, pero una huella en el tiempo, imborrables serán.