lunes, 2 de junio de 2014

Aprendiendo a amar con arena en los pies

Empezar a amar es difícil, es duro cuando el amor ha sido el peor miedo que se anida en el corazón, cuando lo que más dolería sería que nadie quiera compartir esto con una o que si lo hacen, hagan daño y se vayan. Decir te amo es aún más complicado, cuando quiere salir y te aprieta la garganta y se ahoga en un suspiro. No sé cómo he llegado aquí ni cómo fue el día que empecé a sentirlo quemar dentro de mí y se iba expandiendo como una luz blanca y tibia que recorría mi cuerpo. No sé en la mirada de quién descubrí que esa leyenda de verdad existía, que en un abrazo cálido podía fundirme con alguien y no temer a que me hiciera daño, pues me entregaba como era y esa persona hacía lo mismo conmigo. Amar, se supone que es el mayor goce y realmente no podría decir que estoy viva o que me recupero sin antes haber sentido este despertar dentro de mí.
Este inicio de amar, no sé por qué lo relaciono con mis pies, aprender a amar se siente como haber tenido siempre los pies cubiertos y que de un pronto a otro te quitaran los zapatos en la arena y quedaras descalza, con los pies vulnerables al calor o la humedad de la arena y conforme se va tomando confianza, también los besos del mar. Esa sensación de novedad, de cosas que sentís y que jamás habías tenido la oportunidad de conocer, sensaciones maravillosas y esenciales que llenan de recuerdos sobre esa mágica primera experiencia. Por lo pronto me paro frente al mar y de a pasitos me atrevo a irme acercando, ganando confianza para permitir al mar que roce mis pies con su calidez, con su fuerza, sus olas y su canto milenario.
No sé si sólo yo soy nueva en este asunto de amar. De amar, yo conscientemente amo a tres personas y muero de miedo cuando tengo que decírselos, puedo escribirlo, puedo decirlo con la mirada o con un abrazo, pero por más que me quemen las entrañas no puedo decirlo. He notado que amo la mirada de estas personas y su sonrisa, aquella que nace de verdad, no la fingida. Me gozo viendo esos ojos sonreír, sonreír con el corazón, fundirme en un abrazo y no esperar una palabra a cambio. Cuando lo he escrito las personas se han quedado anonadadas, puesto que creo que ellas también lo sienten por mí, pero no pueden decirlo, igual que yo. Hace mucho tuve un sueño donde de estas personas aparecía una de ellas, me tomaba de las manos y esparcía tinta en mis palmas, entonces nos brotaba una enredadera en los brazos a ambas, de flores rojas con el centro amarillo, como hibiscos. Esa enredadera era tranquila, cálida, de esas que llegan a sostener las paredes juntas con el fin de que no se rompa y que con el tiempo la pared y ellas se hacen una sola.
No es de extrañarse que aprender a amar me sea difícil, porque las personas que yo conocía no eran capaces de decirlo, era más bien un signo de debilidad. Yo por mi parte he descubierto que el amor libera e inunda de paz, de calor el alma. Un sólo mensaje o palabra, gesto, puede lograr que el día mejore con el amor, eso quita el miedo, disminuye el dolor y acompaña en los caminos más difíciles, incita vivir, mantiene la chispa encendida aún en el cuarto más oscuro y en la desesperanza más fuerte.
Me pregunto cuánta gente sentirá una conexión con alguien que vaya más allá de un vínculo, que la convierta en familia directa o no, que la consideres una hermana postiza o no o muchos otros tipos de vínculo. Yo sólo sé que tres de mis vínculos van más allá, por ahora son tres que no pertenecen al flujo de sangre que corre por mis venas, sino por la energía que conecta almas.
La primera de estas almas, se une a mí de una y mil maneras, su ausencia es contada por los segundos y su compañía nunca es suficiente, me acompaña de todas manera y me llena el corazón, como si me fuera a explotar, en su regazo me deja descansar como a la sombra de un árbol me puedo acurrucar y soy feliz, feliz de haberme abierto a aprender a dar amor. Mi alma se conecta a la suya de maneras que no entiendo, pero que al fin y al cabo no es por cuestión de entender, sino de sentir y aceptar. Entre los rayos del sol se cuela lo dorado de nuestra historia, la recupero de la Tierra y aunque no entienda muy bien cómo es que ha pasado el tiempo, me hace sentir viva cuando ya muchas veces he querido dejar ir todo lo que había soñado y darme por vencida.
Una de ellas en especial, es a la que siento más cerca de mi alma, siento como se entreteje mi alma con la suya, puedo ver finos hilos índigo, morados, celestes y lilas que unen su alma con la mía y de alguna manera sé que la historia se mantendrá viva por mucho tiempo. Esta historia empezó el día que conocí a esa alma y desde ahí supe que la quería en mi vida. La amo. Recientemente me di cuenta de ello, de que las batallas aunque una las pelee, siempre necesitará un consejero que escuche, que emita algún tipo de acción, pero que esta acción del querer crecer, se dé con amor. El proceso no ha sido unidimensional, aunque temo con toda mi alma que se aburra de mí, que crea que soy molesta o necia y se quiera alejar de mi vida. Yo quiero que siga siendo mi invitada y yo la suya en este interjuego de derribar murallas suyas y mías y crear lazos como el de la enredadera donde se envuelve con calidez, pero con tal seguridad que lo construido no pueda desmoronarse tan fácil.
Otra de las almas que amo, se une en mi vientre, me llena, me invade con un oleaje de profundidad, de satisfacción, de una hermandad que no se formó en el vientre de una madre humana, sino de una madre Tierra que nos unió de alguna forma en su juego infantil llamado destino. Se siente como un juego nuevo, como un despertar, como energía que hala para lados distintos con el propósito de crear.
Con arena en los pies aprendo a amar, se siente granuloso, huele salado y se siente húmedo y caliente a la vez. Nunca antes había sentido esto dentro de mí, nunca había sentido lo que había bajo mis pies y como esto me acerca más a mis orígenes, a quién soy en realidad y a cómo me uno con un todo. Aprendo, la arena se mete entre mis dedos y estoy más cerca de la costa, las olas empiezan a tocar mi dedo gordo y ahí me quedaré, hasta que avance un poco más cuando esté lista. Quizás sea de lo que más miedo me da, pero quiero aprender, quiero vivir porque esto que más miedo me da, es lo que me trae el mayor bienestar, me inyecta de vida y me hace comprender por qué el miedo se quita con amor o que el amor mueve montañas. Amar con arena en los pies, dándome la libertad de sentir, donde esa sensación es mía y no quiero dejarla partir.



jueves, 22 de mayo de 2014

La frase.

Es una frase simple, compuesta por dos palabras. Una de ellas es un adjetivo reflexivo y la otra es un verbo en primera persona singular, conjugado en tiempo presente, una oración afirmativa declarativa, sería. Gramaticalmente sencilla, emocionalmente difícil. ¿Cómo puede ser posible que dos pinches palabras que son tan insignificantes en cuanto a composición, puedan tener ese poder tan grande cuando nacen del alma? Dos palabras que queman por dentro, que son como un torbellino de luz, como un tornado, como una sensación de peces que nadan en el vientre; pero que no quieren salir. Alguna comunicación deficiente debe haber. La frase es la frase porque es tan simple y a la vez tan compleja, es simple de deletrear y difícil decirla con sinceridad, con su verdadero significado. Personalmente creo que cuando más frustra, cuando arde, pica y te hace ampolla, es cuando va en serio, cuando quiere salir, cuando grita por hacerse presente, porque de verdad está ahí dentro y quiere que la pronuncies.

La frase. Sólo ella es una oración entera, una oración que teje lazos, que permite que se den interacciones maravillosas, que denota no sólo un amor pasional o desenfrenado, sino el filial, el de amistad, el que hay con una misma,  con la naturaleza, el universo, las mascotas, la carrera, la vida... Hay tantas cosas con vida y sin vida a quienes se les puede decir la frase, pero de la forma verbal, de la manera semántica, así tal y como se escribe...no es de la manera en la que se entona, ni se pronuncia, ni siquiera es un bosquejo de lo que en realidad puede significar para quien la dice o la recibe. ¡Qué terrible esa frase! Esa frase que nace en la mirada, que nace en las acciones, que se posa en el alma, que es como una mariposa o un ave que revolotea con el fin de ser libre y que no dejará de moverse hasta que le dejes salir. Es una revoltosa que se alista en las comisuras de los labios en el momento oportuno cuando de verdad nace decirla, pero la muy bandida decide coserse y no querer salir, dejando una sequedad y una trancazón que debe ser rota por alguna broma o algún reproche.

Maldita frase. No sé si tengo la dicha o la desdicha de no haberla dicho nunca en persona de la manera que merece ser dicha. Gramaticalmente la conozco palmo a palmo, conozco de dónde se deriva, qué significa, las situaciones en las que se puede usar, cómo se dice en otros idiomas, cómo conjugarla, con qué rimarla, pero no sé cómo entregarla. En la vida real, en el momento presente, nace. Nace en una sonrisa, en una mirada, en alguna acción, pero a veces la traviesa hace destrozos por dentro y pide a gritos que la dejen salir, se cierra el pecho, se cierra la garganta, entra el miedo y la rapta, se la lleva con el fin de que la otra persona no malinterprete esta cochinadilla gramatical y crea que le están dando atribuciones que no le corresponden. Mentira que sólo puede representar un sólo tipo de amor, que sólo se le puede decir a una persona. Mentiras infundadas que se vuelven realidades y que cuando se vuelven palabras sinceras, asustan, envuelven y deciden, controlan, quieren hacerse presentes. No sé qué tan bueno puede ser el hecho que de verdad se sienta por dentro cómo fluye, cómo ilumina e incita a la creación, a dar, a querer crecer e invitar a lo que sea que le quieras decir esta frase a quedarse en tu vida y compartirse.

Ya sé que sos sólo dos palabras insignificantes en una hoja de papel, pero en una vida, marca capítulos, historias completas, se enreda y se anuda en las personas que reciben esta frase, una frase que se sale hasta por los poros, que no deja vivir en paz, porque sabe que no es vida si no se aprende a decirla y recibirla. La cosa es que cuando sale esta tipeja, ya no hay forma de que entre de nuevo. Ella quiere que la reciban con los brazos abiertos, que no la dejen a la deriva, que no quede como un chunche o un par de palabrillas pegadas que pueden ser categorizadas desde diferentes ámbitos. ¿Que si la he dicho? Quizás, pero no sé si de verdad será decirla si no hay entrega y deseo de arriesgar. La juego muy a la segura y a la segura...lo único seguro es no saber qué es lo que pudo haber pasado.

Esta frase es como el que persigue en los libros de cuentos, de aquello que se trata de escapar, pero que aún en los sueños más profundos, una vez que ha decidido que existe, no cesa de hacerse escuchar y que requiere salir, la amordaza el miedo y esta lo muerde, intenta destruirlo, la calla y la ata al corazón con un ancla y no se puede liberar. Si la he querido decir, tal vez la digo con toda la frialdad del mundo, sin la calidez que da mi alma, sin una sonrisa, encerrada en una torre y que sólo se vea su imagen, no el cómo se siente, a qué sabe, a lo que huele, a los recuerdos que se entretejen, a las razones, a los deseos a ser bien recibida y que otra frase similar pueda salir de los labios de la persona a la que se le dice. La frase no nace sola. No nace sola cuando es insoportable como un mosquito en noches de bochorno, tiene que haberla incitado la chispa de este ente al que quiere darse. En el momento que esa frase nace y decide cantar, su contraparte se gesta también en quien la va a recibir, pero nunca se sabe cuando la otra o la de una estará lista.

Ya, frase, frase, frase, dejémonos de juegos. Yo sé cómo te llamás vos y que querés dejar de estar prisionera, pero entendé que cuando salgás, vas a ser real, genuina, que vas a valer la pena. De nada sirve manifestar a ese torbellino sin antes haber aprendido a entregarse y otorgar una parte de sí. Pequeña frase, para mí sos lo más grande del mundo y quiero que toques a ciertas personas nada más, que las beses, les hagas cosquillas, juegues dentro de ellas, que les cantes cuando se sientan solas, que les des recuerdos para que te lleven consigo hasta el día que dejen de respirar, que nos sintamos genuinas y puedan sentirte genuina, sincera, que valga la alegría, el dolor y esta tortura inmunda en la que me ponés porque querés salir y yo no me siento lista. Si alguno de ustedes que lee esto sabe que esa la siente llegar es porque así es, esperen pacientemente al día que yo sienta que la puedo dejar partir con gran entrega y con todo lo que implica, con sus raíces, con sus temores y sonrisas...por ahora se las dejo aunque siga en lo más profundo de mi ser, aunque se agite y que de verdad lo que quiera es cubrirlos...es quizás lo más importante que alguna vez yo les vaya a decir, jamás mentiría con algo tan esencial como lo es ese vínculo emocional que vas más allá de un simple "te quiero".

lunes, 28 de abril de 2014

Eiforya en el santuario.

Me hace falta llenarme las manos de tinta, de escribir historias que reflejen en un tejido casi misterioso el pasado, el presente y el futuro. Últimamente me he desconectado, se dijo a sí misma, no puede ser que haya abandonado algo que amo por falta de tiempo. Pasa el tiempo y sopla el viento, le besa la piel, la envuelve en un manto con olor a romero, a especias, a agua y a noche. La acompaña su fiel amiga negra, de cuatro patas, se sienta a su lado y ambas contemplan el cielo estrellado. Ambas vidas han cambiado y de alguna manera llegaron a encontrarse, a abrazarse en medio de mares infinitos de posibilidades. La cachorra que se parece a su ama, la mira con sus grandes ojos cafés y le recuerda que más allá del pasado o el futuro, hay cosas que siempre valdrán igual y una de esas es el amor. Ningún miedo se colaba en ese instante que podía comerse a mordiscos, a ser disfrutado como si fuera el último, el instante mágico que llena de vida.

Aprender a amar y ser amada no era cuestión fácil, se sienta a mirar el paisaje y a recordar todo lo que había pasado por tanto tiempo, el dolor, las risas, lo bueno dentro de lo malo y se dejó crecer. Crece dentro de sí un árbol, un árbol que poco a poco inserta sus raíces dentro de su corazón y cuyas hojas se convierten en sonrisas, que en algún momento brotarán flores y perfumarán toda su alma. Se siente árbol, se siente viento, fluye como agua y se sana como el fuego que quema sin parar. Le han dicho que es maga, pero no entiende a qué se refieren con eso. Se mira y ve su sonrisa, aquella que hace tanto tiempo había dejado de aparecer, se contempla y recuerda, recuerda cómo se siente ser ella, renacer. El silencio es un arma mortal, se dijo, ya no tengo por qué callar más. Su corazón dio un salto de alivio, como si suspirara en agradecimiento y se quebró en mil pedazos. Lágrimas rodaron, los barrotes de la carcel comenzaban a desgastarse y de a pocos se colaban dentro de sí los rayos del sol del amanecer, sentía como la llenaba, la iluminaba y la calentaba por dentro.

A pesar de que le digan que hay gente que se parece a ella, sabe que nunca hay siquiera dos gotas de agua que sean iguales. En algún lugar del multiverso sabe que habrá otra como ella, en otra época, en otro mundo, en otra galaxia, pero eran del mismo material, no era otra, era su piel, su mente, la unión tan especial que había entre estos dos era una de las conexiones que casi nadie suele tener y que es muy rara de encontrar. ¿Será que yo puedo hacer sanar? ¿Será que yo no pertenezco a este tiempo y espacio? Estas y muchas otras preguntas poblaban su mente. Sentía en ese instante que no tenía ataduras, que tenía alas, que era una guerrera y que sus batallas iban a ir más allá de lo visible, había algo que aún no terminaba de calzar en ella, algo que quería llevar consigo por siempre.

Huellas que quedan plasmadas en su mente y en su piel. El cambio y la transformación llegan todas a su paso, en su caso había algo que no comprendía, no comprendía por qué podía cambiar tan rápido, sanarse, hacerse escuchar a sí misma. Dar amor le daba miedo, miedo a que el primer viento se llevara el árbol que había tardado tanto en crecer, al que le comenzaba a crecer una enredadera suave que lo protegía del frío, que lo arropaba y le mostraba lo bello que podía ser el ver florecer, para que poco a poco se preparara, sintiera más confianza, se sintiera libre de ser. Toma miles de formas, se convierte, se lleva a sí misma dentro y ella es un todo y nada a la vez, es átomos, cuerdas, quarks, existe.

Su alma danza y se transforma, crece, crece y no deja de crecer. Se bebe el atardecer, abraza el presente y se colma de amor. A veces cuesta creerlo, a veces cuesta soñar y ver la paleta de colores, a veces, a veces todo pasa. Sabe que debe dejarse querer, que su independencia no es siempre su mejor aliada y que está bien en algún punto refugiarse y nada más recibir, en el vientre de la Tierra. Quiere renacer, quiere volver a ser un canal entre lo etéreo y lo terrenal, quiere cumplir con su propósito, pero tiene que pasar por la parte más difícil que es saber aprender a recibir, porque ya dar no le cuesta. Sonríe en su santuario, sonríe en la inmensidad, un tsunami la inunda y sabe que hay algo que la mantiene respirando, luchando, transformando, sabe que el mañana empieza hoy. Se deja llevar, se deja flotar, como espora que lleva el viento, cual semilla, cual árbol lleva un propósito escrito en su ser. Mira a su perra, su perra la mira a ella y ambas saben que hoy no es un día cualquiera.

~Nunca es un día cualquiera, cada día tiene su magia y cada uno de sus instantes está lleno de el elemento mágico, no es de extrañarse que adentro se sienta más cómodo esta vez. Un santuario en un pedacito de alma, en un poco de latidos que le recuerdan que está viva y que es parte de un multiverso, que es una de las hijas de Gaia.

lunes, 30 de diciembre de 2013

Resiliencia

Alguna vez alguien dijo que no tenía resiliencia,
como la de aquellas flores que crecen en la mierda.
Espuma de mar que se forma de desecho y es bella,
porque de lo efímero, nace aquello que es eterno.

Etérea como el viento, casi como un silbido fugaz
me escapo, viajo, me reduzco, perfumo y cambio.
Cambio, como las estaciones, la naturaleza y demás,
porque el origen no es destino y se hace camino al andar.

Me cuelo entre los árboles como una sonrisa de verano,
transformada en uno de ellos echo raíces, me elevo y crezco.
Raíces que me recuerdan de dónde vengo y me fortalezco.
Ramas que buscan el infinito donde el esfuerzo no va en vano.
Nidos en mi cabeza, cantos del viento, sólo disfruto cada momento.

A partir de mi madera hacen fuego, del árbol caído hacen leña,
que vibra, que quema, como mi alma que sigue viva y no cesa.
Soy fuego, que me mantiene despierta, día a día me da fuerzas
y lucho, lucho por brillar por más que me quieran extinguir.

Entre soplidos y un ir y venir de las fuerzas, se apaga el fuego.
Me convierto en cenizas y me lanzan de un cañón hacia el abismo.
Caigo, me desplomo y vuelo, libre al fin no esperaré hasta luego.
Caída libre entre el mundo y yo, entre lo que fui y lo que seré.

Cenizas que flotan, que lloran, que caen desde lo alto al suelo,
pero de un pronto a otro me transformo en fénix y alzo el vuelo.
Después de tanta fuerza, de transformación yo alcanzo el cielo.
Me apropio de él, es mío, soy, llego lejos, ya no estoy muerta.

Soy todo y nada a la vez, llena de vida y a la misma vez de muerte.
Con dos pies en la tierra y una mente indecisa que se la pasa divagando,
estoy en el límite, límite eterno, maravilloso, que me mantiene fuerte.
Rayo en un poco de aquí y de allá, liberación que me tiene respirando.

Respiro muerte y exhalo vida, transformo y crezco de las cenizas,
entre el dolor y el frío me doy cuenta que estoy aquí, sigo viva.
Trenzas sucias, manos chicas que toman cadenas y las hacen trizas,
un rostro aún infantil que está decidido a comerse a besos la vida.

Algunos siguen hablando sobre resiliencia, de las flores y la mierda,
pero otros salimos de ahí, nos transformamos en aves, evolucionamos.
Soy humana, fénix, árbol, espuma, fuego y viento, apegada a la tierra,
mas no le temo al cambio, a la brisa o al tiempo, a expresarme y afrontarlo.

Guerrera en la lucha por sobrevivir, a veces olvido cómo se siente vivir,
reservo un lugar tibio para dormir y soñar, para ser mi mejor obra de arte.
Una obra de arte infinita, eterna, que deja huellas y en metamorfosis total.
La resiliencia no es sólo florecer en la mierda, sino ser capaz de salir y luchar.



domingo, 22 de diciembre de 2013

Gritos.

Alienada, fuera de este mundo, con miles de voces que hablan dentro de mí, de partes que pelean entre sí y pierdo el control. Chocan y se gritan, se insultan y me destrozan, cada una de esas partes habita en mí y me sofoca, me hace sentir que no merezco estar aquí, que no valgo la pena, siento que no pertenezco a ninguna parte, existo por inercia, pero me duele sonreír, me duele amar. Me siento cansada, ya no sé qué hacer. Límite. Límite es al que he llegado, al punto de no regreso y donde se acaba el poco coraje que me queda al final del día. Mis sueños parecen desvanecerse en telas de araña, en navajas, en gotas de sangre que se cuelan, en esos deseos de perder la batalla y gritarle al mundo por tanta injusticia, por este y miles de abandonos. No entiendo por qué diablos a mí, si yo nunca lo pedí, yo no quiero ser así. Siento que no estoy atada a este mundo, que si me marcho de él, nada pasará. Sombras, sombras y gritos, fantasmas de un pasado, de lágrimas que no salieron de tanto dolor que nunca se habló, de cada vez que no fui lo suficiente y de cada grito de ayuda que pedí pero que no se supo escuchar.

Demonios que se alimentan de mí, de las pocas fuerzas que tengo cada día para sobrevivir, de un ambiente que me asfixia, que lentamente me ha ido matando y esta es la forma que tiene mi mente de huirle a tanto miedo, a tanto dolor. Aterrada y con insomnio, considerando contemplar la luna y las estrellas por última vez. Ya no entiendo, todo es tan intenso cual avalancha poderosa que no se apiada de nada ni de nadie, me deja fría, muerta, impávida ante todo lo que sucede. Desearía que todo esto no explotara como volcán en mi cara, sentir que no soy el problema, que yo simplemente quiero aprender a vivir pero no sé cómo.

Quiero entenderme, quiero dejar de verme a mí misma como mi propio peligro, como mi monstruo. Me gustaría no verme con desdén cada vez que me miro en el espejo, aprender a recibir. Que es algo que tanto me cuesta, tengo miedo a recibir y que luego se me retire porque yo no sé lo que es tener. ¿Tener qué? Tenerme a mí misma creo yo, aprender que merezco más de lo que creo merecer, pero no sé cómo conseguirlo porque ni yo misma sé qué es lo que desató todo esto. Entre violencia y gritos y tantas veces que me dijeron que estaba mal, ya no puedo callar más. Quiero o despertar y gritar y alejarme o simplemente callar, callar para siempre y que nadie me escuche jamás.

Ya fue suficiente. No sé por qué he decidido quedarme callada y destruirme, destruirme cada día más y dejarme llevar. "Ser agradecida", como si mi vida valiera una cantidad miserable de dinero y mi felicidad no fuera suficiente sacrificio para estas personas, estos fantasmas que dicen conocerme pero lo que hacen es robarme lo poco que me queda de energía para vivir. Es que cómo duele, duele tanto no recordar lo que es estar lleno, lo que es sentirse pleno, lo que es sonreír y no tener que pretender estar bien cuando por dentro estás más roto que un jarrón de porcelana luego de ser tirado al piso por un golpe.  Cómo se siente el que todos crean que es tu culpa, que no te esfuerzas y que día a día veas como todo tu esfuerzo se desvanece y nadie lo ve, que a pesar de que sentís que te querés morir ponés de tu parte y te enfrentás ante todo y crées que tod puede cambiar, que hay algo allá afuera que se sentirá mejor que tus manos alrededor de tu cuello intentando matarte, que la navaja cuando entra en tu piel y la rasga, la rasga en miles de pedazos y sangra, se siente bien, bastante. El dolor de adentro se va, desaparece por un par de momentos, sin embargo eso es perder el control y no ayudarte cuando has estado pidiendo ayuda por tanto tiempo y nadie ha querido escuchar los llantos a media noche, las quejas de cansancio, de todas las veces que querés desaparecer.

Mala, culpable, insensible, malagradecida, mimada, drama queen, lo que tenés no te hace para nada especial. Sí me hace especial, yo en sí debería ser igual de especial que los demás, no porque tenga estándares diferentes, sino porque yo fui deseada al ser traída a la vida, pero yo no la deseo ni ella a mí o no sé. Simplemente en este momento mis pensamientos me ahogan, ya no tengo un lugar seguro, mi lugar seguro fue violentado, se derrumbó ante mis ojos, mi cuerpo ya no es mío, desde que alguien decidió que insultarlo que ultrajarlo con su maldita violencia yo le pertenecía, que mis pensamientos son errados, que por ver las cosas a través de un cristal diferente yo nunca tendré la razón, porque sé que la vida es más que este maldito infierno en el que estoy y podría llegar a ser maravillosa, lo que no cura por completo este desastre, este dolor, estos gritos que pego en silencio y lágrimas que se ahogan contemplando la idea de desaparecer.

Me muero, siento que desaparezco. Inestable. Exactamente así estoy, inestable ante todo. Humana ante todo pero la ambivalencia entre el amor tan grande que siento ante la posibilidad de vivir y el deseo fuertísimo de morir me hace casi imposible el encontrar esa paz. Ese despreciar de los otros hacia mi inteligencia, que creen que es demasiado peligrosa para mí, esto de ir a mil por hora y no comprender que pasará luego, si vale la pena seguir respirando y no simplemente exhalar por última vez y dejar en este mundo el amor que me queda y reunirme con aquellos que nunca me silenciaron y me escucharon hasta el último momento. Siempre prometo no fallar, mas me he fallado a mí misma, porque no he podido defenderme, no he podido amarme a mí misma como debería, porque me enseñaron que amarme está mal, que mi cuerpo es básicamente la propiedad de otro que tiene control sobre él y que si le hago algo a él, yo soy la loca, la que no se esfuerza por salir del puto hueco en el que estoy pero sí es correcto cuando alguien más lo censura, lo maltrata y lo reprime.

Loca, irrespetuosa, cállese. Qué tonta soy al pensar que estas palabras son las correctas para tratarme. Es tan difícil explicarme o explicarle a los otros sin ser juzgada, que yo no estoy buscando más odio ni que me alejen más o que crean que lo que siento y pienso no valen nada. Estoy ahogada, se siente tan bien el fría en mi piel, siento que estoy viva, aunque sea una pequeña llamita está ahí dentro encendida y me dice que vivir un día más es bueno, que el dolor pasa, pero que una vida no se repone. Me gusta pensar a veces que no existo o que simplemente soy una ilusión, a veces me parto en dos y mi cuerpo se queda en un lugar pero mi mente, mi mente viaja lejos, se esconde y decide no recordar nada al día siguiente. Ya no siento fuerzas suficientes para levantarme cada mañana. Abro los ojos, veo la luz cada mañana y no sé cómo diablos será el día, que amanezco enojada, que amanezco ansiosa, que no entiendo y me irrito, que quiero gritar, encerrarme, alejarme de todos y desaparecer. Es como una maldita montaña rusa a la que no decidí subir, no obstante por alguna razón es maravilloso ser así, se siente especial, se siente como una válvula de escape de cierta manera y una extraña manera de aprehender el mundo que me rodea, que me ha enseñado a estar siempre atenta a la lucha.

Narcotizada, en crisis e ignorada, porque parece que todos los eventos que han ocurrido se olvidan al par de días y se cree que ya estoy mejor. Nada es más lejano a la realidad que eso. Ya no quiero comer, no quiero dormir, le estoy perdiendo el gusto a la vida, me estoy enamorando más de la soledad que de aquel par de ojos marrones y cachetes con pecas o de esos ojos verde musgo y el movimiento de su mano en el cabello que me erotiza tanto. Me he ido apagando, como que soy un cuadro viejo al que le cayó la lluvia y se fue destiñendo. Qué molesta que estoy con todo, cuán ansiosa y atemorizada me siento. Es que mi vida nunca ha sido mía, es que me dicen que tome las riendas de mi vida, pero se imponen ante las decisiones que tomo y si tanto les molesta, pues podría desaparecer. Entre viejos pensamientos, entre la espada y la pared, se encuentra mi vida. ¿Mi vida?

Espero a que pase la tormenta, sólo puedo esperar o escapar. Mi estilo no es escapar, pero siento que me falta el aire, que viajo a más de 200km por hora y que no sé cuando podré detenerme. Sólo quiero llegar a ese lugar donde pueda calmarme, donde pueda hallarme y decirme lo increíble que soy sin sentirme culpable por ello o que no sienta vergüenza sobre mi cuerpo porque en realidad no tiene nada de malo. Quisiera poder amarme, amarme tanto y amar, aprender a amar sin miedo, sin ese maldito miedo al rechazo, a no ser nunca suficiente para nadie y ser más una molestia o un error que una compañía amable y sincera que puede dar muchísimo y que puede recibir sin miedo a que existan segundas intenciones. Nómada, altibajos, tormentas del desierto y un temblor en el alma. Mi cuerpo se sacude y toma con resistencia cada uno de los embates cada vez que me voy a los extremos y no se siente siquiera el dolor y no existe un punto intermedio en este interjuego de situaciones que o me ponen en la cima del mundo o en lo más bajo y vil del infierno en cuestión de segundo.

Entre sueños, recuerdo a aquel que jamás me silenció, quien quizás era el que me mostraba su amor. Cada día está a mi lado y por quien daría todo. Mi temor es abandonar a la persona que me ama, que ha intentado ser mi escudo pero no se dio cuenta de los mismos embates que recibí con los años, que no notó cómo me fui apagando, que me dio un abrazo luego de hacerme llorar, porque el sentimiento era el correcto mas la acción no lo fue.  Por su sacrificio, por cada lágrima derramada y cada susto, por ella vale la pena luchar y ayudarla tanto como ella me ayudó a mí, pero necesito ayudarme, necesito alejarme...Hay tanto que necesito para poder darle, retribuirle, mostrarle que las segundas, terceras e infinitas oportunidades existen en la vida y que nunca es tarde para hallar la felicidad (espero conocer esta sensación con prontitud).

En mis sueños, una de las personas que más quiero, me toma de las manos y me pone tinta en ellas y nace de mis venas una enredadera con flores rojas, flores que viven, que llevo grabadas en la piel, tal como siempre la llevaré a ella conmigo, como esa marca indeleble que ha dejado en los últimos cuatro años de mi vida y que por más que no lo desee así, la deseo. No sé si me será correspondido pero en sus brazo también brotó una enredadera a modo de simbolizar nuestro vínculo que como enredadera crece cada día más y es duro deshacerse de lo que se ha cultivado. Por más que para los otros sea incorrecto o que les duela y deba esconderlo lo más que pueda, es un fuego que no puedo apagar y duele, duele tanto a veces, pero se sigue porque ver esos ojos brillar o un abrazo provenir de aquella persona es más que suficiente para vivir un día más. Porque quiero que sepa que la quiero, que la quiero tantísimo y le agradezco cada instante que ha estado conmigo y que siempre la llevaré conmigo.

A mi lado amo las pecas y la sonrisa de aquella mujer que me ilumina la vida, que ha estado en las buenas y en las malas y que ha aprendido tal vez a golpes que el límite a veces no es malo, que a veces estoy dentro y a veces fuera, que yo no vivo, que oscilo y que cada día a su lado es un regalo, por esa sonrisa, por esas lágrimas y por tanto que la amo, decido quedarme para poder seguirle diciendo que la amo aunque me cueste tanto últimamente pues ni siquiera sé si yo sigo siendo yo. Los días no son suficientes a su lado y me dibuja un dragón y un fénix, ambos mis guardianes, mis protectores y mis símbolos en esta lucha que acabo de emprender, una vez más, no obstante no la planeo abandonar. Duele, como duele este momento, como me sofoca, como es de impredecible y odio perder el control. Sé que voy a estar bien, que voy a mejorar, pero nada ni nadie, puede borrar este vacío, esta montaña rusa, esta herida abierta que grita por ser sanada y por el poco de amor que me queda, que me protege y me grita desde adentro: Ya no más.

~Lucho y lucho, porque ya por mucho tiempo dormí y quiero que mi voz se haga escuchar...Porque la máscara que llevo día con día, me pesa, porque ser un fantasma sólo me duele más,  porque tengo derecho a sentir.

martes, 29 de octubre de 2013

Printemps: un esbozo en otro idioma

Printemps je te prends, je ne sais pas si tu me connais comme je te connais, mais je veux me perdre en toi. Printemps tu me manques beaucoup, et je ne pense qu'a toi. Je veux courir et tout te dire, chérie, printemps de ma vie. Je regarde tes arbres dehors, dehors de ma fenêtre, et je me questionne si tu seras toujours encore là. Printemps, je parts bientôt, et pense très fort a toi, a ton visage, et je ne sais pas où aller pour m'enfuir de toi. Printemps je t'attends comme un enfant attend sa mère, tu me manques, ta sourire dans le vent et l'amour que tu donnes dans ta voix. Printemps, t'es un jardin pour me cacher, pour cacher mon corps, mon âme et les petites rires que je laisse sortir quelques fois. Printemps, attend moi, pour chanter un chanson avec toi, je veux être une avec la nature, le renaissance de la vie, toi...

Senta.

Tiene los ojos pequeños y grandes bigotes,
púas por doquier y dientes enormes.
Tiene las patas enanas y las uñas bien largas,
y un olfato increíble que todo capta.

Se llama Senta y habita su igloo,
sale de noche y alborota su frenesí,
se agita en su jaula y revuelca su papel azul.

Senta no habla, pero ella conforta,
ella canta a su manera al unísono conmigo
y una a una las penas confronta.

Ella durmiendo el día pasa,
de noche es cuando ella se levanta.
Me busca a la espera de verme llegar,
la tomo en mis manos para jugar.

Senta no me dice una sola palabra,
con sus sonidos de erizo ella canta.
Se mete en mi ropa, se mete en mis sueños,
¿Quién podría no amar a ese ser pequeño?

Ella me punza cuando anda de malas,
mas no se esconde nunca de mi mirada.
Se duerme en mi regazo, se regocija en sueño,
yo no le daría un mejor dueño.

Parece que Senta no tiene razón,
pero en sus ojos refleja amor.
Se mueve alocada en su frenesí,
Ella es de allá, de acá y de aquí.

lunes, 28 de octubre de 2013

Crónica de un diagnóstico: Día 2, lluvia

Llueve, llueve dentro de mi alma, llueve dolor, llueve oscuridad, llueven las ganas de desistir. Ya no quiero amanecer ni quiero seguir llorando. Quiero que este huracán se calme y se vaya lejos, lejos. Yo sé que yo puedo, que yo puedo salir de aquí, pero hoy la nube es muy pasada, esperaré a que pase el aguacero sólo por hoy...

domingo, 27 de octubre de 2013

Crónica de un diagnóstico: día 1.

A veces me pregunto si sólo yo me he enamorado así alguna vez. Si alguna vez sentí que se detenía el tiempo en su mirada o que se perfumaba el viento en su soledad. No sé si alguien más habrá tenido la dicha de sentirse desnudo frente a la presencia de su ser amado a pesar de estar cubierto de ropa, de zapatos, de viejas corazas que se derrumban ante esos ojos que envician, que aman, que crean. Esa gracia infinita de sentirse amado, de tocar el cielo aún con los pies puestos sobre la tierra, de estar boca abajo o debajo del agua y poder respirar con facilidad porque esa persona despierta cada día. No sabría decirte si conocés el sonido de un corazón latiendo de emoción, de sentirse como un conejo asustado pero de la felicidad entre los brazos de quien se ama. No amar porque no queda de otra, sino ese amor arrebatador, prohibido, eterno y fugaz a la misma vez, maravilloso, que arrasa con todo a su paso y se convierte en llama. Me pregunto si verdaderamente es amor o si es flor de un día, si esa vibración dentro de mi alma que hace eco y llega a la tuya es nada más vibración o si es cosmicidad vuelta pasión, amor o cómo se le quiera llamar.

Quisiera saber si hay gente que corre bajo la lluvia y se echa bajo ella cuando cae torrencialmente. Gente que como yo no se fija en el reloj y continua sin importar lo que pase. Gente que se emocione por cosas que nadie más ve de la misma forma, como las flores cuando nacen, el brillo del rocío, la belleza de la poesía y las imperfecciones en el cuerpo propio o del otro. Cuerpos llenos de bolsas bajo los ojos, de penas que se convierten en cicatrices, en arrugas, en pocas canas que se llevan sin miedo en la cabellera. No sé si hay gente que tiene la necesidad de querer tocar la luna, de llenarse de vida, de gritar y liberarse. No entiendo cómo alguien podría vivir sin dejarse llevar alguna vez por una sonrisa o hablar por horas con la misma persona y sentir que fueron sólo segundos. Me encantaría averiguar por qué muchas veces se deja de luchar sin siquiera haber vuelto a sentir la delicia del verse triste, porque estar triste puede disfrutarse, puede ser un tiempo para re-encontrarse, para resurgir, para demostrarse una vez más que se es más valiente de lo que se creyó en un inicio.

No sé si existe más gente que ve un diagnóstico y ve una oportunidad de crecimiento, de aprendizaje, de pasar la hoja y re-enamorarse de la vida para latir con más fuerza. Quiero saber si alguien más se detiene a imaginar mundos que nacen, explotan y llenan espacios que nadie más conoce. Hay días que quiero bailar de la nada y cantar con todas mis fuerzas y sentir que nada me detiene, que soy dueña de mí misma, que me estorban los zapatos, que me vale un pepino la edad, que el té ya no sabe a lo mismo, pero que al fin y al cabo reconforta el alma. Que hay días en los que me veo al espejo y me amo infinitamente por más que no sea un buen momento, pero cada momento es mío y puedo abrazarlo. No sé en qué momento se me fueron las riendas y algo se apoderó de mi vida, pero sé que puede ser mía de nuevo como lo fue siempre.

Quiero que los abrazos que dé salgan desde el fondo de mi alma, donde se posan en forma de remolino en mi panza y se dibujan en mis brazos como prueba de mi vida. Darlos a quienes yo desee, no porque sean una obligación, sino porque con ellos quiero llegar al alma de la otra persona, hacerle saber que estoy aquí, que podemos huir de todo y de nada en ese instante, que podemos gritar en silencio. No quiero pensar en nombres ni edades, ni mucho menos en las nimiedades que hemos vuelto enormes. No sé si alguna vez vos te has quitado los zapatos y has corrido en el zacate mojado o si has metido los pies en el mar y has sentido que vibrás por dentro, que la vida te desborda y sólo querés amar, amar para siempre, a vos, a la vida, a todo lo que te rodea. Quiero abrazarme a la vida aunque sepa que hay una ambivalencia entre la muerte y ella, pero aunque le coquetee de pronto a la muerte, estoy profundamente enamorada de la vida. Me abrazo, me abrazo me abrazo y se lo demuestro a la vida cuando me manda su instrumento que me despierta de porrazo y me manda de vuelta al ruedo, yo a ella le di un abrazo, fuerte duradero, por devolverme la esperanza.

Me gusta pensar en mis momentos de ocio que hay miles de cosas más allá que no se pueden explicar, que no tienen una base, que simplemente existe. Me encantaría enredar mis dedos en miles de cabellos y contar historias hasta quedarme dormida. Quisiera reír y reír con ganas, que se me vea la campanilla, quedarme sin aire y rodar en el suelo hasta parecer una morsa y que de mi garganta sólo salgan chillidos. Quiero hundirme, hundirme en una tarde soleada, en una bandada de pájaros que pasa, en una copa de vino tinto o en el aroma de un pastel o en un par de labios que parezca que me van a tragar pero que solamente van a pintar en mis labios una historia más, que puede que dure o que no pase jamás.

No quiero esperar a que las cosas pasen y dejarme morir, culpar al resto por lo que pasa o dejarme una estampilla en la frente con quien soy a partir de un papel. Son momentos, son situaciones que se pueden ir, pero este néctar cósmico que soy se desprende del dolor, soy dolor y felicidad. No me importa si estoy sola o hay alguien más, quiero ser la persona de mi felicidad, quiero ser aquella que aprenda a recoger los pedazos para reacomodar el mosaico en mi piel, quiero ser aquella que con palabras entreteje historias y sueños, que se enamora de atardeceres y amaneceres, pero que también disfruta la noche como un gato furtivo. Quiero sentir como nos cae la lluvia a vos y a mí, a pesar de que no tengo un nombre en mente para vos, ni un destino, sólo un viaje libre de maletas hacia donde la vida nos lleve.

Entre mis planes no está echarme a marchitar, a esperar que todo cambie de un día a otro. No quiero que el universo se abstenga de amarme, ni que las naves espaciales de mi pensamiento se empolven bajo el techo de una tristeza sin par, duele. Y sí que duele, pero el dolor no es tanto como para seguir cavando la propia tumba. La tumba es algo a lo que se llega o no se llega jamás, pero que de todas formas no vale la pena empezar a cavar, porque aún hay tantos lugares que conocer, gente a quien amar, sonrisas y lágrimas por dar. No vale la pena dejarse ir, soltar la mano de la vida, cuando hay un propósito para seguir aquí, par seguir diciendo aquí estoy, para seguir dando el grito de guerra desde el alma y usar colores, lápices y formas para darle gozo a esta montaña rusa que llamamos vida.

Abrir un nuevo camino puede ser siempre difícil, puede ser complejo salir de las cenizas convertido en fénix o cortar las espinas de ese jardín que impiden el ingreso a una nueva cosecha. No quiero pasar mi vida como un ingeniero o un constructor que hace su creación y queda atrapado en ella, quiero ser como el jardinero que aunque cuenta con el factor de lo impredecible, puede cambiar el curso de las cosas y actúa con lo que tiene, quiero mantenerme humilde y aceptar que no soy invencible, sino que también tengo errores y debilidades, que está bien perderse de vez en cuando, pero saber encontrar el camino, que está bien bajar la guardia y reencontrar trozos de uno mismo en otras personas, que la carga no debe ser sólo mía. No sé si hay alguien más en este momento que se le despierte la llama y sólo quiera luchar por la vida, porque aunque no sea la gran cosa muchas veces, es la maravilla más grande para ser diseñada.

Quiero tirarme en el piso, en ese zacate, a ver las estrellas a pensar que soy una de ellas o que lo fui alguna vez y decidir que si ellas siguen, si se extinguen, si renacen yo también puedo. Que aunque existan hoyos negros, no sabemos qué hay dentro de ellos, si hay mundos desconocidos, dimensiones en las que todo esté de cabeza. Sólo quiero sentir que bajo todo todo este talud que ha caído, ahí, bajo esas capas de tierra, sigo viva, que esa tierra puede ser utilizada para sembrar flores, árboles y darle forma a una nueva alternativa. No sé si existe alguien más en el mundo que se considere lo suficiente para saber cuando tirarse al piso y decir que se da por vencido, para luego tomar a su oponente con la guardia baja, sorprenderlo y luego de hacerlo trizas, demostrarle de qué está hecho, se reconcilia con ello y lo vuelve su amigo.

No quiero que un par de palabras me definan, pueden definir los momentos que pasan, la época que atravieso, pero jamás, podrán decir quién soy ni de qué estoy hecha, ni a quien amo, ni lo que me apasiona. Me apasiona el olor a lápices que me queda en las manos, el escuchar una voz conocida, el despertar corazones, regocijarme con nuevas especias cada día, el dar nuevas oportunidades a mí misma y a otros que pensaban que no podían. Quiero dejar algún tipo de huella y que antes de partir, sepa que he vivido de forma intensa y he marcado vidas enteras. Quiero volver a sentir esa maravilla de la vida creciendo en mí, ese impulso frenético que se convierte en sonrisa, en chispa, en esa gana de vivir, en ese aire tan sensual que parece hipnotizar. Por hoy no digo adiós, ni pasado, ni en ningún momento cercano. Déjame abrazarte y llenarte de palabras sin letras, ven vida para hacerte mía.

~La fuerza se encuentra siempre en los lugares más oscuros y extraños, toma un poco de valentía ir a buscarla, pero ayuda a empezar viajes para crear nuevos mañanas.

domingo, 29 de septiembre de 2013

Camino.

El tiempo voló, jamás se detuvo a esperar.
Con ojos cansados de tanto mirar o llorar,
Vuelan los minutos y se convierten en años,
en años que se lleva el viento que ya no vuelven más.

Años en los que todo cambia, todo crece.
Años en los que se gana y también se pierde.
Se pierden cosas valiosas, pero el recuerdo,
el recuerdo jamás se olvida.

Se ganan experiencias más allá de asperezas.
Anillos nuevos de esperanza crecen en el tronco,
alrededor de aquellos viejos sueños usados.
De sueños de tiempo que se van con el viento.

Entre pilas de hojas marchitas, el pasado
es como un guerrero de batalla deshojado.
Un guerrero que luchó por sueños,
por renaceres muchas veces inciertos.

A las puertas de un camino, te recuerdo.
Pero el tiempo no espera y la marcha empieza,
Esta batalla entre tiempo y espacio,
Maldita lucha que entre ellos no cesa.

Al ver atrás, hay heridas, camino recorrido,
Entre sus luces gozo, entre sus penas sollozos,
Pero esos recuerdos viajan conmigo.

El ver atrás no hace daño de vez en cuando,
es bueno saber de dónde vengo y detenerme,
para esbozar en mi mente algún destino.
Sonrío, el tiempo no se detiene,
Aún hay camino.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Movimiento.

No sé de dónde vienes ni a dónde vas,
te persigo a ti como un sueño fugaz.
Espero al otoño no para morir y envejecer,
sino para que el árbol en mí pueda renacer.

Miles de hojas de colores de su tronco emanan,
del árbol dormido y olvidado en el centro del alma.
No te conozco, no sé quién eres, ni de dónde eres.

No te vi venir, ni te sentí pasar,
sólo conozco de ti el nombre y nada más.
Lentamente nace en mí un amanecer soleado,
se cuela entre mis dedos como un abrazo.

Vienes y vas, vas y vienes
te pasas la vida en vaivenes.

Te escucho pasar, te oigo reír, no sé quién eres.
Sólo sé que este ir y venir es uno de mis placeres.
Se ha ido la oscuridad y los rayos de sol iluminan.
Como dos extraños que lado a lado caminan.

Crece la bondad, crece el cariño
por un sueño desconocido.
Te espero y también te olvido,

No sé dónde vas, ni sé de donde vienes.
Sólo sé que es constante donde te hospedas.
Aquí, en mi alma tú también sueñas,
esperando que los caminos se crucen de nuevo.

No sé quién eres, ni sé qué me despiertas,
pero retoño en tu pensar y seré eterna.
Incorpórea, sutil, una brisa otoñal.
Te espero y te dejo, me despierto en un sueño.

Vas y vienes, me dejan perdida tus vaivenes,
pero es esta la locura de nuestras vidas.
Yo empaco y tú me olvidas, empacas y regresas,
preparamos maletas unidas y volvemos al inicio.

Esta vez no tomemos distintos trenes, dime de dónde vienes.
Estoy dispuesta a respirar contigo, a compartir camino.
Dos árboles que crecen o dos libres golondrinas,
Saber quiénes somos más allá de un nombre,
un palpitar que debajo del pecho se esconde.

Quédate un rato más esta vez,
quédate para siempre si querés.
Vamos lejos, viaja conmigo.






viernes, 30 de agosto de 2013

bsjkkkak

Hoy no quiero seguir viéndote como lo hago siempre, quiero tenderte mis brazos y que correspondas a ellos, no quiero impresionarte ni usarte de trampolín. Eso es para gente que no me importa tanto como tú. Intrigante como siempre, me asustas, me paralizas, pero aquí dentro de mí, hay un lugar esperando por ti. Un lugar que no quiere ser seguro, quiere ser de aquello que es tan hermoso tan hermoso que dura la vida entera.

Quiero que seas persona junto a mí, que llores conmigo si tienes que llorar, que rías si tienes que reír, para las máscaras está el resto del tiempo, no tener miedo de ser. Tiéndeme la mano, dame una sonrisa, que me hace falta tener dónde más mirar, algo que calme un poco este tsunami que ha ido creciendo y los dique ya no pueden contener. Quédate conmigo un día más, no tengas miedo de mí. No quiero ser la niña perfecta que siempre aparenta estar, quiero que conozcas mi alma desnuda, porque mucha gente podrá verme día a día y no concibo darles el regalo que quisiera darte a ti, de mostrarme tal como soy de dejar caer mi caparazón y me encantaría saber que estás ahí. 

No sé cuántas veces he deseado huir y esconderme, sin embargo te llevo conmigo, no sé quién eres ni de donde vienes, sólo quiero que te quedes conmigo, que cuentes estrellas así como contamos penas, que cantemos risas y comamos sueños. Yo te quiero hacer persona, verte en tu esplendor humano, tenerte cerca, no quiero que seas una extraña para mí...Me apena me apena, me quema, me carcome, mas el alma cual estatua de hielo busca algo de calor para que se derrita. 

Quiero que me digas tonterías, que nos miremos a los ojos y no en planes turbulentos, sino en planes de amistad, de un lazo indestructible que compartamos sólo vos y yo. Quiero que el día que deje de respirar suene el eco de nuestras risas en nuestra memoria, que una parte tuya viaje la eternidad conmigo, no preguntes por qué te elegí hoy, no preguntes qué me apena de decirte todo esto...Sólo aguardo y espero que esperes al próximo tren conmigo, que lo abordemos ligeras de equipaje y que de a pocos se construya lo que se tenga que construir. Quiero que seas algo más de lo que eres.

domingo, 5 de mayo de 2013

Intensidad.

Intensidad en meses que parecen siglos sin un respiro ni un segundo para escapar. Bajo el mar se mecen olas subterráneas, producto de un maremoto que no puedo evitar. El fluir de cada una de las emociones y el sueño de cada día que se desvela en la oscuridad de la noche, me hace volver a aquel lugar idílico donde nos solíamos encontrar. Instantes intensos y prohibidos que resucitan aquella sensación del secreto que solíamos compartir. Encarcelada en instantes, detenida en palabras y miradas de extraños que pasan a mi alrededor, espero, sin esperar nada. Ya no sé a quién ni qué espero. Esperando se me va la vida, tal vez no espero simplemente trato de apreciar algo que esté más allá de lo que hay acá. ¿Realmente busco un lugar? Una fracción de espacio dónde encajar, a la que me resigné a no encontrar, ¿llegué antes o después del tiempo adecuado?

Sigo caminando por calles llenas y vacías a la misma vez, me pierdo. Acorralada a un mínimo espacio entre el mar de gente de todo tipo. Intento huir, huir de las miradas o no miradas, de las tendencias del momento. Me pierdo el tiempo, me pierdo de estar en alguna parte, me pierdo de las responsabilidades que no dejan la mente en paz o creo que más bien es un intento de huida, de esconderme y cubrirme de todo. En un intento de redescubrirme, cierro los ojos y espero que alguna idea me llegue bajo este cielo grisáceo de la ciudad, en medio de un océano de smog, una brisa suave, un torbellino de soledad que me invita danzante a seguirle en medio de autos, de personas, de hojas que caen lentamente y luego son furiosamente llevadas por el vendaval. Corro y corro detrás de esta brisa maravillosa que me envuelve y me llama por mi nombre. Llego a un lugar que me enamora, me canta y me recibe con los brazos abiertos, un hogar.

Un cielo abierto, azul. Un sitio dónde siento que estoy sólo yo. Yo con ojos abiertos y un corazón palpitante a la energía que me invade. Simplemente un portal que es mío, que no tengo que compartir, detenida en el tiempo, ahí estoy. Quisiera no tener que irme jamás de ahí. A lo lejos un violín llora, llora de olvido. Me transformo. Soy luz, luz que viaja rápido y a la vez despacio. Atravieso el mundo, el universo y abro los ojos. Muero y renazco en un mismo ocaso, muero como el sol que se oculta y renazco en vibración, en energía y en soledad. Me siento más cerca del centro de un todo, de un todo olvidado, de una voz acallada, de un canto animal. Soy hembra, animal, instintiva e intuitiva. Me niego a ser clasificada como humana, a ser despojada de mi hábitat, a extinguirme sin siquiera haber existido.

Existir lejos de aquí, existir donde la vida sea más que ropa, más que responsabilidades, más que el celular y las llamadas. Quisiera ir a algún lugar donde las palabras no sean necesarias para decir cosas que no sentimos, donde no haya que trabajar por cosas que no queremos pero que no podemos pagar por las que necesitamos, porque no se compran. Rujo como un tigre. Tal vez esté sola en este vaivén de ideas, en este intento de escape, pero no lo soporto más. No quiero que se me vaya la vida en noches de bar, en penas ahogadas en alcohol, en años consumidos en cigarros, ni en estigmas convertidos en dogmas, en cosas que no reemplazan un abrazo sincero o una conversación simple y sin palabras. Quiero que mi vida, mi vida se vaya en la imaginación, en la creación, en la transformación de mi ser y en el descubrimiento de un otro que no me canse de conocer, abrazar y recorrer. Ya no soporto la idea de cómo se debe vivir, quiero el divorcio de esta vida de esclavitud y abrir mis ojos a un estilo nuevo, lejano, mío.PROPIO.

~Ya no quiero volver al lugar donde las cosas tienen precio pero no valor, irme lejos aunque sea dentro de mí misma. Si alguien más quiere unirse y puede escucharme, vamos juntos. Que ya no quiero volver a esa falsa unión en la que todos somos extraños, desconectados, solitarios. Intensidad en los colores y en la vida misma, sazón; ya no quiero volver al gris ni al smog, quiero respirar al fin.


viernes, 19 de abril de 2013

De olfato y otras cosas...

Entre todos los olores del mundo, se me quedan grabados olores que serían irreconocibles para otras personas. Olores con nombres que no son capaces de ser descritos  por nadie más que por mí y mi extraña nariz. Esos aromas que se quedan colgando, perfumes exclusivos de cada quien, que me ayudan a identificar un poco más su personalidad. En un abrazo efusivo, se funde en mi mente el olor personal de alguien con la imagen de un campo de flores con azúcar, huele a primavera. ¿A qué huele la primavera? Huele a ese cuerpo, huele a flores con azúcar y pajaritos cantando, a hojas frescas, a cielo azul y nubes blancas y a cariño, sí a cariño. La calidez de una piel que toca otra piel y produce una reacción, no de soltar, sino de sostener, de apreciar el momento de ensueño mientras se puede.

En los corredores se entremezclan cosas extrañas, como olor a plantas, olor a "pacuso" de varias personas, a comida y a todo lo que se puedan imaginar. Me siento como un animal, buscando un olor particular, que huele a sol. A día soleado combinado con algo de brisa y de tierra. No el sol de cualquier hora, sino el sol de la mañanita que huele fresquito, a recién despierto, a café recién chorreado y a un "¡buenos días!" alegre. Ese olor que reconforta, que calma, que cuida y hace dormir, de refugios en cuerpos que se quedan ahí hasta que alcance la vida. Sonrío, me siento como un perro, pero al fin y al cabo me hace feliz que pueda recordarme tantas cosas un sólo olor. Recuerdos maravillosos de días de campo, de salidas, de momentos de risa interminable con ese olor a sol y unas pecas radiantes.

Un olor a especias como de comida picosa y como de bebé a la vez. Así huele la piel que me ha cuidado la vida entera. Olor que se queda, que vigila, que perdura en mi memoria. Que rehuye a desaparecer de mi mente. Mamá. Cuestiones de lugares, de crecimiento, de historias que quedarán grabadas en mi memoria. Quisiera que ese olor y los otros dos perduren a mi lado hasta que mi olor haya muerto conmigo y alguien más cargue un olor distinto que les pueda unir. No sé cómo explicar cómo relaciono ese olor, pero también huele a jabón y a humildad, a amor puro, a felicidad simple y a no sé que más.

A veces en ausencia, me llega un olor a hospital. A corredores que huelen a muerte y enfermedad, a días de sopa en un cuarto, a cuidados, a palabras que no quedan en el olvido, a lágrimas que no salieron y se encerraron en una burbuja de cristal. A lo que huelen las tardes en un hospital, frío, vacío, desterrado y comida mal hecha. Este olor a veces me persigue y me hace recordar a aquella persona que hoy ya no está. ¡Cuántas horas oliendo ese lugar! Miles y miles de segundos en cinta de video en mi cerebro deben estar y cuando ese olor aparece, comienzo a recordar. Me hace falta el olor de este humano que partió a un "sitio mejor" y el olor de brazos finos que se sienten como bosque donde esconderme y saciar una sed de tiempo, de reconciliar.

Olores de todo tipo, que nadie más puede entender, son los olores que quiero yo atesorar. Olores de vida, que huelen a individualidad, que me hacen volar en el tiempo y espacio hasta que ya no pueda más. Crean más neuronas para abrirse paso en mi cerebro y por lo tanto ahí quedarán. En moléculas de ADN a mi descendencia pasarán, tal vez no con el mismo significado, pero una huella en el tiempo, imborrables serán.

sábado, 15 de septiembre de 2012

Ángeles

En el cielo hay cinco ángeles que cuidan mi camino, en  vida me hicieron sonreír y por ello el dolor de su partida no deja respirar, presiona el pecho y reprime sus lágrimas heridas, ancladas a viejas ilusiones que se fueron con ellos. Cinco partes de mí se han ido ya y creo que no las olvidaré jamás. Cada una con su luz, con su poder de abrirme los ojos al mundo de una cierta forma, un apoyo, una broma...Ahora están lejos de mi alcance y ángeles son, ángeles que han de esperarme y festejarme cuando me reúna con ellos. Sé que por un tiempo les voy a extrañar, pero una parte de ellos se quedó conmigo y quisiera atesorarla lo más que pueda cada minuto que pase... Por ahora la tormenta aumenta su intensidad, no hay anclas que aten este barco a la deriva, quizás de las olas se salve o encalle en alguna parte, lo que sé es que con un poco de ayuda, llegará a su destino...

~Y sé que vendrán a verme en sueños, a recordarme por qué vale la pena calmar la sed de soledad y a la vez de amor... Sólo quisiera un día más...uno sólo para poderles decir lo que siento

sábado, 8 de septiembre de 2012

Llueve sobre mojado

Vuelve a caer la lluvia luego de su triste sueño, sobre tristes casas sin tristes dueños. Días tiene de no llover sobre el cielo de aluminio, pero por dentro en un cielo de emociones ha llovido a diario y el sol sale como en el invierno, tal vez por unos cuantos segundos y se esconde tras una pesada cortina de nubes negras de palabras, de reclamos, de silencios, de lutos y paredes de alma corroídas por la humedad. Las grietas en las paredes comienzan a hacerse evidentes y el agua se cuela entre ellas, el viento frío sacude las láminas que la cubren y la casa desnuda poco a poco comienza a desplomarse, cae la lluvia física, que se lleva todo a su paso, humedece aún más el grisáceo paraíso desterrado y desesperanzado del abandono. El paraje desolador pero a la vez nostálgicamente hermoso se compone de marchitas plantas, de colores pálidos que alguna vez fueron vivaces bajo la luz del sol de los sueños.

Meses de no ver la luz del sol brillar, de una palabra amable dentro de un hogar, todo se ha vuelto un eco vacío de una pesadilla de la que no se puede despertar jamás. Un mes con olor a hospital, a noches solitarias sin dormir, a llantos apagados por una sonrisa falaz, a miles de momentos de culpa de dolor de impotencia ante la situación. Aquella intención de poder hacer más de ser mejor que lentamente se esfumó por arte de abuso de motivación, por palabras vacías llenas de rabia que destruyeron el último rayo de sol, por un aliento que una noche de viernes como humo en el cielo se esfumó  y un alma más se llevó. Entre miles de momentos en un cartón vacío cual pordiosero se encuentra la felicidad, mendigando un poco de algo que la haga volver, se sustenta de sueños marchitos,de memorias vívidas de días que no volverán, de un cómplice que ya no respira más. Extrañando a un compañero fiel que se preocupaba por su bienestar, por que las lágrimas no rodaran de sus ojos, bajo cicatrices se llevan las guerras en la piel, marcas de tigre que no restan poder sino viejas amigas, cuentan historias sobre las noches en las que una pena hizo luchar, la prueba infinita de la libertad.


Las lágrimas caen de un cielo empedrado que siente empatía y llora, llora por un alma perdida. En un baúl de sueños una pluma suele esperar para un rato sacar esos viejos y nuevos fantasmas a pasear, entre aquellos deseos de ser escritor que parecen fantasmas de pasado cuando nunca solía ser suficientemente bueno, cuando la escritura era vista como una pérdida de tiempo y se le calificaba de inútil y vacía, sin ninguna razón de orgullo para nadie. Cuánto desearía que este sueño, esta escotilla por fin se abriera y se hiciera realidad, para poder dejar todo salir para entre metáforas y símiles entramar momentos alegres, dolorosos y de ira. Aunque no agrade el hecho que la demás gente sepa que se escribe, un talento que se guarda por vergüenza a que se piense en la locura del individuo o porque se le ve plagado de maldad o como un alma que no pisa la Tierra firme jamás.


Al lado de esta pluma el símbolo de eternidad grabado en un corazón que demuestre un enlace que nunca se romperá, aunque predigan que eso no servirá, que la gente ya no da más, de no merecer esa medalla llamada amor, porque al parecer con el tiempo pierde su candor. Mas no es cosa de ellos meterse en anhelos que no les pertenecen, vagos corazones frustrados sin voz que por no sentirse mal por su falta de responsabilidad consigo mismos matan a otro quizás. ¿Les habrá dolido que robaran de ellos sus misterios, sus dolores, sus deseos más internos? A veces sería bueno saber qué les ha hecho así, qué hace de ellos el querer aniquilar toda forma de vida, de alegría y de pasión, por cosas que ellos no entienden, por cambios que jamás quisieron hacer, por temores insensatos que no les obligaron a crecer, ni a comprender que no es una responsabilidad sólo consigo mismos llevar estos sueños a cabo, sino con la humanidad y por eso pisotean y pisotean a otros que sí tienen la fuerza para mejorar y cambiar.


Entre palabras espinosas llenas de veneno, de cárceles de culpa, de relojes que no dejan de sonar, de golpes energéticos que suelen desplomar, muy muy dentro está esa envidia por aquellos que se pueden liberar, aquellos seres libres de soñar. Asesinos, ladrones de color que sin conocer los anhelos de un corazón roto, se apoderan del mismo y lo hacen rendirse ante sus pies, dejándolo maltrecho y sin ganas de latir. Repitiendo palabras cual dagas que hagan desistir,de un futuro lleno de posible mejoría y felicidad, de frases negativas que deshacen los pocos cristales de voluntad, de malos tratos que desgastan la piel y aunque no tomen la navaja con la mano es como si cortasen la piel y la hiciesen sangrar, con sádicos ojos que les gusta ver a su presa retorcerse de dolor sin rendirse, de amoldarla al conformismo voraz, que se traga las ánimas de aquellos que se dejan llevar sin luchar. En busca de un esclavo que se arrastre por la vida como un vil reptil, como son ellos, como siempre serán, como silenciosos asesinos que con mentiras sacrifican a su víctima como la obtención de un nuevo poder , al decirle que jamás buenos serán, que sus caminos son los equivocados que no sirven para lo que creen que fueron hechos, cuando ni conocen el mundo detrás de la muralla que pusieron dentro de sí.


No quiero formar parte de esta legión del mal, de este apetito voraz por destruir,por la estática, por comerme vivos a otros humanos sin ninguna razón, de despreciarlos sólo porque sí, de minimizar lo que sienten porque simplemente me criaron así. Es mentira que no se pueda cambiar, que no se pueda ser lo que uno quiere ser, pero por hoy y por algún tiempo lloverá sobre mojado y seguirán lloviendo golpes al alma, dagas de palabras, sarcasmos y encierros, destierros y exilios dentro de un mismo cuarto, donde una vida vale menos que unos malditos trastes, donde siga siendo menos que nadie, donde repitan que no llegarán los sueños, el reloj suene y me diga que es hora de conformarme. Saco un paraguas maltrecho, intentando sostenerme a lo único que me queda desde que se marchó mi único aliado, un paraguas de amor me cubre con la vana esperanza de no mojarme más de que algún día deje de llover y crezcan a mi lado miles de flores rojas y pueda decir que vencí. Hasta ese día me aferraré a mis memorias y a mis ganas de comenzar de nuevo, con los pocos o muchos que me apoyen a salir de este encierro.


~Como estrella fugaz espero que bajes a mi lado y me vengas a cuidar en medio de este invierno infernal.



miércoles, 11 de julio de 2012

Lugar

Hay un lugar quizás en el que las palabras no deban esconderse, ni los gestos, ni aquello que va bajo la piel. Tal vez en un apartado lugar de este universo yo sea la persona correcta para estar, se decía mientras se miraba las manos en el jardín. Quería pensar que estaba viva y que no había nada que ocultar, en aquel trozo pequeño de tierra, de paz, donde podía descansar. Por mucho tiempo no pudo sentirse así, era esa cierta época del año en la cual todo parecía desaparecer y poner en tela de duda todo aquello que pensaba. Un lugar para el alma tal vez, donde al fin pudiera ser sin miedo, un lugar bajo el sol, donde los sueños se hicieran realidad. Todos tenemos nuestros secretos y por más pequeños que sean, puede que lleguen a corroer por partes, aunque no hayan sido nuestra culpa pero de la misma manera decidimos ocultarlos...


Los obstáculos llegaban como hojas de otoño que caían de los árboles marchitos por el viento, cubrían el piso, pero a su vez tenían en ellos cierta belleza que los hacía un poco mejores y hasta melancólicamente bellos. Mucho había perdido pero a la vez mucho había ganado. Amigos que como aves al vuelo habían anidado en su corazón y se había marchado por culpa de la gélida correntada de egoísmo o de odio que un tercero había ejercido sobre ellos. Lamentaba ver las bajas que había tenido y recordar los momentos amables que había tenido con esas personas, el cariño que dio y recibió, pero que como una flor, se secó y quedó como un recuerdo de lo que fue. Posteriormente creyó haber encontrado una nueva familia, sin embargo al parecer un trabajo parecía ser más importante que aquella pequeña red de ayuda que funcionaba de apoyo.


No tenía sentido preocuparse por los problemas o injusticias de la vida, si ya de por sí la vida era injusta. Siempre iba a haber gente que riera cuando ella llorara bajo la lluvia o se sintiera encerrada en una jaula de oro que aunque tuviera todas las posibles condiciones de vida no era suficiente para sentirse libre, las alitas cortadas, puesta ahí sólo para cantar sus sueños sin poder alcanzarlos. Lejos de la brisa salada que tanto bien le hacía, de tantas cosas que podía sostener en sus brazos y sentir que merecía ese lugar que realmente significaba algo para el universo tan pequeño y a la vez tan pequeño en el que se encontraba.


Lentamente una leve sonrisa volvió a sus labios, había tenido cosas buenas también, algo invisibles para otros, pero al fin y al cabo eran suyas. No las más grandes, ni las más duraderas, pero había aprendido que todo en esta vida pende de un hilo y hay que disfrutarlo mientras el hilo se mantenga en pie. En un lugar de un jardín ella era un rey, no una reina, un rey. El rey con poder, fuerte, valeroso y a la vez un cachorro, asustado por el juego de pólvora. Quería crecer pero a la vez mantenerse así. No sería un vacío más en este mundo, no deseaba ocultarse más, no era mala, era como flores resplandecientes y aromáticas en primavera aunque la pusieran detrás del muro de un baño público.


Esperaba lentamente en algún lugar de su mente que su libertad llegara, poder al fin respirar, disfrutar sin tener que pensar en el después ni por quien era ni sus errores. Desaparecía, desaparecía en medio de sus tupidos bosques en su mente donde ella era dueña, ama del lugar, donde nadie podía amenazarla ni prohibirle nada, el único lugar que era suyo, sólo suyo. Sí, su mente y su alma, porque al parecer sobre su cuerpo decidían los demás y sobre su corazón también. Nada parecía pertenecerle, pero ahí, en ese lugar todo era suyo, nadie la interrumpía, era SU lugar, su hogar, al que nunca renunciaría, aún en dolor o en soledad, era su único consuelo ante la inminente realidad.


Decidió no ser una esclava más, decidió dejar su imaginación volar. Sí, había cometido errores, no sería la persona más perfecta del mundo, pero sabía que merecía más que las migajas de afecto o los vestigios de poder de alguien más. Lo quería todo, quería que por lo menos algo fuera de su mente pudiera darle fuerzas para no desfallecer en esa jaula de oro y mantener la esperanza de hallar esa llave y que sus alas crecieran de nuevo y pudiera volver a cantar. De a pocos le comenzaba a faltar la respiración, ya no quería cantar, sólo huir. Una idea en su mente, una fuerza extraña en su alma y una atmósfera distinta, no moría, no. Ardería más fuerte en su interior, para mantenerse cuerda, para no odiar a quien la lastimó, para no extrañar su felicidad, para mantener como suyo aquel hermoso Edén dentro de sí.


~Entregarse a la infinidad, la memoria se adueña de sí...Momentos pasados y presentes que siempre estarán allí, cada tono cada intensidad tiene un lugar bajo el sol donde se convierte en ave y vuela lejos o vuelan en cielos sin fin donde son libres y quizás, sólo quizás cuando las nubes blancas se vuelvan algodón...los sueños de una niña se harán realidad...

martes, 12 de junio de 2012

Noches

Suena Vivaldi, suena en mi cabeza, suena en mi alma, mueve con tus violines cada cuerda de mi ser, desata en él una marea de ondas sanadoras que reparen lágrimas y sueños perdidos. Acompáñame en esta noche de estudio donde me siento desfallecer. En cuatro estaciones de gozo y tristeza divídete, déjame ser seducida por cada agudo de cada violín y con cuidado agrego música al film en blanco y negro que pasa frente a mis ojos. Mi cuerpo comienza a moverse y el exterior deja de existir. Se ha vuelto un mundo hermoso de repente en cada crescendo, en cada instante de música. Quiero extasiarme y en este mundo de fascinación quedarme yo.

~Son noches como estas en las que comprendo a los poetas muertos, que realmente nunca mueren pues en nuestras mentes siempre escuchamos su voz. No es sólo poesía la que se hace con palabras, sino aquella que toca el alma.

martes, 5 de junio de 2012

...

En marañas de rizos dorados observo cómo entra la luz del sol y se filtra, llega a mi rostro escondido en un mar de cabellos, de aromas, de respiraciones lentas. Olas de manos en mi cabellera, movimientos entre reconfortantes y amorosos, olor a nostalgia y a vida, a sol y a campos eternos de flores que no se resignan a morir. Un par de ojos, ojos vivaces que cual estrellas determinan mi camino cada mañana y que se mueven de un lado a otro tratando de captar una idea que se pierde entre las sinapsis de mis neuronas. En un suspiro y en palabras ahogadas se le va un poco de ánimo, un poco de vida. De sus labios surgen melodías, armonías, silencios, instantes, danzas de las que formo parte y a las que me uno. Pequeños adagios que suelen calmarme, que suelen arrullar un poco mis temores y mis dudas...

Seductores y dulces, recogen a la persona que raya entre inocente niñez y pasión adulta, invitan a recorrerles, a admirarles a sentir. Armónica y envolvente, me cobija como un manto cálido en noches de frío, en un hogar que nunca antes había conocido. Pronuncio su nombre y siento un gusto dulce y a la vez algo amargo, entre lo angelical y lo prohibido, un balance que a veces me desbalancea, que me hace querer gritar, que me hace querer llorar, reír y quién sabe qué más...Ha vuelto de mí su locura y yo le he vuelto la mía y cada día tejo a su lado un poco más, entramados de diversos matices, a veces azules, a veces amarillos, a veces grises o a veces rojos. Atisba mi fuego, me hace vibrar, me llena de vida con sólo  oírle hablar.

Su seriedad es su máscara ante el dolor, hacia la pérdida, pero con o sin ella no hay palabras para describir su belleza o la grandeza de su corazón. Sus puertas muchas veces cerradas muestran la fachada de un bello edificio, pero por dentro es una estructura por remodelar, paredes blancas a la espera de un atisbo de color, de un poco de luz que entre por sus ventanas y caliente la estancia. Quizás no una casa abandonada, sino desocupada. Cada vez que ríe es como si un trozo de papel tapiz viejo se desprendiera y logra mostrar cada uno de los tonos bajo su piel.

Curvas que sin duda se mueven al andar, cada paso un cantar de su cuerpo y un juego secreto que lentamente comienzo a entender. Caderas que se mueven de un lado a otro, pintándola como el ser más maravilloso bajo los rayos del atardecer. Es hija del sol, de rayos brillantes y ligeros, portadora de luz, de magia, de belleza. Se deshace en el paisaje, forma parte del mundo, parte de cada maravilla existente. Y cuando sonríe puedo jurar que algo se ilumina en algún lugar de mi alma. Sus ojos curiosos, ávidos por conocimiento buscan los míos, mientras la pinto con palabras y capturo su imagen con mi mente por enésima vez.

Todo un estuche de monerías, de besos, de abrazos, de momentos en los que parece que pierde el miedo e instantes en los que parece que tiene demasiado miedo como para ser. Ven, arrecuéstate en mis brazos, déjame conocerte y sentir como la piel se estremece y bajo esta el alma que espera una caricia y un poco de amor. Sé que su fuego quema, que es como un hechizo del que no se puede escapar. Entre silencios, sonrisas, lágrimas y días que vendrán, no sé si le comienzo a adorar o es que ya le adoro y es más grande de lo que creo. No lo sé y no pretendo saberlo aún, con sus reacciones de adulta, sus risas y expresiones de niña, de mujer que redescubro en cada amanecer y su imagen se queda conmigo cada vez que cae la noche.

~Tal vez esa forma de andar no la olvide jamás, no por lo que es sino lo que es para mí, tanta fuerza, miedo y fuerzas contradictorias que me dominan al verte. Me regocijo en el hecho de apreciarte, del honor de formar parte y ser aparte. De construir en sus ojos un mañana y dejar en su piel las huellas del hoy...

viernes, 18 de mayo de 2012

Aire.

Dame un poco de aire, necesito un respiro, salir de aquí. Estas cuatro paredes comienzan a estrujarme a dañarme la memoria. Ábreme la escotilla que me muero, que me falta el aliento, que las piernas ya no me dan para caminar y la voz ya no me alcanza para gritar. Quiero volver a ese mundo donde las hojas flotan sobre mi cabello, donde hay risa, donde hay vida. El cuarto sombrío es pequeño y mi mente pide a gritos un mejor lugar, mi cuerpo se desvanece en la habitación y mi alma clama por su premio, por lo que ha buscado la vida entera. Busca los sueños que le fueron arrebatados, los instantes que quiso estar presente. Como un niño que llora solo, así llora mi alma cuando no puede salir, cuando se le calla tantas veces, cuando nadie quiere entender. Está herida, cansada de tanto golpe, de tanta lucha sin ganancia, de tanto esfuerzo que al final no se transforma en nada, sino en pajarillos de origami que tienen alas pero no vuelan y se caen al piso y cual si fueran de cristal se rompen en mil pedazos.

Envuélveme en un océano por favor que me arrulle, en el que ya no haya más gritos, donde ya mis lágrimas no caigan sobre los libros de texto en noches interminables, donde haya vida. Vida que me dé fuerzas, que me arrulle, que me haga una creación maravillosa más. Una tarde lluviosa que oculte mis tonos lavados por tanta fricción, por tanto tanto que he debido callar, por cada mañana que el sol no salió en mi cama. Un hogar de agua, un vientre donde poder reposar cada carga que llevo en mi espalda, porque hay que pensar en todo, porque las salidas se cierran y sólo quedan preguntas como nudos atados fuertemente sin posibilidad de desatarse. Porque nada parece avanzar ya, que todo se estancó, que nada continúa o que el esfuerzo no se ve... Como un animal enjaulado, no quiero ponerme violenta, pero es frustración abominable que no cesa de pedir que la saquen, que ya no quiere estar en un cajoncito olvidado del mueble de mi humanidad.

Régalame sueños que se puedan cumplir, entretéjeme una red de luz, de sol, de risas que he dejado de escuchar. Que las palabras no me alcanzan, que la soledad es muda y asesina, que es hija de la tristeza. Ya no quiero ser la que tenga que cambiar y que los otros sean fantasmas que se nutran de mí, quiero bosques de colores en conjunto, donde todos pongan de su parte y no me lo releguen todo. Córtame las cadenas que mis alas sufren y no puedo volar, que una vez blancas ahora son grises, pálidas y se comienzan a caer sus plumas, que ya no quieren volar. Estoy débil, no sé cuanto pueda soportar este aire oscuro, nostálgico y pesado, envasado en barriles con sabor amargo que embriaga y que a ratos sabe bien, pero su resaca afecta más que miles de noches sin sueño.

Píntame un arcoiris porque esto se está poniendo oscuro, que ya no sale el sol, tuvo ganas de irse a dormir y no le aviso a la luna. Que mil tormentas y ríos fluyen a través de mí y los diques se han roto y nadie sabe del estado maltrecho de mi ser. Si vida es pasar pensando qué pasó hoy o qué será la nueva restricción, esto no es vida y no la quiero. Han encadenado cada partícula y mi sensibilidad se ha ido. Parezco estar ausente y ya no quiero luchar... Mete en una pequeña caja todo el amor que existe, embotellado mejor, para tomar un sorbo que cual analgésico me haga olvidar las heridas, el ardor de las mismas y su dolor, que me cure de a pocos y me ayude a reconstruir la escalinata que me lleva al mundo fuera de esa escotilla tan alta...

~No me ilusiones con cosas a millones de años luz, cuando toneladas de historias y de momentos se me vienen encima y ya nada lo puede sostener. Rayando en el borde de la locura se me va el aliento, la voluntad, las ganas de intentar una vez más. Silencio, ¿escuchas? Es el amor que pasa con sus llaves de amatista, que aún no encuentra la llave de mi prisión.